49 Paula
En un hospital, la diferencia entre planta y urgencias es la cara de los acompañantes.
Junto a las ambulancias el rictus general es de angustia y tensión, mientras que en las habitaciones y los pasillos las caras son de desánimo y desesperación por el aburrimiento forzado.
La gente no puede hacer otra cosa que sentarse o andar por los pasillos como gatos enjaulados, mirándose los unos a los otros con la intención de compartir el abatimiento y la frustración de estar allí atrapados.
—Buenos días, señor Saldaña.
—Buenos días, Ramiro. ¿Cómo está tu amiga?
—Mal, el médico nos aconsejó que le contáramos todo lo que había pasado mientras está aquí, mejor que hablarlo en casa, y eso hice.
—¿Cómo se lo ha tomado?
—Fatal, imagínese.
—¿Ha recuperado la memoria?
—Algo, la va recuperando poco a poco.
—¿Cuándo le dan el alta?
—Creo que mañana.
—¿Sabe que yo venía hoy a hablar con ella?
—Sí, está al tanto, lo entiende y sabe que, aunque sea doloroso, eso puede ayudar.
—Pues vamos al lío.
Paula ya no estaba en urgencias, ahora estaba en una habitación de la cuarta planta y, afortunadamente, no había ningún otro paciente en la habitación. Solo estaban Ramiro, Teo y ella, con los ojos enrojecidos, ojeras y gesto abatido.
—Buenos días, señorita Bravo, soy el subinspector Teodoro Saldaña, creo que Ramiro ya le ha puesto al día.
—Sí, señor, ya me lo han contado todo, pero no me lo puedo creer. Es espantoso. No lo entiendo.
—Estas cosas nunca tienen lógica.
—¿Cómo puede haber gente así?
—Lo encontraremos, pero para ello nos sería muy útil hacerle unas preguntas.
—Sí, me lo imagino, y puede contar con toda mi ayuda.
—Me dijeron que no recordaba algunas cosas.
—Ahora mismo todo es un poco borroso, pero ya voy recordando algo; no se preocupe, que haré un esfuerzo.
El policía cogió una silla y se sentó junto a la cama mientras Ramiro se quedaba de pie al otro lado. Sacó su libreta y un bolígrafo y fue pasando hojas hasta encontrar una en blanco.
—¿Cuándo fue la última vez que vio en persona a Víctor?
—Dos días antes de la inauguración, estuve en su estudio trabajando con él hasta tarde para que todo estuviera a su gusto para la exposición.
—¿Y al día siguiente no se vieron?
—No, acabé destrozada, los cuadros ya estaban terminados y al día siguiente los recogían. Víctor tenía que ir a revisar el montaje y luego trabajar con Daniel, y yo tenía a Ramiro en casa, había venido a pasar unos días y no le había podido dedicar nada de tiempo.
—Y tampoco estuvo en la inauguración.
—Afortunadamente. No habría podido soportarlo. Solo de imaginarlo…
Paula se escondió la cara entre las manos y empezó a llorar desconsoladamente. Teo se quedó callado sin saber qué hacer y Ramiro le puso una mano en el hombro.
—¿Quiere que lo dejemos?
—No, está bien —dijo Paula entre hipos—, perdóneme, subinspector, todavía no consigo hacerme a la idea, ha sido algo tan monstruoso que me resulta imposible de aceptar.
—Lo entiendo, pero como dice Ramiro, si quiere podemos seguir en otro momento.
—No, no, sigamos.
—Le había preguntado por el día de la inauguración y por qué no estuvo.
—Sí, pensaba acercarme un rato, pero llevaba dos días con una jaqueca terrible y no me encontraba con fuerzas. Además, en los días de inauguración Víctor no está para nadie, así que pensé que no me echaría de menos.
—Sé que lo que le voy a preguntar resulta muy comprometido, pero le aseguro que no nos condicionará para nada, solo como una información más.
—¿De qué se trata?
—¿Había alguien que tuviera algún problema con su novio?
—No que yo sepa. Víctor tenía un carácter muy especial, pero no era mala persona, no creo que hubiera nadie que quisiera hacerle daño y menos una salvajada como esa.
—¿Nadie que hubiera discutido con él recientemente?
—Bueno, ahora que lo pienso, creo que hubo algún problema con un coleccionista de arte, pero no creo que fuera nada grave, y desde luego es impensable que tuviera alguna relación con lo que ha pasado.
—¿Quién era el coleccionista?
—No lo sé muy bien, pero debía de ser alguien importante porque me dijo que ya tenía varios cuadros suyos.
—¿Y qué ocurrió exactamente?
—No lo sé, Víctor solo lo mencionó de pasada.
—¿Cuándo ocurrió eso?
—Hace un par de semanas.
—¿Y en este tiempo no volvió a hablar del tema?
—No, en ningún momento, y de verdad que no creo que tenga ninguna relación, pero como me ha preguntado por algún conflicto, ese es el único que recuerdo.
—¿Sabe dónde se vieron Víctor y el coleccionista?
—Nunca habló con él directamente.
—¿No?
—No, todo fue a través de Marcelo Fonseca, su galerista.