Gracias a Booktok (Booktok 2) Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

—¡Así es, bella , esa es la actitud! ¡Siempre en ojo alegre, nunca enojo alegre!

—Os quiero, me voy corriendo a la ducha.

—Vale, pero mantennos informadas —pidió Nina.

Les lancé un beso.

El móvil vibró en cuanto colgué.

Contestó con tres signos de exclamación y un corazón morado.

Cincuenta minutos de pelo y maquillaje, escuchando en bucle La Reina , de Lola Índigo, para empoderarme y entrar en situación.

Debo decir que me salió a la primera, lo cual, después del día que llevaba, me pareció una señal cósmica.

Repasé los labios de un rojo que en varias comunidades autónomas podría pertenecer al color de su bandera y me calcé unos tacones que, arrojados con precisión, se considerarían arma blanca.

Cuando salí al pasillo, él estaba dándole unas carantoñas a Lluna.

Traje negro con apliques plateados en las solapas y el chaleco, camisa negra, el pelo todavía húmedo. Su mirada bajó desde mi cara hasta la abertura del vestido y volvió con bastante menos serenidad de la que había traído.

—¿Adónde vas?

—A la recepción de Lumen.

—¿Perdón?

—Me invitaron, ¿no te lo dije? Tanto sexo debe haber matado alguna de mis neuronas.

—No has firmado.

—Sigo invitada. Fíjate qué cosa tan moderna: una mujer puede entrar en una fiesta sin pertenecer todavía a nadie.

Soltó una exhalación que me encendió todavía más por dentro.

—Preferiría que no fueras.

—Y yo preferiría que tú no fueras con la mujer que intentó calcinarme colgada de tu brazo, pero ya ves… Parece que esta noche ninguno de los dos va a conseguir lo que quiere.

Cruzó la distancia hasta quedarse delante de mí. No me tocó. Se le fue un segundo de más a mi boca.

—No me malinterpretes, sabes que Elowen me importa entre cero y nada; lo que me preocupa es que no podré estar contigo durante el acto ni tampoco protegerte.

—No necesito tu protección.

—Ese vestido…

La yema de su dedo recorrió la cara interna del muslo.

—Tiene tela suficiente, Dracaris. Lo he comprobado.

—Pues yo creo que no; a mí se me hace difícil pensar.

Lo peor de la naturaleza fae era que convertía una frase así en una bomba nuclear, porque no podía decirla sin que fuera verdad.

Sonreí, y me costó más de lo que me habría gustado.

—Pues imagina lo que es trabajar sabiendo que el tío con el que acabas de acostarte va a hacerse fotos con su futura mujer. Tengo una noche estupenda por delante y, aun así, voy a pasármelo bien. Deberías aprender.

Le pasé por delante y cogí el bolso.

—Puedo pedir que te lleven.

—Soy autosuficiente. Nos vemos allí, señor Ashveil.

No intentó detenerme.

🧚🏻🧙🏻‍♀️🧛🏻🐺

Lumen había convertido el vestíbulo en una mezcla entre estreno de plataforma, gala literaria y santuario de gente capaz de decir sinergia sin morir por dentro.

Barra iluminada, cámaras, doscientos y pico invitados, marcas con sus puestecitos listas para hacer regalos y wifi suficiente para hundir un barrio.

Sue me encontró antes de que llegara a la mesa de acreditaciones. Traje negro con detalles morados, la melena blanca y negra recogida en una coleta alta y un auricular en la oreja izquierda.

Parecía una guardaespaldas gótica, aunque, conociéndola, seguro que estaba recopilando información para su podcast .

—¡Has venido! —Me abrazó y se separó para mirarme—. Madre mía. ¿Esto qué es?

—Esto es una decisión.

—Esto es una declaración de guerra con tirantes finos.

Necesitaba ese abrazo más que la copa, y mira que necesitaba la copa.

Recogí la acreditación.

—¿Aquí dónde se bebe?

—Has dado con la mujer indicada, querida.

Me trajo una, no pregunté qué llevaba; seguro que la precedía algún nombre imposible. Me empujó hacia el photocall y, a partir de ahí, la noche hizo lo que hacen las noches cuando decides no esconderte.

Una creadora a la que conocía de cuatro eventos me abrazó gritando.

Otra a la que Sue me presentó con la coletilla de próximo fichaje estrella me pidió una foto juntas.

Un tipo de una plataforma me preguntó si tenía representación, y cuando le dije que estaba en ello se le puso una cara muy interesante.

Para cuando terminaron las fotografías tenía a seis personas alrededor y me estaba riendo a carcajadas de una anécdota sobre colaboraciones pagadas.

Lo vi entrar. Cruzó el vestíbulo hacia el grupo del fondo, donde había un hombre de pelo plateado más oscuro que el suyo y una mujer con un vestido color vino.

Antes de llegar, me localizó entre doscientas personas en dos segundos, como si supiera exactamente en qué punto de la sala estaba yo desde que había pisado la puerta.

Tras una de sus miradas dracónicas, siguió caminando.

Elowen se agarró a su brazo y buscó el origen de aquella mirada. La sonrisa no se le movió y apartó sus ojos de disgusto, igual que si se hubiese topado con una mancha. Los dedos se le cerraron sobre la manga. Él no se apartó.

La teoría ya la conocía. Verla puesta en escena fue otra cosa. Y encima aquella mujer le había dejado la pata coja a mi perra.

—Respira —dijo Sue a mi lado.

—Estoy respirando.

—Estás respirando con el pánico de una primera clase de running .

—Entonces dame alcohol.

—¿Por qué está aquí tu jefe? —Cabeceó hacia él.

—Porque puede que me haya pasado toda la noche y parte de hoy follando en su cama.

—Mierda.

—Concretamente.

—Voy a por otra copa.

Y entonces se acercó él.

Era Caedmon Morcant, el hombre que me vio lanzar un huevo al calvo sin despeinarse.

—Sandra. —Me tendió la mano—. Me alegra que hayas venido. Estás preciosa.

—Gracias. Esta fiesta es bastante decente.

Él rio.

—Porque la organiza gente competente. Yo me limito a aparecer y a agradecerlo frente a un micrófono.

Sue me pasó la copa.

—Buenas noches, señor Morcant. Un fiestón, como siempre. Os dejo, que tengo una crisis con el guardarropa. —Y antes de irse me guiñó un ojo con una discreción que no engañó a nadie, incluida yo.

Caedmon esperó a que se alejara sin añadir nada.

—Quería decirte algo, y prefiero decirlo aquí antes que por correo.

Me estremecí por dentro.

«Ahora viene cuando te dice que por culpa de tu rajada del viernes ya puedes olvidarte del contrato».

—No pasa nada por que aplazaras la firma.

No tengo prisa y me gustan las personas que revisan las cosas diez veces para estar seguras de sus decisiones.

Tómate el tiempo que necesites, consúltalo con quien te dé confianza y vuelve cuando lo tengas claro.

Un contrato firmado con dudas es un contrato que se rompe con facilidad.

Lo dijo bien. Educado, tranquilo, sin una sola presión, y por eso me puso los pelos de punta, porque en cuatro años en esto nadie me había ofrecido tiempo sin querer nada a cambio.

Miré de refilón hacia el fondo de la sala.

Ciarán tenía la cabeza inclinada hacia su prometida y Elowen le estaba diciendo algo al oído. Alguien les hizo una fotografía. Ella colocó la barbilla en el ángulo exacto.

Todos ellos avanzaban según el programa previsto. Cada uno con su fecha, su alianza y su sitio.

Y yo llevaba una tarde entera decidiendo si me quedaba en casa.

—Ya está decidido —dije—, perdón por lo de la otra tarde, ya no tengo duda alguna.

Caedmon levantó una ceja.

—¿Y cuál es tu decisión?

—El lunes, a primera hora, tendrás el contrato firmado encima de tu mesa.

—Me alegra mucho tu decisión, eres un gran premio para nosotros; sobre todo, para mí.

Me sostuvo la mirada un segundo más de lo que resultaba cómodo; después, me tomó la mano para besármela y alzó su copa.

—Bienvenida a Lumen. —El cristal de la suya chocó con la mía—. ¿Te apetece bailar?

Acepté confesando que tenía dos pies izquierdos, pero a él no le importó.

Tres piezas musicales más tarde, después de conseguir que Ciarán apenas pudiera quitarme la vista de encima, le di las gracias al anfitrión y salí a tomar aire a la terraza.

Necesitaba algo de frescor.

Caedmon se marchó para saludar a más gente y yo cogí una copa de una bandeja y me bebí media de golpe, sin saber muy bien si acababa de tomar la mejor decisión de mi carrera o de firmar un contrato para que a mi casero le pagaran la boda.

Un hombre muy alto, de ojos verdes, con un traje negro sin corbata y dos mechas rojas cruzándole el pelo oscuro, llamó mi atención antes de salir.

No hablaba con nadie. La gente reducía el paso al pasar cerca de él sin darse cuenta de que lo hacía.

Sostenía una copa que no se estaba bebiendo y se dedicaba a mirar.

Una de las influencers que Sue me había presentado como futura compañera de agencia me vio admirarlo.

—Está buenísimo y encima es multimillonario.

—¿Quién es?

—Se hace llamar Bad, el chico malo de la industria audiovisual. Se rumorea que tiene más dinero que Elon Musk, solo que no quiere que lo sepa Forbes . —Se encogió de hombros—. ¡Quién lo pillara!

Volví a mirar hacia Ciarán. Elowen seguía agarrada a su brazo y Caedmon saludaba a una mujer que me daba la espalda.

Después miré otra vez hacia el pilar.

El hombre de las mechas rojas miraba en dirección a los ascensores; quizá tuviera ganas de montarse en uno y desaparecer.

Salí al exterior.

Eran las once menos veinte y aquella fiesta todavía tenía la desfachatez de parecerme una buena idea. Claro que yo aún no sabía lo que iba a ocurrir unos minutos después.