Capítulo 26
E n el centro comercial, uno de los empleados de Paco levantó la tapa del contenedor con cuidado y alumbró el fondo con la linterna de su teléfono móvil.
En cuanto el aire del interior escapó, el hombre apartó ligeramente el rostro, incapaz de evitar la reacción ante el olor que desprendía.
José se acercó y se asomó también al interior.
No necesitó más que unos segundos para comprender lo ocurrido.
—Joder...
Se apartó de inmediato.
—Ciérralo.
El hombre bajó la tapa rápidamente.
José sacó el teléfono móvil y marcó el número de su padre.
—Sí, papá. Lo hemos encontrado. Está muerto... y es uno de los hombres de Carlos.
Escuchó en silencio la respuesta al otro lado de la línea.
Su expresión cambió.
La mandíbula se le tensó.
—Entendido.
Permaneció callado durante unos segundos.
—Lo encontraremos.
Colgó.
Paco había sido claro desde el principio.
Si conseguían la mercancía antes que Carlos, se quedarían con ella.
Y, para él, solo había una persona con los conocimientos, la oportunidad y la sangre fría necesarias para hacer desaparecer la mercancía sin dejar ningún rastro.
Devan.
José salió del callejón y regresó a la zona de aparcamiento del centro comercial.
Allí encontró a dos repartidores sentados sobre sus escúteres, descansando mientras esperaban nuevos pedidos. La noche seguía su curso con normalidad.
José se acercó. Y dijo sin más:
—Necesito encontrar a Devan.
Los dos jóvenes se miraron entre ellos.
Uno negó con la cabeza.
—No sé quién es.
El otro, en cambio, sonrió al escuchar el nombre.
—Yo sí.
Se apoyó despreocupadamente sobre el manillar de su escúter.
—Un tío con suerte.
José frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
El repartidor soltó una pequeña risa.
—Que llega nuevo, sin conocer a nadie, y de repente acaba saliendo con la chica de Platoon Burger. El otro día incluso le dejé un casco para que pudiera llevarla en su escúter.
Hizo un gesto con la cabeza hacia el restaurante.
—Es la camarera guapa que trabaja ahí. Pero esta noche no los he visto a ninguno de los dos.
José permaneció serio.
—¿Sabes dónde puedo encontrarlo?
Hizo una breve pausa, buscando una excusa convincente.
—Tengo que darle un recado urgente de su familia. Su madre está hospitalizada y necesitan localizarlo.
El repartidor frunció ligeramente el ceño mientras pensaba.
—No estoy seguro.
Se encogió de hombros.
—Aunque quizá esté en casa de ella.
José lo miró fijamente.
—¿Por qué?
El joven sonrió con cierta picardía.
—Porque la última vez que los vi fue hace unas horas y estaban bastante juntos.
Soltó una pequeña carcajada ante su propia insinuación.
—Además, iban en dirección a su casa. O eso parecía por el camino que tomaron.
José mantuvo la mirada fija en él.
—¿Sabes dónde vive ella?
El repartidor asintió lentamente.
—Sí. Una vez la llevé hasta allí. Estaba lloviendo a mares y no tenía cómo volver. Es un sitio un poco complicado para llegar.
Tras escuchar la dirección, José dio la conversación por terminada. Ya tenía la información que buscaba.