Goran (Matrimonios de la mafia nº 1) Capítulo 32 #3
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Capítulo 32 #3

—Tendré que darte unos azotes.

Ella ondeó las caderas, y cuando le liberó el labio, asintió con energía.

—Me gustaría —gimió mientras su rostro se teñía del rubor de la excitación.

Él la miró entrecerrando los ojos.

—Es un castigo, Lizia. Se supone que no debes disfrutar de ello más que yo.

Se humedeció los labios.

—Te prometo no disfrutar más que tú.

Savic metió un segundo dedo y ella se echó hacia atrás.

—¿Podrás cumplir tu promesa?

Ella gimió con fuerza, sin importarle que, tras la puerta del despacho, la secretaria de su marido y la recepcionista pudieran estar escuchando.

—Sí, la cumpliré.

—Bien.

Con la otra mano libre le abrió más las piernas y se situó entre ellas, haciéndola avanzar hasta el borde de la mesa. Lizia se meneó, buscando su contacto. El cristal bajo su trasero se empapó de su humedad.

—Yo voy a ser el único que te satisfaga.

Ella asintió, y un gemido agudo hizo que palpitara con más fuerza.

—Dilo —le exigió Goran.

—Nadie más que tú va a satisfacerme —sus gemidos aumentaron de intensidad mientras se restregaba contra su mano—. ¡Ah! Dios… ¡Sí!

Se aferró a él con desesperación mientras el pulgar jugueteaba con su clítoris.

Lizia dejó de abrazarle en el momento en que sus movimientos se hicieron más rápidos y precisos, se echó hacia atrás sobre la mesa, y apoyó sus codos mirando el espectáculo que era Goran dándole placer. Pero no era suficiente, ella quería más, quería tenerlo dentro.

—No seas, así —le suplicó—, vamos. Te pediré perdón.

Savic supo lo que quería cuando las manos volaron a su cinturón. Pero la apartó de un manotazo.

—Suplicarás esta noche, esposa —le dijo curvando los dedos que tenía en su interior hacia arriba—. Me encargaré de ello.

—¡Savic!

Se tumbó sobre la mesa por completo y cerró los ojos dejándose llevar por las caricias experimentadas del lobo de Belgrado.

Iba a explorar en cualquier momento.

—¡Goran! Por favor, te lo ruego.

Para desesperación de Lizia, su esposo sacó los dedos de su interior, y dejó de acariciar su clítoris. Pensó que se estaba vengando de ella, pero enseguida sonrió con lujuria, agarrándola por las caderas y tirando de la silla con el pie, se sentó entre sus piernas.

—¡Joder!

Sintió la boca de Savic sobre su sexo y arqueó la espalda como si le fuera la vida en ello.

El orgasmo fue devastador. La lengua de su marido era todo lo que le hacía falta para dejarse llevar. Jamás había disfrutado del sexo con nadie, y fue consciente de que jamás lo haría.

Savic la había arruinado para cualquier otro hombre.

Retorciéndose aún contra su boca, se mordió el labio con tanta fuerza que pensó se lo abriría. Pronto los jadeos dieron paso a los gimoteos. Estaba completamente exhausta.

Sonrió aún sin moverse, tumbada sobre la mesa con las piernas laxas, colgando de la superficie.

Sintió la caricia de las manos de Goran, rozándola por el interior y exterior de sus muslos.

Le dio un casto beso sobre las rodillas y después la contempló con un deseo.

Lizia se incorporó sobre los codos.

—¿Y tú?

La sonrisa llena de malicia debió darle una pista de lo que le esperaba esa noche.

—Después.

Ella tragó saliva.

—¿Después?

—Tengo que reservar fuerzas para esta noche, Lizia. No suelo amenazar en vano.

Mierda, pensó Lizia. Su sexo volvía a palpitar con anhelo. Pero tendría que esperar.

Savic se levantó de la silla y la ayudó a ponerse en pie. No pudo decir que no le costara mantenerse sobre las plantas de sus pies. Miró a Savic acusadora, y él tuvo el descaro de guiñarle un ojo.

—Ahora, largo —le dijo dándole un azote en el culo—. Tienes que volver a casa.

—Lo dices como si tuviera algo que hacer.

—Lo tienes —dijo sentándose de nuevo frente al ordenador y abriendo la pantalla—. Esta noche he invitado a Salvatore.

—¿Esta noche?

—Así es —le dijo Savic antes de que ella pudiera verbalizar una objeción.

—Marija está al tanto. Se encargará de la cena. Pero me gustaría que la ayudaras.

—Por supuesto —dijo aún conmocionada.

¿Era una buena idea invitar a Giovanni? Sabía que el ambiente estaba caldeado. Entre él y su esposo había habido fuertes palabras. Savic no era partidario de adelantar la boda.

—¿Y vas a intentar matarlo, o él traerá plomo como postre?

—Muy graciosa. —La miró de reojo.

Aunque era cierto que Salvatore no se había quedado muy tranquilo ante la negativa de la boda. Y si era sincero, le dolió que Marija lo mirara decepcionada. Debería haber hecho caso a su esposa, cuando le dijo que su hermana estaba deseando casarse.

Con Salvatore… Savic no podía creérselo.

—Esta noche vendrá a cenar —cabeceó como si no estuviera muy de acuerdo—, y pondremos fecha para la boda. Luego llamaremos a Perkovic para informarle.

—¿Igual no deberíais invertir el orden de esas acciones?

—No demos más poder a Aleksandar del que ya tiene.

Lizia asintió, y le dedicó una radiante sonrisa.

—Empiezo a conocer esa cara de frustración.

—No me provoques, esposa.

Ella fingió ignorarlo y se dirigió hacia la puerta.

—Nos vemos esta noche.

Sin más y antes de que su marido se le antojara el hombre más sexy del planeta, huyó de allí.