Gorila Capítulo 36
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Capítulo 36

P aco y su conductor permanecían dentro del coche, con la vista fija en la entrada de La Florida.

De pronto, las puertas se abrieron de golpe y una riada de personas irrumpió en la acera.

Corrían despavoridas, algunas llorando, otras gritando, muchas empujándose entre sí.

Unos tropezaban y caían, mientras otros miraban hacia atrás con el rostro desencajado, como si temieran que alguien los persiguiera.

Desde el interior de la discoteca llegaban gritos y el estruendo de la música, ahora mezclados con el ruido de los cristales rotos y el golpe de las puertas al abrirse y cerrarse sin control.

Paco permaneció inmóvil, atónito, observando la escena.

El conductor esbozó una sonrisa torcida y lo miró de reojo.

—Jefe... la noche se pone interesante.