Guardaré tu última sangre 14 Iván
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14 Iván

La berlina de Enrique Zarza paró en la puerta de la catedral. Desde el asiento de atrás el empresario miró por la ventanilla y vio que a esa hora había poca gente en la plaza, nadie conocido ni sospechoso.

—No salgáis del coche, voy solo, vosotros id a dar una vuelta y venid a buscarme en diez minutos.

El conductor y el guardaespaldas que iba a su lado asintieron con la cabeza mientras Enrique recogía el periódico que tenía a su lado en el asiento y abría la puerta.

Ya en la acera se dirigió hacia la entrada de la catedral con decisión y sin mirar a ningún otro lado.

Subió las escaleras y entró por la puerta principal del recinto.

Al cruzarla se paró un instante delante del pasillo central y se persignó mientras agachaba la cabeza.

Después se dirigió lentamente hacia una de las naves laterales.

Se detuvo un instante y miró a la gente que había sentada.

En uno de los bancos había un hombre alto de mediana edad con un traje oscuro.

Fue hacia él y se sentó a su lado sin mirarle ni hacer ningún gesto de saludo.

—¿Qué cojones ha pasado, Iván?

—Un accidente. Ni siquiera empecé a aplicarme fuerte. Tenía poco aguante, cayó redondo a las dos primeras bofetadas.

—¿Cómo que cayó redondo?

—Lo que le digo, debió de ser un infarto o algo parecido. A la segunda que le di perdió el conocimiento y cayó fulminado.

—¿Le diste fuerte?

—En absoluto, he visto a tíos menos corpulentos que él recibir más sin pestañear, tenía que estar enfermo o había tomado algo, vaya usted a saber.

—¿Te dijo algo antes de caerse?

—Nada, insistió en que no tenía ni idea de dónde podía estar el cuadro que había al lado de la foto. Tampoco tuve oportunidad de presionar mucho, ya le digo.

—¡Maldita sea! ¿Te vio alguien entrar o salir?

—Nadie, a esa hora estaban ya todas las luces apagadas y ni un alma en la calle.

—¿Limpiaste bien todo?

—Nada que limpiar, siempre voy con guantes.

—¿Registraste la casa?

—De arriba abajo. Y ni rastro del cuadro que usted busca. Había otros en el sótano que eran del pintor ese que han matado, pero ninguno era el que nos interesa.

—¿Esos cuadros se quedaron allí?

—No, me los llevé todos.

—Pero ¿cómo se te ocurre? —dijo el empresario visiblemente enfadado.

—No iba a llamarle a esa hora para consultarle qué hacer con ellos.

—¿Y dónde están ahora esos cuadros?

—A buen recaudo.

—Sí, pero ¿dónde?

—En un sitio discreto, seguro y apartado que solo conozco yo.

—Iván, no me jodas, dime dónde.

—Esa información no la necesita por ahora.

—Esos cuadros no tienen ningún valor porque en este momento no se pueden vender y tenerlos es un peligro. La policía anda preguntando por ellos.

—Más razón para que no sepa su paradero, así no podrán implicarle.

—¿Qué vas a hacer con ellos?

—Nada, guardarlos y esperar a que pase el tiempo. Digamos que son un seguro de vida y un plan de jubilación a la vez.

Enrique se quedó un rato pensativo mientras grupos de turistas y alguna beata pasaban a su lado. Al poco sacó un bolígrafo y escribió una dirección en una esquina del periódico que dejó a su lado en el banco.

—Dentro hay un sobre. No te lo vayas a dejar aquí. Tiene más de lo acordado si me conseguías el cuadro: la mitad en dólares y la mitad en euros.

—Pero si no lo he encontrado.

—Tómatelo como un adelanto por todo el lote de cuadros que tenía Marcelo.

—Tendría que pensármelo.

—No hay nada que pensar. Como te he dicho, con Marcelo muerto, esos cuadros son invendibles, salvo que tengas contactos.

Llévalos a la dirección que te he escrito en el periódico.

Solo tienes que decir que vas a hacer una entrega, nada más, ellos sabrán de qué se trata y te pagarán en dólares el triple de lo que hay en ese sobre.

Si los llevas habrás hecho el negocio de tu vida y podrás retirarte y vivir como un rey el resto de tus días.

Pero si no apareces atente a las consecuencias y olvídate de mí para siempre, porque esta será la última vez que tengamos contacto.

—Me lo pensaré.

—No tardes mucho, la oferta termina mañana por la noche.

—Entendido. ¿No se queda a que acabe la misa?

—No creo que seamos personas gratas en esta casa.