Capítulo 28
Zarek
Me invade una sensación de urgencia, una angustia que me aprieta el pecho como un puño de hierro. Debo de estar soñando.
No recuerdo nada. No hay nada claro en este pantano de sombras. Pero sé que hay algo terrible que debo detener, algo que me espera más allá de esta pesadilla de la que intento escapar desesperadamente. Sin embargo, no encuentro fuerzas para liberarme.
Me siento frágil, como leña seca a merced del viento. Cuanto más me acerco a la luz que me separa de la vigilia, más consciente me vuelvo del… dolor.
Draconos me apuñaló.
Ashka…
Ashka viene a buscarme.
Abro los ojos de golpe y vuelvo en mí de una vez. Un gemido de dolor brota de mi garganta al recuperar la percepción de mi cuerpo.
Unas manos fuertes me obligan a tumbarme de nuevo.
—Zarek, cálmate, amigo.
¿Xerion?
Estoy en una habitación fresca y limpia. Mi habitación. Han acercado una pequeña mesa a la cama. Aún hay en ella vendajes empapados de sangre, cuencos y frascos de medicinas.
—Zarek, todo está bien —dice Xerion con calma—. Estabas herido de gravedad, pero ya estás fuera de peligro. Draconos está muerto. Ahora solo tienes que concentrarte en curarte.
Lo agarro de la chaqueta y tiro de él hacia mí.
—Ashka me está buscando. Tienes que encontrarla…
Xerion abre los ojos con incredulidad. Cree que estoy delirando.
—Nota… —digo mientras siento que la sombra en mi interior extiende sus zarcillos para atraparme de nuevo—. En Draconos… Por favor, ve a buscarla.
Luego, nada. La oscuridad se apodera de mí y me arrastra consigo una vez más, liberándome del dolor, pero hundiéndome en un abismo que apesta a desesperación.