27 Teo
Ninguno de los dos salía de su asombro después de que Millán Ariza apagara la televisión que había en una de las salas de reuniones de comisaría. Los dos policías se miraron con la sorpresa pintada en la cara.
—¿Jefe, tú sabías algo? —preguntó Teo.
—No, sabía que el profesor Pedraza iba a ir a la televisión, tuvo la delicadeza de avisarme, pero de que él piensa que el cuadro junto al cadáver lo pintó el mismo Palacios es la primera noticia.
—No entiendo nada. ¿Cómo se supone que ha sido la cosa? ¿Palacios tenía un cuadro pintado con la misma ropa que luego llevaba el día en que le matan o se la ponen después de matarlo para hacer la foto y que coincida?
—Ni idea, Teo, no entiendo nada.
—Deberíamos hablar con el profesor Pedraza.
—Tenía que venir a darnos su opinión, lo que no me imaginaba es que antes iba a hacerlo por televisión. Ya nos dirá a qué ha venido esto.
—¿El profe sabe que está pintado con su sangre?
—No, no sabe nada, le dije que estudiara la foto y que esta tarde le daría más datos.
—Menos mal que no se lo dijiste. Esto cada vez se lía más, jefe.
—¿Sabemos algo del galerista? —preguntó Ariza.
—No. Sigue sin aparecer, pero ya está en busca y captura. Estamos barriendo las casas de todos sus amigos y conocidos.
—No me huele nada bien que haya desaparecido ahora.
—¿Crees que puede haber sido él?
—Vete a saber, desde luego tenía motivos, aunque también podrían tenerlos el resto de la pandilla de la universidad, pero es el único que se ha quitado de en medio. Eso desde luego no le ayuda.
—Ni a nosotros —dijo Teo.
—Él tiene más que perder.
—Jefe, de verdad que no entiendo nada de todo esto. Toda esta historia no tiene ningún sentido. ¿Para qué iba Víctor a pintar un cuadro de sí mismo con su sangre?
—Vete tú a saber, alguna chorrada de esas que hacen los artistas para llamar la atención que luego le salió mal, o quizás alguien lo está usando para confundirnos.
—¿Y el constructor qué tendría que ver en todo eso? —preguntó Teo.
—Le veré después de hablar con el profesor. He quedado en que iremos a verle a su casa.
—¿Por qué a su domicilio?
—Para que esté en su ambiente y porque su despacho ya lo conocemos, quiero saber también qué tiene en su casa. Seguro que nos cuenta más en su terreno que si le traemos aquí —dijo Ariza.
—Bien pensado. ¿Qué hacemos ahora?
—Tú sigue buscando a Marcelo, que yo voy a hacer una visita, mientras tanto.
—¿A quién?
—Al cuarto de la pandilla, a Daniel Rincón. Quiero saber cómo iba vestido Víctor antes de que le mataran y eso solo nos lo pueden decir el portero o él.