Grim y Oro (Lightlark 4.5) Capítulo 13. Amigos
21%

Capítulo 13. Amigos

—M íralas. Arrojándose a sus brazos. Como si su familia no fuera responsable de la muerte de miles de los nuestros.

Enya pone los ojos en blanco y bebe un buen trago. Me fulmina con la mirada.

—Nunca te perdonaré que le hayas soltado.

Miente.

—Yo tampoco —dice Zed enfurruñado—. Aunque solo sea porque nos está haciendo la vida imposible a los demás.

Zed se refiere concretamente a que ahora es imposible llevarse a una mujer a casa. Porque la mayoría parece empeñada en meterse en la cama del nightshade.

Está sentado en un rincón del bar de Juniper, sosteniendo una bebida que el cantinero ha creado especialmente para él.

Las mujeres rodean la mesa tratando de entablar conversa ción.

Se fijan en mí cuando me acerco. Me doy cuenta de cómo me miran.

Con avidez. Igual que miran a Grimshaw. Algunas me hablan, pero se retiran a toda prisa cuando me siento junto al nightshade.

—¿No te interesa alguna? —me pregunta en tono de guasa antes de trincarse un buen trago de su bebida.

—No, si están interesadas en ti. —Mi silla cruje cuando me recuesto contra el respaldo—. Dudo de su criterio.

Suelta una carcajada.

—En ese caso, me parece que tienes proscritas a la mayoría de las mujeres disponibles de esta isla.

Frunzo el ceño asqueado al tiempo que bebo un sorbo de mi bebida.

—Ya. Tú solo duermes una vez con cada una. Qué generoso por tu parte prodigarte así.

Se encoge de hombros.

—Me considero altruista y caritativo.

—Y modesto.

—¿Cómo he podido olvidarlo?

Han pasado años desde que le dejé salir de la mazmorra. Se mudó al castillo —para gran consternación de sus ocu pantes— y luego, al poco…, no hizo gran cosa. Se pasó se manas encerrado en sus aposentos. Al final me compadecí de él y lo llevé a nuestro bar favorito.

Apenas lo ha abandonado desde entonces, y mis amigos me maldicen por ello.

—¿Y qué? —dice Grim en tono indolente—. ¿Te apuntas a un duelo mañana?

Le dije que podía usar las salas de entrenamiento, y ahora las frecuenta más que yo. Finalmente empezamos a batirnos en duelo, para practicar, y se ha convertido en una costumbre.

Echo un vistazo a los vasos vacíos que tiene delante.

—Siempre y cuando no acabes vomitando en la arena…

Grim me da una palmadita en la espalda.

—Ay, Oro, no soy yo el que no es capaz de retener el contenido de su estómago.

Una vez cometí el error de aceptar el desafío de Grim de medirme con él en un concurso de comer carne y acabé vomitando en la alcantarilla. Sucedió hace al menos un año y no permite que lo olvide.

—Muy bien. Mañana, pues. —Dejo mi vaso en la barra y me dispongo a volver a mi mesa, pero me detiene. Su expresión se torna seria.

—Tengo que decirte una cosa.

Vuelvo a acomodarme en la silla. Siempre hay ojos pendientes de nosotros, pero reina un gran jaleo en el bar: vasos que entrechocan, clientes que aúllan y ríen. Espero.

—Tu hermano tiene una aventura.

Fuera lo que fuese lo que esperaba oírle decir, no era eso.

—¿De qué hablas?

Egan lleva años prometido a Aurora. Nunca pondría en peligro su compromiso.

Grim habla con voz firme.

—Se está acostando con otra gobernante.

Me quedo de piedra y luego sacudo la cabeza para despejarla. ¿Le habré oído mal?

—¿Cómo lo sabes? —le pregunto.

Se acerca para mirarme a los ojos.

—Puedo hacerme invisible. ¿Sabes cuántas cosas veo?

La mayoría son cosas que no quiero ver, no te equivoques.

—Se interrumpe para apurar su bebida—. Eso, de hecho, se lo oí decir al cantinero.

No quería contarte nada hasta haber lo confirmado.

—Hace una mueca—. Y lo hice. La información resultó ser muy fiable.

Dice la verdad. Me arrellano en la silla, estupefacto.

—Es… Es…

—Podría ser un mal asunto —prosigue en tono desenfa dado a la vez que tamborilea con los dedos contra el borde de la mesa—. Pensé que debías saberlo.

Años atrás, la idea de que Grimshaw me contara algo sin segundas intenciones… La idea de estar dispuesto a creerle, al margen de mi don…

La idea de darle las gracias por nada…

Todo eso habría sido inconcebible. Las cosas han cambiado. Ahora lo considero… casi un amigo.

Casi.

—Gracias —le digo antes de levantarme—. Nos vemos mañana.

Me quedo en Juniper hasta que mis amigos quieren marcharse. Solo cuando nos separamos busco a mi hermano. Está en la sala de estrategia, como de costumbre. A pesar de que la noche ya está avanzada. Su rostro se ilumina cuando me ve. Me pide por gestos que me siente.

—Deberías estar durmiendo —me dice.

—Tú también.

Suspira.

—Los reyes no duermen, ¿no te lo han dicho? —Su gesto alegre se esfuma cuando bosteza—. A veces me pregunto si sería ese el motivo de su mal humor. De padre. La falta de descanso.

Me quedo ahí sentado, mirándolo. Como si pudiera arrancarle la verdad sin pronunciar una sola palabra. Pero no puedo, así que al final le pregunto:

—¿Te estás acostando con Violet?

Ella es la otra gobernante con la que le he visto socializar, aparte de Aurora. Aunque es raro. En teoría, Violet es la mejor amiga de Aurora.

Esto no se lo esperaba. Abre la boca. La cierra.

—¿Qué…?

—¿Sí? —insisto.

Me mira entornando los ojos.

—No.

«Verdad». Empiezo a dudar de la información de Grim. Pero entonces se me ocurre otra pregunta.

—¿La amas?

Esta vez titubea. Veo girar sus engranajes mentales, como si se estuviera preguntando de dónde sale esa pregunta. Niega con la cabeza.

—No.

Me aferro al borde de la mesa cuando me desplomo hacia delante. La furia se apodera de mí al instante. Una descarga de emoción que llevaba años sin sentir.

—¿Me mientes? ¿A mí?

Él no conoce mi don. Nunca le he hablado de él. Nunca lo ha adivinado. Pestañea con expresión sorprendida. Puede que no quisiera mentir. Es posible que no conozca sus propios sentimientos.

Le tiembla la barbilla.

—Le tengo cariño, pero yo no…

Agacho la cabeza y me pellizco el puente de la nariz.

—Egan, estás prometido.

Me responde con rabia.

—¿Te crees que no lo sé?

Levanto la cabeza para mirarlo con incredulidad.

—Eres el rey. ¡Cada una de tus decisiones afecta a otras personas! ¿No fue eso lo que me dijiste?

Me sostiene la mirada un momento. Ojos de color ámbar, rebosantes de fuego. Él es el primero en desviar la mirada. Hun de los hombros, como si hubiera renunciado a defenderse.

—No tengo la menor intención de poner fin a mi compromiso —dice en dirección a la mesa.

—¿Y tampoco de casarte? —le pregunto. Lleva años posponiendo la boda. La isla todavía se está recuperando. De momento no hay rumores al respecto, por lo que yo sé, pero los habrá si sigue retrasando el momento—. Aurora está enamorada de ti. Y es impredecible.

Ella ha tomado buenas decisiones para su reino, como arrasar por completo el bosque de la Medianoche, un proceso que duró varios años. Pero también es famosa por ocultar los progresos sociales de su pueblo. Y por restringir el acceso a su isla.

Yo no soy rey. No tengo autoridad sobre el monarca. Pero también soy su hermano, así que le doy una orden.

—O te casas con Aurora o anulas el compromiso. Decídete.

Evita mirarme a los ojos cuando me marcho.