Capítulo 3
L a mujer repasó detenidamente los documentos que tenía delante. Sentada al otro lado de la mesa, con una carpeta abierta y un bolígrafo entre los dedos, comprobaba cada dato mientras Devan permanecía en silencio, con las manos entrelazadas sobre las piernas.
—Nombre completo: Devan Rajaratnam Kumaran —leyó en voz alta—. Refugiado. Originario de Sri Lanka.
Hizo una breve pausa antes de continuar. Sus ojos se detuvieron en una línea escrita en inglés.
— Displaced by the civil war that faced ethnic Sinhalese against minority Tamil for years .
Levantó la vista hacia él y tradujo despacio:
—Desplazado por la guerra civil que enfrentó a la mayoría cingalesa contra la minoría tamil durante años.
Después volvió a mirar el documento.
— Is this correct?
Devan asintió con calma.
—Todo correcto, señora. Muchas gracias. Hablo español.
La mujer parpadeó, sorprendida. Intercambió una mirada con la otra trabajadora de la Cruz Roja que estaba a su lado. Ambas habían esperado encontrar a alguien que apenas pudiera comunicarse, no a un recién llegado capaz de desenvolverse en español.
—Vaya... —dijo finalmente la entrevistadora con una sonrisa—. ¿Cómo es que has aprendido nuestro idioma?
Por primera vez durante la entrevista, el rostro serio de Devan se relajó ligeramente. Esbozó una sonrisa tenue, cargada de un recuerdo lejano.
—Un sacerdote jesuita español vivía en mi pueblo —respondió con un marcado acento extranjero—. Era un hombre diferente a los demás. Enseñó español a muchos niños. Decía que conocer otros idiomas era una forma de abrir una puerta al mundo.
La mujer sonrió al escuchar aquella respuesta, aunque percibió algo en la mirada de Devan que iba más allá de la simple nostalgia. Había dolor en sus ojos al hablar del pasado, pero también una serenidad difícil de explicar.
Sin hacer más preguntas, la trabajadora social volvió a concentrarse en los trámites. Firmó varios documentos, estampó los sellos correspondientes y organizó la carpeta.
—Bien, Devan. Ya está todo en orden. Puedes acudir a un centro de acogida para refugiados. Allí tendrás alojamiento temporal, comida y asistencia mientras se estudia tu situación.
Deslizó los papeles hacia él.
—Será un primer paso para empezar de nuevo.
Devan recogió los documentos con cuidado y asintió agradecido.
Para los empleados administrativos que colaboraban con la Cruz Roja, aquellos papeles solo eran un expediente más. Para él, representaban una nueva vida lejos de la guerra, de la violencia y de un pasado que todavía llevaba consigo.