Goran (Matrimonios de la mafia nº 1) Capítulo 34 #3
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Capítulo 34 #3

—¿Suficiente?

—Va bene —jadeó ella.

—Y ahora, ¿hemos terminado?

No, no… no quería que acabara así. Lo miró por encima del hombro, fulminándolo.

—No, no has terminado.

Esta vez el golpe fue con la mano, y después de dárselo, su mano quedó ahí, sobre la rojiza piel. La acarició con delicadeza al principio, y después apretó los cachetes con fuerza.

—¿Te he dicho lo caliente que me pone tu culo?

Esas palabras dichas con tanto sentimiento la llevaban a pensamientos que aún no estaba dispuesta a explorar.

—¿No vas a meterte ahí? —le preguntó esta vez sin mirarle.

—Hoy no, pero te aseguro que pronto.

—Ya veremos. —Se rio ella.

Como castigo, le dio otro golpe en el culo.

—Lo veremos pronto, pero ahora… me confirmo con esta visión.

Ella se revolvió, subiendo más el trasero.

—Yo no puedo conformarme con que me mires —suplicó—. Fóllame, Savic.

—Tus deseos son órdenes, esposa.

Escuchó el cinturón caer al suelo, entonces la mano de Savic se puso contra la parte baja de su espalda y la empujó, hasta que ella cayó sobre la cama, con los brazos y las piernas abiertas.

Ladeó la cabeza para verle mejor de reojo. No pudo ver el espectáculo que era su marido, desnudo. Le dobló las rodillas y tiró de ella hasta que su cuerpo se arrastró por el colchón, haciendo que su sexo quedara exactamente al borde de la cama alta.

—Savic…

—Tranquila, voy a darte exactamente lo que quieres. Voy a llenarte del todo —dijo relamiéndose—. ¿Preparada?

Lizia gimoteó, deseosa de sentirlo de nuevo enterrada en ella.

El grito cortó el aire cuando su miembro entró repentinamente, llenándola, provocándole una sacudida que auguraba una oleada nueva de orgasmos.

Lizia notó su longitud y grosor, mordió la sábana para acallar el grito que empujaba su garganta.

Sintió su vagina ensancharse, acomodándose a la invasión.

Pero antes de que pudiera hacerlo, Savic salió hasta casi la punta y volvió a empujar.

—¿Cómo se siente? —preguntó sin aliento—. ¡Estás tan estrecha!

—Bien —dijo apenas con un hilo de voz.

Cuando Savic agarró su trasero y lo masajeó, aún con su polla dentro, ella empezó a retorcerse.

—Quiero verte la cara.

Eso podía concedérselo, pensó Savic. Le dio la vuelta y cayó sobre ella con rapidez. La miró a los ojos mientras volvió a entrar en ella.

—Me siento tan bien dentro de ti.

Ella sonrió.

—Yo también. —Lo besó con suavidad, pero cuando sus labios se desplazaron hacia su oreja, gruñó—. Házmelo duro.

Savic no necesitó que le dijera más. Empujó las caderas, con un ritmo frenético. Escuchó que se reía con fuerza y supo que el paraíso debía ser algo así. Pujando dentro de su esposa, con su risa, con la calidez de su cuerpo que golpeaba contra el suyo al borde del éxtasis.

La cama empezó a golpear la pared, en alguna parte se escuchó un crujido que ambos ignoraron.

—Más… ¡Más fuerte!

Se perdió en ella ante sus órdenes claras y directas.

Una mano se metió entre sus cuerpos para deslizarse por su abdomen hasta encontrar el clítoris.

Lo pellizcó y Lizia gritó cuando un orgasmo devastador la recorrió, haciéndola arder por todas partes.

Savic no necesitó más que ver el placer en los ojos de su mujer para dejarse llevar.

Las vívidas sensaciones los recorrieron a ambos durante los siguientes segundos, mientras sus cuerpos aún empujaban el uno contra el otro, haciendo crujir el cabecero de la cama.

Lizia se quedó aturdida sobre el colchón, mientras que Savic salió del interior de su cuerpo, perezoso, dejando sus fluidos en ella. Cuando Lizia lo miró, recostado a su lado, cerró las piernas, aun sintiendo cómo sus fluidos se escapaban de su cuerpo, recorriendo su sexo hasta empapar el colchón.

—Ha sido…

Savic la miró, acariciándole el rostro. Ambos sonrieron mientras se besaban en un roce lento de lenguas.

Al separarse, Lizia soltó una risa incontrolable.

—¿Qué he sido?

—Un dios —gimió estirando de nuevo las piernas, hasta que se puso de costado y subió una para abrazarle la cintura—. Nunca pensé que disfrutaría tanto de tus perversiones.

—Mmmm… esposa. Por supuesto que disfrutarás de todo lo que hagamos juntos.

Se dejó abrazar, sintiendo el beso cálido de Savic en su sien.

—Por supuesto.

Unos minutos después, Savic se revolvió inquieto y Lizia se apartó, pensando que se retorcía porque no quería un contacto tan… afectivo, después del sexo, pero se equivocaba.

La tumbó de espaldas, empujándola con dulzura, y se situó de nuevo entre sus piernas.

—Goran… —jadeó ella sorprendida.

Él rozó la punta de la nariz con la suya.

—Has venido para joderme la vida.

—No entiendo a qué te re… refieres —jadeó al sentir la punta de su miembro, de nuevo en su entrada.

—Pues que no me sacio de ti. Necesito estar de nuevo dentro.

Ella dio un pequeño grito al notar la invasión, pero no era ni mucho menos un grito de protesta. Se sintió colmada y él empezó a moverse, a un ritmo prudente, hasta que ella pidió más. Esta vez cuando se corrieron, Lizia rio contra su boca.

—Es un placer joderte la vida, Savic.

—Lo mismo digo, супруга.