54 Paula
Abrió los ojos y miró a su alrededor con expresión de extrañeza. Solo vio las paredes blancas de una habitación desconocida y a su amigo Ramiro sentado mirándola fijamente.
—¿Dónde estoy?
—Estás en el hospital.
—Ramiro, ¿qué ha pasado? —preguntó confundida.
—Te llamaron por teléfono, tuviste una crisis nerviosa y perdiste el conocimiento.
—¿Quién me llamó?
—No lo sé, no me lo dijiste.
—¿Y qué pasó para que tuviera una crisis?
—¿No recuerdas la conversación telefónica?
—No. Lo último que recuerdo es que estábamos en casa viendo la tele tú y yo. ¿Como he llegado aquí? ¿Estoy bien, me pasa algo malo?
—Estás bien, tranquila.
—Entonces, ¿por qué estoy en un hospital?
—Ya te lo he dicho, perdiste el conocimiento por una crisis nerviosa.
—Pero ¿cómo fue? No recuerdo nada.
Ramiro se quedó callado durante unos instantes.
—No lo sé, los médicos dicen que puede ser por un exceso de tensión o cansancio, quizá el estrés y el trabajo de preparar la exposición.
—¿Qué tal ha ido la inauguración? ¿Sabe Víctor que estoy aquí?
—Todo ha ido muy bien, ahora tienes que descansar. Si te parece te apago la luz e intentas dormir.
—Sí, la verdad es que se me cierran los ojos, estoy muy cansada.
—Te vendrá bien dormir.
—¿Te vas?
—No, tranquila, me quedo contigo esta noche. Mientras tú duermes voy a aprovechar para cenar algo y ahora subo.
—Qué bueno eres conmigo.
—Tú te mereces todo, cielo.
Ramiro apagó la luz y la arropó. Le dio un beso en la frente y salió al pasillo cerrando la puerta tras de sí. Una vez fuera, rebuscó en los bolsillos hasta que encontró una tarjeta, sacó su móvil, marcó y esperó a que lo cogieran.
—¿Señor Saldaña? Soy Ramiro, hablamos esta mañana en el hospital, soy el amigo de Paula Bravo. Sí, se acaba de despertar, pero no sé qué hacer. No recuerda nada de lo sucedido.