Capítulo 50
El audio de Aimara entró a las cinco y doce de la madrugada, justo cuando Darian cerraba la puerta de su casa con tres inquiokupas perrunos y la cara de quien empieza a sospechar que vincularse a mí iba a exigirle más logística de la prevista.
Estoy bien. Estoy con Samael. Abaddon no me hizo nada; resulta que tengo un cuñado con el que a Patri seguro le apetecería un trenecito. Necesitamos una reunión de emergencia con todos. Nos vemos en Vetusta en un rato.
Lo escuché tres veces.
Después la llamé, porque necesitaba comprobar que no era un audio manipulado.
Contestó al primer tono, me juró que conservaba todos sus recuerdos y me soltó un resumen atropellado de un secuestro, dos hermanos demoníacos, un padre celestial bastante cabrón y un cuñado con problemas graves de socialización.
Antes de colgar preguntó por los perros.
Le dije que estaban a salvo, y ella se rio, alegando que no esperaba menos, cuando le conté cómo me hice con ellos.
Dormir quedó descartado, que tampoco era muy viable.
Tenía un vínculo vampírico recién estrenado latiéndome debajo de la piel, a Artyom vigilando un pasillo vacío, a Zeus Alejandro meando la pata del sofá, justo donde Lulú se había tumbado, para marcar territorio nuevo, y a un asesino suelto.
El descanso es para gente con una vida menos ambiciosa.
A las siete y cuarto estábamos todos alrededor de la mesa de reuniones de Vetusta. La plantilla no llegaría hasta las nueve y el edificio tenía ese silencio de los sitios donde todavía no ha sonado ningún teléfono.
Darian me puso un café delante y yo se lo agradecí con una sonrisa.
Aimara entró la última, agotada y entera, con la manicura intacta, porque así era ella, y el alma hecha jirones. La abracé antes de dejarla sentarse y nuestras amigas se sumaron.
—Cálmense, chicas, que estoy bien.
— Callate y dejanos comprobarlo.
Samael ocupó la silla de al lado con la calma engañosa del que se ha pasado la noche pegándose con la familia.
Sandra se sentó junto a Ciarán. Patri quedó entre Rómulo y Remo, y me pareció ver la sombra de unos mordiscos en su cuello.
Estaba claro que aquellos hombres no eran unos sobrenaturales sin más; eran los nuestros.
Abrí a Pinky, lo conecté al proyector, saqué el mate del bolso y me puse en pie con el puntero láser. Sí, me había dado tiempo a preparar un PowerPoint.
— Allora . Vamos a hacer un brainstorming .
—¿Un qué? —preguntó Rómulo.
—Una tormenta de ideas —tradujo Patri.
—Un demonio, dos lobos, un vampiro y un dragón encerrados en una editorial a las siete de la mañana. ¿Qué puede salir mal? —respondió él.
—Que sigas hablando —contestó su hermano.
Pasé la diapositiva a «Qué sabemos» y fui directa a la pizarra, porque necesitaba tomar notas de ello con el rotulador.
—Aimara, empezá vos.
Aimara resumió lo ocurrido anoche para terminar con un:
—Abaddon no es el asesino. Estuvo en Lumen y vio algo, y el muy desgraciado considera que resolverle el crimen a otro le arruina la diversión. Nos mandó a revisar la Corte Oscura a través de Ciarán, que tiene mejor acceso.
—¿Y hay que creerle? —preguntó Sandra en dirección a Samael.
—No. Cuando miente, lo hace contando solo la parte que más daño puede hacer, aunque también podría decir la verdad.
—Qué descanso tenerlo de hermano —murmuró Patri.
—Mucho peor que el tuyo, interrumpiendo nuestro ritual con un
bate, dónde vas a parar —bromeó Rómulo por lo bajo, besándole el cuello.
Aimara cogió una tostada y le dio un mordisco.
Escribí «Corte Oscura», pasando por alto el dato del enlace; ya tendríamos tiempo de hablar con Patri sobre ello. Miré a Darian cuando se hizo con el turno de palabra.
—Las víctimas no fueron elegidas por leer a Aimara —dijo—. Las cuatro habían tenido contacto real, íntimo o afectivo, con un sobrenatural a través de Umbral. Alguien sabía con quién y lo que había pasado entre ellos.
—¿Podrían haberles leído la mente? —pregunté con el recuerdo de los últimos acontecimientos todavía fresco.
—Podrían, sobre todo a los humanos…
Asentí y tracé un círculo alrededor de la palabra vampiro con un interrogante.
Remo apoyó los antebrazos en la mesa.
—En los sitios por los que pasó no había un olor desconocido. Había ausencia de olor, ni humano ni sobrenatural, cero datos. Y las sustancias que usó para debilitar a ambas especies no se obtienen en el Mercadona. Yo descartaría a un humano.
—Llamadme loco —intervino Rómulo—, pero ¿polvo de hadas para Elena?
Una pizca coloca a un sobrenatural cuyo organismo es mucho superior; la cantidad que usaron lo manda a bailar con sus antepasados.
Es la coca de los sobrenaturales, así que Elena murió por sobredosis, por no hablar de los conocimientos de lo que hace el polvo de hierro a los fae .
Quien hace esto tiene medios y sabe exactamente cuánto necesita.
Patri llevaba un rato con el boli entre los dientes. Se lo sacó.
— Illo , mis dibujos también dicen algo. No cogió cualquiera. Todas eran escenas de intimidad. Bocas, mordidas, manos, vínculos. Encuadres cerrados. A quien hace esto no le molesta que muera gente, hermana. Le molesta que os toquen.
Escribí «mezcla entre especies» y el rotulador chirrió en la última letra.
—Los objetos vienen de cajas, ediciones y envíos distintos —seguí—. El punto común no es el almacén, es el fandom . Y todos los libros conducen a Aimara, quizá porque sus historias abrieron la veda y consiguieron que miles de humanos empezaran a desearos.
—Y conocía los eventos, los horarios y las escenas antes que casi nadie —añadió Sandra—. Yo soy del gremio y me entero de un cambio de fecha tres días tarde. Eso es un hacker o alguien de dentro.
—O alguien acostumbrado a pasar por trabajador sin que nadie lo mire dos veces —dijo Samael—. Abaddon señaló la fiesta por algo, y sabemos que el asesino estuvo allí.
—¿Podría ser un camarero? Recordad el ex de Mara… La chica que murió con Darian estuvo en un bar, Mara en un hotel, a Salas le ofrecieron agua y en la fiesta… —callé.
—Había más de cincuenta —comentó Ciarán—.
Bien visto, Nina. Me ocuparé hoy mismo de averiguar lo que sea que pueda aportar la Corte Oscura.
Las cuatro Casas se reúnen para presentar sus respetos a Caedmon.
Nuestros funerales se extienden durante días y pasado mañana se celebra el último homenaje interespecies .
—¿Una fiesta? —preguntó Sandra.
—Una celebración conmemorativa.
—El after del funeral —carraspeé, alucinada.
—No es un after .
—¿Habrá alcohol? —seguí.
Ciarán apretó la mandíbula.
—Sí.
—Entonces es un after con orejas puntiagudas.
Rómulo soltó una carcajada. Remo escondió la sonrisa detrás de la taza.
—Los asesinos acuden a esta clase de actos —continuó Samael, ignorándolos con una elegancia que ya quisiera Beatriz—. Si detrás de esto hay un sobrenatural, tendremos la ocasión de darle caza.
Miré la pizarra. Umbral. Intimidad. Fandom . Sustancias. Ausencia de olor. ¿Vampiro? Corte Oscura.
— Dejame entender bien esto. No mata por los libros —recapitulé—. Castiga a quien cruza la frontera entre especies y después convierte esa relación en una monstruosidad para demostrar que nunca debió existir.
Aimara recorrió la mesa con la mirada.
— Verga , tiene todo el sentido del mundo que las siguientes seamos nosotras.
—Que lo intente —dijo Rómulo, arremangándose.
Su hermano giró la cabeza.
—No era una invitación, hombre.
La mano de Darian se apoyó en el respaldo de mi silla.
—Hasta que sepamos más, ninguna de vosotras se queda sola.
— Pará , Pátula. No necesito niñera, solo una estaca bien afilada.
—El Consejo ya ha intentado borrar a dos. Podrás indignarte cuando tenga garantizado que mañana seguirás recordando que eres mi mujer.
Me ajusté las gafas y no contesté, porque no encontré nada que no sonara idiota o enamorada. Que últimamente venía a ser lo mismo.
—¿Su mujer? —Sandra parpadeó—. ¿Sin boda y despedida de soltera? ¡Ah, no! Eso sí que no.
—Lo celebraremos después —comenté—. Algo íntimo…
—Y con mucho alcohol —añadió Patri—. Nosotros también nos hemos vinculado y Mateo nos pilló anudados, pero eso ya os lo contaré.
Sandra miró de soslayo a Ciarán y los ojos del fae refulgieron.
El teléfono de Aimara vibró sobre la mesa. Número largo, feo, institucional.
—¿Javi?
—¿Estás bien? —la voz salió áspera por el altavoz.
—Estoy bien. ¿Y tú?
—Dos costillas fisuradas, mantengo mis recuerdos y estoy vivo, no puedo pedir más. Dale de mi parte las gracias a Samael.
—Espera, que pongo el manos libres, estamos todos en la editorial jugando al Cluedo para cazar al asesino.
—No te llamaba solo para ver cómo estás. Estoy en la misma planta que el ex de Mara. Lo vi al salir al pasillo y… Ha despertado.
Se levantó tan deprisa que la silla golpeó la pared.
—¿Está consciente?
—Ya lo creo. Me colé y hablé un rato con él. Le dije que me han apartado del caso y eso lo tranquilizó bastante. Dice que hay algo que no le contó a Nina y que ha recordado.
Agarré el bolso.
— Decile que voy para allá sin perder tiempo.
—Yo voy contigo —dijo Darian—. Después os contamos.
Daría con ese maldito asesino antes de que él aniquilara nuestra felicidad, palabra de Nina Goffi.