Capítulo 29
D evan aparcó el escúter junto al edificio. Él y Sandra bajaron de inmediato y entraron en el portal.
A unos cincuenta metros de allí, José y los suyos detuvieron el coche sin apagar el motor.
Sacó el teléfono y llamó a su padre.
—Los tenemos, papá. Devan acaba de entrar en el edificio con una chica. Está muy buena, la verdad. Por lo que hemos averiguado, trabaja en el Platoon Burger del centro comercial. Creo que ella también está metida en esto.
Al otro lado de la línea apenas hubo un instante de silencio.
—Acaba con los dos y recupera lo que robaron.
José colgó sin responder.
Se volvió hacia los hombres que lo acompañaban.
—Vosotros quedaos aquí. No salgáis del coche.
Los dos asintieron.
José abrió la guantera, sacó una pistola y comprobó el cargador con un movimiento automático. Después ocultó el arma bajo la chaqueta, cerró la puerta del vehículo y se dirigió hacia el edificio con paso firme.
Mientras tanto, Sandra y Devan ya habían llegado al rellano del apartamento.
Ella le pasó la caja de la pizza .
—Toma un momento.
Con la otra mano sacó las llaves del bolsillo, encontró la correcta y la introdujo en la cerradura.
Nada más entrar, Sandra recibió una puñalada a la altura del corazón, que resultó mortal. Al mismo tiempo, Devan fue sorprendido por la espalda y cayó al suelo tras un fuerte impacto en la cabeza.
Mateo y sus hombres habían ido allí por Sandra, así que apenas prestaron atención al hombre moreno que la acompañaba. Lo registraron con rapidez, buscando cualquier indicio que lo relacionara con el robo de la mercancía.
No lo mataron al pensar que no había tenido nada que ver con el robo, ya que había entrado con la pizza en la mano y en su monedero leyeron su tarjeta de identificación de repartidor a domicilio.
Escucharon ruido de pisadas procedentes de las escaleras: alguien subía en dirección a ellos.
De repente, José apareció en la entrada del apartamento con la pistola preparada.
No llegó a dar un solo paso más.
Los hombres de Carlos, que estaban alerta y esperaban cualquier movimiento, reaccionaron de inmediato. En cuanto asomó por la puerta, se abalanzaron sobre él y lo golpearon hasta dejarlo inconsciente en el suelo.
Al acercarse y ver quién era, comprendieron la verdad.
Las piezas encajaron.
Mateo sacó el teléfono y llamó a Carlos para informarle de lo ocurrido.
—Ya lo tenemos confirmado —dijo—. José fue quien eliminó a Antonio y se llevó la mercancía. Y, encima, se creía intocable. Había pedido una pizza para cenar tranquilamente con su novia y el padre de ella.
—Escúchame bien, Mateo. Coged la bolsa y salid de ahí inmediatamente.
En ese momento, los gritos de los vecinos comenzaron a escucharse en los descansillos. El ruido de puertas abriéndose y voces alarmadas les indicó que no tenían tiempo que perder.
Tras colgar la llamada, cogieron la bolsa y abandonaron el apartamento a toda prisa.
Desde el interior del coche, los compañeros de José observaron con sorpresa cómo varios miembros del grupo rival salían del portal con una abultada bolsa deportiva.
No entendían qué estaba ocurriendo. ¿Dónde estaba José? ¿Qué le habría pasado?
Sin pensarlo dos veces, bajaron del vehículo y se precipitaron hacia el interior del edificio. Una vez dentro, subieron a toda prisa por las escaleras.
En el apartamento encontraron a José tumbado junto a Devan, a la chica en medio de un baño de sangre y a otra persona mayor, presumiblemente también muerta.
Al escuchar a los vecinos hablar de que iban a llamar a la policía, huyeron despavoridos escaleras abajo.