Guardaré tu última sangre 52 Teo
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52 Teo

—Vaya cara que traes.

El subinspector Saldaña se quedó apoyado en el quicio de la puerta.

—Jefe, no me toques los cojones. ¿Qué cara voy a traer? Anoche acabé a las mil con el papeleo. Bastante lío es ya un homicidio de alguien famoso para encima tener un robo de obras de arte. ¿Sabes cuántos departamentos participan y a cuánta gente hay que informar?

—Me lo imagino, pero no me lo cuentes. ¿Sabes tú a quién llaman los jefes de todos esos departamentos? ¿Y los jefes de esos jefes?

—Me lo imagino, pero no me lo cuentes —respondió Teo.

—Venga, entra y siéntate, que hoy va a ser un día complicado.

—¿Peor que el de ayer? Lo dudo.

—¿Avisaste a los de aduanas?

—Sí, fue lo primero que hice. Ya tienen el aviso por los cuadros y su tamaño, pero me piden fotos, y Daniel no tenía. Me hizo una descripción de cómo era alguno de ellos, pero no de todos; ya sabes que él trabajaba con las esculturas, era la novia la que le ayudaba con los cuadros.

—Vete a verla.

—Pero si no recuerda nada, ni siquiera sé si ya le han contado lo que ha pasado.

—Me da igual, vuelve al hospital y si no se lo han contado se lo cuentas tú. No podemos andarnos ahora con delicadezas, pregúntale si tiene fotos de los cuadros y, si no, que te haga una descripción lo más detallada posible de cada uno de ellos.

—Vale, jefe, tú mandas.

—Entérate también de las personas que ella y Víctor veían más a menudo, y si había alguien con quien hubiera tenido problemas.

—A ver qué recuerda, pero lo intentaré.

—¿Sabemos algo de las grabaciones de las cámaras del barrio?

—Nada nuevo, siguen con el visionado, pero no creo que tarden mucho en encontrar algo, ahora es más fácil. Se trata de localizar a alguien con un bulto con forma de alfombra enrollada bajo el brazo.

—¿Últimas llamadas, mensajes y correos?

—Los de informática tienen el portátil que había en el estudio. El móvil no aparece, así que hemos pedido a su compañía un desglose de llamadas y mensajes. Lo que haya lo tendremos hoy.

—Manda a todos los agentes que puedas al barrio. Que pregunten vecino por vecino y comercio por comercio.

—Ya están haciéndolo desde ayer, jefe.

—Mientras tú vas a ver a la novia del pintor al hospital, yo me voy a ver al galerista para contarle lo del robo y que esté atento. Si alguien quiere comprar o vender, es muy probable que termine enterándose.

—Muy bien, jefe. ¿Algo más?

—Solo una duda —dijo Ariza.

—¿Cuál?

—¿Cómo puedes ser tan bueno en el curro y tan desastre en tu vida personal?

—Que te den —dijo Teo cerrando la puerta.