44 Ramiro
—Te quiero.
—Y yo a ti.
—Pero yo te quiero como te he querido siempre.
—¿Cómo me has querido siempre?
—Ya lo sabes, como un hombre quiere a una mujer.
—Pero Ramiro, ¿todavía con eso?
—Estas cosas no caducan, Paula.
—Pensaba que lo habíamos aclarado hacía tiempo.
—Así es, yo siempre te he dejado bien claro que estaba enamorado de ti.
Paula se encogió todavía más en su sofá bajo la manta.
—Ramiro, acabo de salir del hospital, no llevo ni media hora en mi casa después de dos días, han matado a mi novio, estoy hasta arriba de tranquilizantes, ¿te parece el mejor momento para sacar el tema?
—Es el mejor momento, Paula. Vuelves a ser una mujer libre y no vas a encontrar a nadie que te quiera ni te cuide como yo.
—Lo sé, me lo has demostrado siempre y más estos días estando a mi lado, pero eso no es lo único que cuenta en una pareja.
—Con el tiempo es lo único, Paula.
—Con el tiempo, tú lo has dicho, pero somos muy jóvenes los dos.
—Víctor no te convenía, se aprovechaba de ti. Te usaba profesional y personalmente, y lo peor es que no te lo reconocía.
—A su manera lo hacía, Víctor no era muy expresivo, pero me valoraba.
—Te valoraba y por eso te usaba. Tú le hacías casi todo el trabajo y él se llevaba todo el mérito.
—Ramiro, no puedo hablar de esto ahora. No puedo hablar de esto ni de nada, no tengo fuerzas. Me voy a ir a la cama.
—Solo dime una cosa.
—¿Qué quieres saber?
—Quiero saber si crees que puedo tener alguna oportunidad cuando cicatricen las heridas.
—No me hagas esto, Ramiro. ¿No te das cuenta de lo que acaba de pasar?
—Me doy perfecta cuenta, ha sido un horror, pero créeme que al final será bueno para ti.
—¿Cómo puedes decir eso? Ha muerto una persona.
—Y lo siento, pero eso no cambia que estarás mejor tarde o temprano.
—Me voy a la cama.
—No me has contestado.
—Ni pienso hacerlo.
—¿Por qué me llamaste?
—Me apetecía verte, había pasado una temporada durísima, estaba agotada con todo el trabajo previo a la exposición y necesitaba un amigo cerca, alguien que no me hablara de arte, alguien en quien confiar. ¿Te parece que hice mal?
—Tú sabías lo que siento por ti.
—Y tú sabías que yo te quiero mucho como amigo, pero solo eso.
—Si llamas a alguien que te quiere y le pides verle, eso significa algo.
—Eso no significa nada más que lo que te dije, me apetecía verte como amigos, sin más historias.
—Las palabras siempre van más allá de su significado según las circunstancias.
—Ramiro, no puedo más —dijo Paula levantándose del sofá y dirigiéndose a su dormitorio—. Mañana seguiremos esta conversación.
—Mañana cuando te levantes es posible que no me encuentres aquí.
—Eres muy libre, Ramiro, eres muy libre. Lo siento, pero de verdad que no me quedan fuerzas ni para pensar ni para nada, y menos algo tan fuera de lugar como esto. Buenas noches.
Ramiro se quedó callado en el sofá mientras miraba cómo Paula se alejaba, llevándose la manta sobre sus hombros, como si así se protegiera de la lluvia, el frío o cualquier otra inclemencia que le cayera encima.