Guardaré tu última sangre 36 Paula
49%

36 Paula

Con los ojos muy abiertos, miraba fijamente el retrato de su pareja que ella misma le había ayudado a pintar.

El galerista Marcelo Fonseca la observaba a una cierta distancia, respetando la privacidad del momento.

Era el último día de la Feria de Arte Contemporáneo y el pabellón seguía a rebosar con interminables colas de visitantes.

Ya no quedaba ni rastro de la tragedia más allá del hueco donde debía estar la escultura de la cabeza, todo ensombrecido por la historia que se perpetuaba en la mente de todos los que cuchicheaban y se hacían fotos delante de los cuadros.

El trozo de moqueta manchado de sangre había sido sustituido, y un cordón que no estaba el primer día impedía a los visitantes que se acercaran mucho.

Paula se volvió con lágrimas en los ojos y a Marcelo Fonseca no se le ocurrió otra cosa que preguntarle.

—¿Qué te parece?

—Impresionante. A Víctor le habría encantado verlo —respondió Paula.

Él la rodeo con sus brazos intentando darle un consuelo imposible y ella se refugió en las solapas de su chaqueta. Al separarse seguía con los ojos llorosos.

—¿Cómo estás?

—Mal. Ya te puedes imaginar.

—No sé si ha sido buena idea venir.

—Tenía que hacerlo, por Víctor y por mí misma. Han sido muchos meses de trabajo en este proyecto.

—Ya me contaron lo del hospital.

—Fue un mazazo, Marcelo, ya sabes cómo era Víctor, lo llenaba todo. No me imagino ahora la vida sin él.

—Te entiendo; yo, a otro nivel, me siento igual.

—Tú le conocías desde mucho antes que yo.

—Sí, empezamos juntos. Él a pintar y yo a vender.

—Lo sé, él contaba muchas veces historias de la facultad con Daniel, Elsa y contigo. Pero nunca me explicó por qué no seguiste pintando.

—Yo también me lo pregunto, pero las cosas fueron mal en casa y tuve que ponerme a trabajar, empecé ayudando en una galería y allí descubrí que se me daba bien vender. Luego una cosa llevó a la otra.

—Es curioso que solo Daniel y Víctor siguieran pintando. Elsa tampoco siguió.

—Supongo que ya te habrás enterado de lo suyo.

—Sí, ha sido lo peor, me parece que todo es un mal sueño del que voy a despertar en cualquier momento. Alguien tan cercano y a quien Víctor había ayudado tanto. Nunca sabes lo que hay detrás de las personas.

—No, nunca terminas de conocer a alguien. Es increíble —respondió Marcelo.

—Yo no coincidí mucho con ella porque me odiaba, lo noté las pocas veces que estuvimos juntas, así que evitaba ir a sitios donde sabía que me la iba a encontrar.

—Supongo que no debe ser fácil que tu marido te deje por otra más joven.

—Víctor no la dejó por mí. Antes de conocerme ya hubo otras. Acuérdate de cómo nos conocimos. Yo empecé a ayudarle en el estudio cuando ya llevaban un año separados, incluso cuando ya había comenzado a trabajar con él tuvo otras historias antes de lo nuestro.

—Sí, lo sé, pero supongo que tú fuiste la única que cuajó, las demás solo eran aventuras, y al final eso duele más que las historias de una noche.

—Pero me consta que Víctor todavía la ayudaba, incluso económicamente, y que se llevaban bien.

—Sí, es verdad, no entiendo qué le pasó por la cabeza para hacer esa locura.

Paula se quedó callada y los labios le temblaron sin poder articular palabra.

—Perdona, he sido muy insensible, no tenía que haber sacado el tema, pero no me lo puedo quitar de la cabeza —continuó Marcelo.

—Tranquilo, tengo que aprender a vivir con esto.

—Creo que mejor te dejo sola, solo quería darte un abrazo y ponerme a tu disposición para lo que necesites, como no habíamos coincidido ni hablado en todo este tiempo…

—No, no te vayas, no quiero quedarme sola en medio de todo esto. Invítame a un café, me sentará bien.

—Por supuesto, vamos a la cafetería, al ser el último día no habrá mucha gente, parece que están todos aquí.

Marcelo apartó la cinta y, caballerosamente, fue haciendo hueco entre la gente para que pasara Paula. Ella se agarró de su brazo y le siguió mientras los flashes y los murmullos se iban quedando atrás.

—¿Qué va a pasar con esos cuadros? ¿Se han vendido? —pregunto ella.

—Buena pregunta. Si los pudiera vender ya estarían todos vendidos. En este momento tengo lista de espera para comprarlos, el problema es aclarar quién es su propietario legal a partir de la desaparición de Víctor.

—¿No había testamento?

—Sí, lo hay, supongo que la policía ya lo tiene.

—Víctor y yo nunca hablamos de este tema, siempre crees que nunca va a llegar y que no es necesario preparar nada.

—Si no aparece un testamento nuevo, mucho me temo que todo irá a parar a Elsa, porque no habían terminado de divorciarse nunca y supongo que ella será la heredera. Ese es uno de los móviles que parece manejar la policía.

La cafetería estaba desierta, tal y como imaginaba Marcelo. Los dos se sentaron al fondo y esperaron a que se acercara un camarero.

—Un café cortado y lo que quiera la señorita.

—Un café solo con hielo, por favor.

—No sé si es buen o mal momento, pero quiero que sepas que no tienes que preocuparte por temas económicos. Yo me encargaré de que no te falte trabajo —dijo el galerista.

—Gracias, Marcelo, sabía que podía contar contigo.

—Ahora durante un tiempo cerraré la galería, hasta que todo esto pase, pero en cuanto abra de nuevo me gustaría que hicieras una exposición monográfica si decides volver a pintar. No tengo que decirte que cuentas conmigo como galerista y como amigo.

—La verdad es que no lo había pensado todavía, pero me tranquiliza saberlo.

—Creo que eres una gran artista, tu ayuda a Víctor fue fundamental, nadie mejor que yo puede saberlo, lo he ido viendo cuadro a cuadro desde que empezaste a colaborar con él.

—Solo era su ayudante, pero siempre está bien que te reconozcan lo que aportas, aunque para la mayoría eso pase desapercibido.

—Yo sé que no era poco y creo que tienes un gran futuro como artista con tu propia obra.

—Muchas gracias, de verdad, te tomaré la palabra. Me da mucha pena no saber qué va a pasar con esos cuadros y las esculturas. Sobre todo, porque ya no habrá más trabajos con Víctor.

—Intentaré que no se vendan a particulares, que vayan a museos, pero eso depende de si Elsa es al final la propietaria, la situación legal en la que se quede y lo que ella quiera hacer.

—¿Y un museo o una fundación que solo cuente con la obra de Víctor?

—Ya lo he pensado. Eso sería lo ideal, pero es lo menos rentable porque habría que renunciar a venderlos, aunque si Elsa termina en la cárcel, como todo indica, tampoco le va a hacer mucha falta el dinero.

No sé, todo esto son especulaciones, es pronto para saberlo. Hay que esperar a que todo se aclare.

—Sí, ya imagino —dijo Paula mirando como el camarero les traía los cafés.

—¿Estás sola en casa? ¿Hay alguien contigo?

—Estaba un amigo de fuera que había venido unos días, pero se ha ido esta mañana. Quizá me vaya una temporada a casa de mis padres.

—Te vendrá bien.

—No dejo de pensar en que los cuadros puedan acabar siendo de Elsa. Se me revuelve el estómago solo de pensarlo —dijo Paula.

—Será un camino largo, pero si no hay herederos que indemnizar ella solo tendrá que pagar con cárcel por el homicidio, nada más. Quizá deberías buscar un abogado y personarte en la causa, tanto como pareja de hecho como damnificada laboralmente.

—No lo había pensado.

—Pues piénsalo, hay mucho dinero en juego y todo está en el aire.

—Gracias por el consejo, y sobre todo gracias por la oferta de ser mi galerista, había muchos proyectos con Víctor que se podrían recuperar, al menos en parte.

—Pues deja que pase un tiempo, para que todo el panorama se aclare, y nos sentamos y lo vemos. Y si mientras necesitas dinero, o lo que sea, escríbeme al correo de siempre, el teléfono lo tengo casi siempre desconectado.

—Muchas gracias, Marcelo, te tomo la palabra.