Capítulo 31
Una hora después, Savic permaneció largo rato mirando la puerta del baño, escuchando el agua correr.
Agarró el pomo para girarlo y entrar. No solo quería verla desnuda, deseaba hacerle mil y una cosas.
Recordarle que él era su marido, el único hombre al que debía obediencia y lealtad.
No te obedecerá en la puta vida, suspiró y apoyó la frente en la puerta.
Pensó en sus palabras, Lizia era jodidamente independiente. Quizás por eso la encontraba diferente a todas las demás mujeres.
Cuando la puerta del baño se abrió, Lizia apareció envuelta en una toalla. Su cabellera suelta goteaba sobre sus hombros desnudos. Lo miró de cerca, pues Savic no había apartado las manos del marco de la puerta.
No hablaron, pero sí se estudiaron en silencio, hasta que ella miró más allá de él.
—Mi ropa.
Él se pasó la punta de la lengua contra los dientes.
—Adelante. —La dejó salir para rebuscar en su armario. La vio sacar un salto de cama y la polla de Savic se inflamó.
Joder, debería haberse metido en la ducha con ella. Si lo hubiera rechazado, al menos ya estaría dándose una ducha fría.
—¿Por qué esa cara? —le preguntó ella sin mirarle—. ¿No te gusta el color de mi camisón?
—Ese picardías no es un camisón, dudo que te cubra el coño.
Ella tuvo la desvergüenza de reírse, pero dejó de hacerlo al notar el aliento de Savic en su nuca.
—Lizia… —Ella se derritió ante el tono de su voz, hasta que él volvió a abrir la boca—. No volverás a hablar con Salvatore.
—¿Sigues con eso? —le espetó ofendida.
Dejó la suave tela que iba a ponerse solo para que él se la quitara, y tomó un pijama de dos piezas, de pantalón largo y camisa abotonada hasta el cuello.
Se alejó de él para volver al baño.
—¡Lizia! ¡Te estoy hablando!
—Y yo creo que ya te he escuchado lo suficiente.
Savic alzó una ceja.
—¿Eso crees? —Se aguantaron las miradas—. Lizia, no me provoques.
—No te pongas tóxico.
Se acercó a ella y la atrapó entre sus brazos y la puerta cerrada del baño. Se inclinó sobre ella.
—Sí, soy muy tóxico y por desgracia tu marido, así que si te digo que no hables con otro hombre, obedeces.
Dispuesta a no dejarse amedrentar, Lizia alzó el mentón sin romper el contacto visual.
—¿O? —Las aletas de la nariz de Savic se dilataron ante el desafío—. ¿Qué me harías? ¿Me encerrarías?, ¿me golpearías?
Él alzó una ceja ante la imagen que se le formó en la mente.
—Oh, nada me gustaría más que azotarte ese bonito trasero, hasta ver la marca de mi mano reflejada en él.
Mierda, se supone que eso no debería mojar mis bragas.
—Yo no podría devolverte los golpes —dijo entre dientes—, pero sí meterte algunas balas cundo estés durmiendo. ¿Crees que te has casado con una mujer desvalida que…?
No pudo continuar, Savic la agarró por la nuca y la besó con fuerza. Estaba enfermo, de ella. La necesitaba a cada instante. Y cuando le desafiaba… ¡Dios! Su polla parecía crecer, dispuesta a reclamarla y a demostrarle que todas esas amenazas eran vacías.
—No, no lo harías —se separó lo justo para poder hablarle. La vio lamerse los labios, como si ella tampoco hubiera tenido suficiente de él—, o te quedarías sin esto. —Hizo que Lizia le pusiera la mano en la polla y volvió a besarla.
—Puedo sobrevivir perfectamente sin esto —espetó ella.
Savic se burló.
—Ya lo veremos.
Le arrancó la toalla del cuerpo.
Lizia pateó el suelo.
—¡Joder!
¡Por supuesto que podía estar sin tener sexo con su marido! Pero, su coño no estaba de acuerdo. Cuando Savic volvió a besarla le faltó tiempo para entregarse a él sin reservas como haría siempre.
—Solo te obedezco, porque eres mi marido.
Eso le dolió. Ella disfrutaba del sexo tanto como él. Le encantaba que fuera dominante y rudo. Su mirada se lo exigía. No iba a dejar que ella usara el sexo en su contra.
—¿Sabes? Por mucho que te desee… voy a darte una lección.
Lizia lo miró y tragó saliva.
—¿Qué crees que vas a hacer?
Se inclinó sobre ella y le habló con una seriedad letal.
—Voy a dejar de follarte, hasta que me lo supliques.
Ella abrió la boca, y volvió a cerrarla al darse cuenta de que su instinto había sido protestar.
¿Días… quizás semanas sin sexo con Savic?
Mierda. Quizás hubiera ido demasiado lejos.
—Como quieras —fingió que no le importaba.
Se dio la vuelta en la cama, para darle la espalda y fingió dormir. Por su parte, Savic salió de la habitación y no volvió a dormir con ella en varios días.