BONES
Una hora después, ambos estamos duchados y vestidos, y bajo con Emma en brazos las escaleras del club.
La sala principal está en su caos habitual.
Maggie está en los fogones preparando lo que huele a sus famosos bizcochos con salsa de carne.
Duck sirve café. Media docena de hermanos están repartidos alrededor de la larga mesa del comedor, con los platos llenos de comida y la conversación animada.
Esto es la vida de un MC. Desayunos comunitarios, espacio compartido, familia. Joder, cuánto lo echaba de menos.
Siento a Emma en su silla de ruedas y la acerco a la mesa. Ginger aparece de inmediato con un plato.
—Bizcochos con salsa, huevos revueltos y beicon —anuncia—. Maggie dice que estás demasiado flaca.
—He sido primera bailarina casi toda mi vida —protesta Emma—. Pues claro que estoy delgada.
—Exacto. Por eso tienes que comer —Ginger deja el plato delante de Emma—. Para coger fuerzas. Órdenes del médico. Bueno, órdenes de Maggie. Viene a ser lo mismo.
Cojo mi plato y me siento junto a Emma, lo bastante cerca para poder tocarle la pierna buena. Al otro lado de la mesa, Axel le da trocitos de plátano a Rose mientras Poppy intenta beber café y leer algo en el móvil a la vez.
—¿Has dormido bien? —me pregunta Axel.
—Todo lo que podía esperar. ¿Y tú?
—Rose se despertó tres veces: algún tipo de regresión del sueño o un estirón, qué sé yo. Funciono a base de cafeína y mala hostia —mira a su hija, que se está embadurnando la cara de plátano con alegre determinación—. Pero es tan mona que la perdono.
—Esa es la trampa —dice Duck desde el otro extremo de la mesa—. Son adorables de bebés para que no los abandones en el bosque cuando se hacen adolescentes.
Emma se ríe, y me encanta verla relajarse en medio del caos, encajando de nuevo como si nunca se hubiera ido.
Saco sus pastillas de la mañana y se las doy con un vaso de zumo de naranja.
—Tómate esto.
—Mandón.
—Y a mucha honra. Ahora haz lo que dijo el médico y tómate las pastillas. Con comida.
Pone mala cara pero se traga las pastillas y les da caza con un buen bocado de beicon.
—¿Contento? —pregunta con la boca llena.
—Radiante.
Kya se deja caer en el asiento más cercano a Emma.
—Bueno. La Navidad en julio se puso rara ayer.
—Es una forma de decirlo —responde Emma.
—¿Cómo lo llevas? Lo de Summit —Kya baja la voz—. Sé que la última vez...
—Estoy bien —Emma alarga la mano y aprieta la de Kya—. De verdad. Esta vez es diferente. La última vez fue un golpe que no vi venir. Estaba sola y muerta de miedo, y no entendía por qué pasaba. Pero ahora sé a qué nos enfrentamos, y estoy rodeada de gente que puede hacer algo de verdad.
—Y tanto que podemos, joder —dice Tank desde el otro lado de la mesa—. Esos cabrones de Summit van a aprender lo que pasa cuando te metes con Stoneheart después de que les dejamos largarse por las buenas.
—Esa boca —dice Andi automáticamente, aunque sus hijos no están en la sala.
—Perdón. Esos imbéciles de Summit van a aprender...
—Mejor.
La puerta se abre y entra Josie, con el pelo y el maquillaje impecables, pantalones perfectamente planchados y americana, a pesar de que acaban de dar las siete de la mañana. Stone aparece a su lado al instante, le coge el bolso y le saca una silla.
—¿Café? —pregunta él.
—Por favor.
Cruzo la mirada con Emma y está intentando no sonreír. Todo el mundo está intentando no sonreír, la verdad. Stone y Josie no son nada sutiles.
—Muy bien —dice Stone cuando Josie ya tiene su café y su plato—. Hablemos de negocios. Reunión en quince minutos. Oficiales y todo el que esté metido en este asunto.
Me mira al decirlo, y asiento. Estoy metido en esto.
Ginger aparece al instante junto a Emma.
—Nosotras nos encargamos de ella. No te preocupes.
—Sí —añade Maggie—. Desayuno de chicas. Nos pintaremos las uñas, cotillearemos, lo de siempre.
—¿Sabes qué? —Emma sonríe—. Eso suena bastante bien.
—Pues decidido —Maggie le da palmaditas en la cabeza como si fuera una cría y Emma se ríe.
Me inclino y le beso la sien a Emma.
—¿Estarás bien un rato?
—Estoy genial. Ve a lo tuyo.
—Vale. No la dejéis sola —digo, mirando a Ginger y a Maggie—. Es muy bribona. Intentará hacer algún giro de ballet con el pie bueno en cuanto os descuidéis.
Emma pone los ojos en blanco, pero tiene ese brillo divertido en la mirada que me encoge el pecho.
—No soy tan mala —murmura, aunque los dos sabemos que sí: siempre forzando la máquina, incluso con el tobillo hecho polvo.
Ginger bufa.
—Mira quién habla, la que se escapó del club con neumonía para pillar un tren a la ciudad y hacer un flashmob con sus amigos.
—Mereció la pena al cien por cien —dice Emma.
Pero Maggie se limita a mover los dedos de un lado a otro. —Te tenemos vigilada, bailarina.
Dentro de la capilla, Stone toma asiento a la cabecera de la mesa, serio al instante. Tank, Hawk, Mack, Cash y Axel ocupan los lugares a su alrededor. Josie se sienta a la derecha de Stone con una pila de carpetas. Ocupo la silla vacía junto a Axel.
—Muy bien —comienza Stone—. Recapitulemos dónde estamos.
Hace dieciocho meses, Summit Development intentó meterse en Stoneheart.
Nos opusimos. Les plantamos cara, y ellos subieron la apuesta.
Nosotros también. Con fuerza. Han estado en silencio desde que les dimos una paliza, y pensamos...
esperábamos... que habían terminado. Pero está claro que no.
—Esta vez son más listos —dice Tank—. Más sutiles.
—Exactamente. —Stone me mira—. Bones, cuéntanos qué has encontrado.
Saco mi portátil y lo abro en los archivos que compilé anoche. —Carolina Properties Group empezó a comprar casas en el barrio del lado este hace tres meses. En apariencia, parecen legítimos: negocio registrado, contratos limpios, todo en regla. Pero si escarbas un poco...
Giro el portátil para que todos vean la pantalla. —Carolina Properties pertenece a una sociedad holding llamada Piedmont Development Partners. Que pertenece a otra empresa llamada Southeast Regional Investments. Que pertenece...
—A Summit Development —completa Hawk.
—Hay unos cuantos pasos más de por medio, pero sí. Todo lleva a Summit. —Abro otro archivo—. Enterraron bien la conexión, seguramente esperando que nadie atara cabos. Pero el rastro documental está ahí si sabes dónde mirar.
—¿Cómo lo encontraste? —pregunta Axel, echándose hacia delante.
—Empecé por las escrituras de propiedad y fui tirando del hilo hasta encontrar a Summit, muchas capas más abajo, registrada como accionista principal en las declaraciones fiscales de Southeast Regional.
—Intentaron ocultar su implicación —dice Stone despacio—. Pero no lo bastante bien. ¿Y la parte legal? —Se vuelve hacia Josie.
—Los contratos están limpios —admite Josie—. He revisado los que nos enseñó Erica. Contratos de compraventa estándar, por encima del valor de mercado más una prima sustancial, ayuda con los gastos de mudanza. No hay nada ilegal en ofrecer comprar la casa de alguien por más de lo que vale.
—¿Aunque los presiones cuando dicen que no? —pregunta Hawk.
—Eso es más difícil de probar. Erica dice que la presionan ofreciéndole más dinero, más ventajas. La única amenaza ha sido un plazo para decidir o la oferta se retira.
—Yo a eso lo llamaría amenaza —dice Tank, con la ceja temblándole—. La mayoría de nuestra gente no puede hacer las maletas y largarse de un día para otro, aunque les pongan dinero delante.
—Se están cebando con el lado este por algo —dice Axel, cruzándose de brazos.
—Los vecinos de allí son casi todos gente de toda la vida. Gente que no quiere irse pero no tiene los medios ni el respaldo para defender sus casas. Summit cree que cederán si los aprietan.
—Y algunos lo harán —dice Cash en voz baja—, sobre todo después del año pasado.
La gente recuerda cuando se quemó Devil's.
Recuerdan el acoso y las amenazas. Y hasta ahora hemos ido ganando.
La comunidad nos ha apoyado. Pero ¿cuánto aguantarán?
¿Cuánto hasta que se rindan, cojan el dinero y pasen página?
El silencio se instala un momento. Nadie lo dice, pero todos pensamos lo mismo: la gente está agotada, y Summit sabe exactamente cómo exprimirles hasta la última gota de voluntad. Cada oferta por una casa en el lado este es una apuesta a que Stoneheart está a punto de quebrarse.
—Entonces, ¿qué pretenden? —pregunta Mack—. ¿Por qué volver al lado este? Si quisieran liarla otra vez, hay objetivos más fáciles.
Tamborileo con los dedos sobre la mesa mientras miro el cursor que parpadea en mi pantalla. —Sí, pero recordad para quién trabaja Summit, cuál era su plan original cuando empezaron a levantar la carretera para ampliar los túneles del alcantarillado.
—Una ruta para el tráfico de drogas —interviene Axel, acariciándose la barba—. ¿Crees que han encontrado otra manera?
—Creo que el cártel sigue queriendo que su dinero y su mercancía circulen entre aquí y Charlotte.
Las nuevas obras en las carreteras, los nuevos negocios inmobiliarios...
puede que perdieran el túnel, pero si son dueños de la mitad de las casas del corredor, no lo necesitan.
Usan el barrio como nueva vía de distribución.
—Montan un almacén o meten a un inquilino de confianza —dice Hawk, pillándolo al vuelo—, sacan camiones por las puertas de atrás y nadie se entera de nada.
—O le dan la vuelta a toda la manzana con un cambio de zonificación, levantan un complejo de uso mixto, y de repente son dueños del terreno más valioso de Stoneheart.
Todo legal. Todo limpio —dice Stone, con voz neutra pero cortante como una cuchilla—.
Compraron al poli que quemó Devil's la última vez. Ahora están comprando el pueblo.
La sala queda en silencio mientras todos asimilamos lo que eso significa.
—Entonces, ¿qué hacemos nosotros? —pregunta Tank por fin—. Porque si lo están haciendo todo legal, no podemos simplemente...