Guardaré tu última sangre 30 Millán
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30 Millán

El teléfono de la encargada de la galería, que Daniel Rincón le había dado, seguía fuera de cobertura, siempre salía el mismo contestador y ya había dejado los suficientes mensajes para que llamara si los hubiera oído.

O lo había perdido, o se lo habían robado.

Millán ya había desistido de intentarlo cuando la puerta se abrió de golpe para que entrara Teo.

—Marcelo ha desaparecido —dijo Teo nada más cruzar la puerta.

—¿Cómo que ha desaparecido?

—No contesta al teléfono y no hay rastro de él ni en su casa ni en la galería. Tampoco ha aparecido por la Feria de Arte a supervisar la recogida de la exposición.

—¿Qué han hecho con los cuadros y las esculturas?

—Se los ha llevado la policía judicial hasta que todo esto se aclare.

—Lo de que no coja el móvil podría entenderlo, pero que no aparezca a recoger la exposición ya es más raro todavía. Él es el encargado y el responsable.

—Ya, y tampoco le ha visto ningún vecino ni la portera de su edificio, y su coche está en el garaje.

—Nos lo está poniendo fácil, pide una orden de busca y captura.

—Ahora mismo. ¿Qué tal con su ayudante?

—Tiene el móvil desconectado o está fuera de cobertura. Sea lo que sea, no he podido hablar con ella. Pide también un rastreo de su móvil y saca todos los datos que haya de ella —dijo Ariza alargándole una nota de papel.

—Me pongo a ello. Te dejo solo, jefe.

En cuanto Teo salió del despacho, Ariza puso los pies sobre el escritorio y se quedó un rato pensativo mirando al techo hasta que se incorporó, cogió el teléfono y volvió a marcar.