Guardaré tu última sangre 32 Teo
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32 Teo

—Bingo, jefe.

—¿Qué tienes? —dijo el inspector Ariza mirando a su compañero mientras cerraba la puerta de su despacho.

—He estado revisando todos los alumnos de la promoción de Víctor Palacios y, ¿a que no sabes a quién he encontrado? —dijo Teo.

—Sorpréndeme.

—A Daniel Rincón, a Marcelo el galerista y a Elsa, su exmujer. Todos estudiaron la misma carrera, el mismo curso y estaban en la misma clase.

—Curiosa coincidencia.

—Y lo más importante, en la misma pandilla.

—¿Y eso como lo sabes?

—He hablado con otros compañeros de promoción.

—Nunca dejas de sorprenderme, Teo. Buen trabajo.

—Y hay más. Elsa fue novia de Daniel Rincón antes de salir con Víctor.

—Interesante. ¿Tienes los detalles? ¿Las relaciones fueron consecutivas? ¿Hubo infidelidades entre ellos?

—Ni idea, no he conseguido más datos, al parecer era un grupo muy cerrado.

—Así que los cuatro eran amigos y pintores. ¿Quién nos lo iba a decir?

—Si buscábamos a alguien que supiera pintar, que conociera el estilo de Víctor y que tuviera un motivo, ya tenemos a tres —dijo Teo sonriendo orgulloso.

—No tan claro, en principio solo dos tenían un motivo.

Por un lado, el ayudante que le hacía el trabajo siempre a su sombra y que no había conseguido triunfar, y al que además le quitó la novia.

Y por otro lado la exmujer a punto de completar el divorcio y de que cambiara el testamento.

El galerista no parece que tuviera ningún motivo.

—Puede que sí lo tuviera.

—¿Por qué razón iba a querer que desapareciera? Víctor Palacios era una mina de oro.

—Iba a dejarle —dijo Teo muy serio.

—¿Cómo que iba a dejarle?

—Sí, iba a despedirle, ya no iba a seguir trabajando con él o al menos eso me dijo Enrique Zarza el día que fui a verle.

—¿Cómo no me lo dijiste antes?

—En ese momento no me pareció importante.

—Joder, Teo, ¿qué más te dijo?

—Solo eso, y que no había tenido ningún problema con Víctor, se llevaban muy bien y se iban de copas a veces. Lo que no me quedó tan claro fue que Marcelo no los tuviera con él.

—Creo que tenemos que hacerle una segunda visita.

—¿Vamos ahora?

—No, antes quiero hablar con Marcelo de nuevo. Parece ser que había una chica que trabajaba en la galería y de la que no me había hablado. Al final todos los rincones oscuros de esta historia pasan por el galerista.

—¿Qué hacemos entonces?

—Tú vete a por Marcelo y tráetelo mientras yo sigo intentado localizar a la chica, Daniel Rincón me ha dado su número.

—Hecho, jefe, te lo traigo de las orejas.