Goran (Matrimonios de la mafia nº 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

A la mañana siguiente, Lizia y Savic parecían tan cabreados, que ni siquiera Radmila se atrevió a bromear sobre ello.

Se lanzaban miradas como cuchillos.

—Así que… no hay compromiso —dijo Marija captando la atención de todos.

Tanto Savic como Lizia miraron a Marija intentando averiguar qué quería decir su expresión.

¿Estaba disgustada o feliz?

Cuando las miradas de los esposos se cruzaron, hubo silencio.

No había rencor por la discusión de la noche pasada, Savic parecía más calmado, y para alivio de Lizia, Marija parecía estar bien y no le guardaba demasiado rencor a Leo como para hablar mal de él.

—El compromiso con Leo Manzini se ha roto —dijo Savic, para que no tuviera ninguna duda.

Calló y los ojos de las tres mujeres se posaron en él.

—Debes decirnos algo más —dijo Radmila con cierto disgusto—. ¿Se conformarán las otras familias con tu matrimonio o el mío?

—No es tan sencillo.

Eso hizo sonar todas las alarmas en la mente de Marija, que se encogió aún más crispando a Savic. No le gustaba verla tan vulnerable.

¡Maldita sea! Debería haber dicho que no a incluirla en los acuerdos, pero sin Radmila en Corfú, no se había decidido en sacrificar solo a una de sus hermanas.

¿Qué hubiera pensado Marija, si solo él y Radmila se hubieran visto obligados a casarse? Por muy retorcido que pareciera todo, sabía que Marija quería sentirse útil para la familia, y ciertamente lo era, y no solo porque fuera a casarse para favorecer los intereses de los Savic.

—Giovanni Salvatore es quien ha puesto fin al compromiso de Leo con Marija —dijo Goran.

Al parecer, nadie se dio cuenta del estremecimiento que azotó a Marija cuando se mencionó a Salvatore.

Tragó saliva y juntó las manos en su regazo. No se atrevió a levantar la mirada, por miedo a que sus hermanos pudieran darse cuenta de lo que estaba pasando. Y lo que pasaba es que, desde la otra noche, no había dejado de pensar en el Don de la mafia italiana.

¿Giovanni había roto su compromiso? ¿Qué significaba aquello?

Estaba convencida de que había visto lo mal que Leo Manzini la había tratado.

—Para dejarlo claro le dio una paliza a Leo…

Marija alzó la vista como si le hubieran dado un latigazo. Miró a su hermano desconcertada, pero fue en Lizia en quien se centró.

—¿Es cierto?

Lizia asintió.

—Y tuvo suerte de que no lo matara.

Marija se quedó en silencio, sin saber qué decir, si es que debía decir algo.

—Joder. —Radmila estaba tan sorprendida como su hermana.

—Y… anoche lo mandaron rumbo a Méjico, al parecer será el enlace con Mendizábal.

Radmila parpadeó incrédula.

—No tiene fama de ser comprensivo —dijo sin refrenarse.

Lo que sí se calló es que también tenía fama de liquidar a cualquiera por cualquier idiotez.

Y Leo Manzini era muy idiota.

—¿Sobrevivirá?

Lizia la miró chasqueando la lengua.

—Sí, espero no quedarme sin hermano, por muy prescindible que te parezca.

—Lo siento —dijo Marija ante las palabras de Lizia—. Sé que es tu hermano y lamento que te entristezca.

Aunque lo que no dijo era que no lamentaba que se fuera.

Después de unos segundos de incómodo silencio, Radmila se levantó dispuesta a que la excusaran, pero Savic volvió a hablar.

—Hay más.

Radmila se sentó haciendo una mueca.

—Que no paren las sorpresas —dijo reclinándose en la silla y cruzando las piernas—. Espero que no pretendas que me case dos veces, la bigamia no es lo mío.

Savic no estaba para bromas, y menos cuando se trataba de los Salvatore.

—Anoche hablé con Giovanni Salvatore, y no solo por haber roto el compromiso con Manzini.

—Hizo una pausa que puso los pelos de punta a Marija—.

Lo que quiero decir es que buscamos la manera en que los pactos de Corfú se mantuvieran vigentes.

No queremos cambiar lo estipulado, y buscamos una solución para que Aleksandar Perkovic no se opusiera a un nuevo compromiso.

—O a nuestra alianza con los espaguetis.

Lizia miró a Radmila que pidió perdón en silencio a su cuñada, por sus palabras.

—¿Así que ya habéis decidido quién será mi nuevo prometido?

Savic la miró, esperando poder descifrar qué opinaba sinceramente del cambio. No deseaba que a Marija le desagradara su inminente boda.

—Giovanni Salvatore.

Radmila y Marija se quedaron mirándole como si fuera a decir algo más.

No lo hizo.

Radmila frunció el ceño.

—Giovanni Salvatore, ¿qué? —quiso saber—, ¿qué dijo?

Savic suspiró, y volvió a hablar para hacerse entender.

—Eso dijo, que Giovanni Salvatore sería el candidato.

El corazón de Marija empezó a bombear con fuerza, ¿era verdad? ¿Salvatore se había ofrecido a ser su esposo? No podía ser.

Radmila parecía ser la más incrédula.

—¿En serio? ¿No será una broma?

—¿Una broma? —preguntó Lizia—. Él no bromea.

—No sé. Quizás tenga un sobrino, o primo llamado igual que él.

—Créeme, no lo tiene —sentenció Lizia.

Entonces miró a Marija y le dieron ganas de estirar su brazo para poder tomar la mano de Marija que miraba incrédula el suelo de la habitación.

Radmila se levantó, casi hizo caer su silla al enfrentarse a su hermano.

—¡Y una puta mierda! —dijo fuera de sí.

Savic apretó los dientes y Lizia se quedó helada ante la reacción de Radmila.

—Basta —le dijo su hermano, sin perder los nervios—, no mandas tú.

Pero Radmila no se calmó, ni mucho menos. Lizia no entendía qué podía tener en contra de Giovanni, pero sin duda no le gustaba la noticia de emparentar con él.

—¿Vas a casarla con el puto Don Salvatore? —preguntó apretando los dientes y cerrando los puños a ambos lados de su cuerpo— ¡Goran! ¡Joder!

—¡Controla esa lengua!

—¿Controlarla? —le espetó furiosa—. Tú deberías controlarte y pensar con claridad. ¿Crees que estará a salvo con ellos? Leo Manzini era un imbécil, pero con facilidad podríamos haberle roto las piernas para…

No quería hablar delante de Marija, pero ya era tarde.

Por supuesto sus hermanos siempre la defendían. Habrían pactado en silencio deshacerse de Leo, si este no se portaba bien con ella. Fue consciente de ello, y también Lizia cuando la escuchó suspirar.

—Él no es controlable.

—¡Y yo tampoco! —rugió Goran poniéndose en pie.

Lizia pidió calma.

—Sí, ninguno de los dos lo es. Goran tampoco —dijo Lizia—, pero no por ello me siento menos segura con él. Giovanni sabe tratar con respeto a quien se lo merece, y una vez casado con Marija, la protegerá como protegería a cualquiera que llevara su sangre.

Todos miraron a Lizia, pero Radmila seguía sin estar de acuerdo con aquella locura.

—Es diferente.

—¿Qué es diferente? —preguntó Savic.

—Tú y Salvatore.

—Eso es porque yo soy tu hermano.

—Sí —rugió Radmila—, y Giovanni no lo es, y no me fío de él.

—¿Crees que es fácil para mí? —preguntó Goran furioso—. No lo es. Tampoco me fío de Perkovic y tengo que dejarte marchar. ¡No es fácil!, pero al menos con Salvatore, yo estoy aquí y puedo enterarme…

—¿Te enterarás de cómo trata a Marija? ¿Sí? —preguntó incrédula. Todos pensaron que, en el dormitorio de una pareja, no siempre se escapan los secretos.

No quería que Marija, después de lo que había sufrido, se viera forzada a una situación desagradable.

—Me casaré con él.

Tres cabezas se volvieron hacia Marija.

—Hermana —suplicó Radmila.

La más sensata de todos se lo tomó con calma.

—Todos éramos enemigos hace unos días.

—Aún lo somos —dijo Radmila—, no te quepa duda.

—Y aun así vas a casarte con Perkovic —dijo Savic, intentando que entendiera que él también sufría por ella.

Marija volvió a interrumpirles con su suave tono de voz, dulce y pausado.

—No hay garantías de que uno trate bien a otro. Solo podemos confiar y rezar para que no vuelva a producirse un baño de sangre.

—No puedes sacrificarte así, después de todo lo que has sufrido.

Eso pareció doler a su hermana que apretó los puños y alzó la cabeza. Su cicatriz en un lado de su rostro era más que evidente, y la prótesis de cuero de su meñique, que empezó a frotar compulsivamente, también era un recordatorio de todo lo vivido.

—Tú te sacrificas casándote con Perkovic. Yo puedo hacer lo mismo.

—Lo hago, ¡porque no tengo alternativa!

—Puedes negarte —se escuchó la voz de Savic, que miró a Radmila con fijeza.

Lizia también se levantó de la silla impulsada por el terror.

—No, no puedes. No podéis romper los pactos —dijo furiosa—. Yo también me he sacrificado, así que ahora os toca a vosotras.

Sentía ser egoísta, pero no iba a permitir que sus familias volvieran a ser enemigos, a pelear, a despedazarse. No iba a permitirlo.

—Me casaré con Perkovic —y cuando lo dijo, Radmila se maldijo porque no tenía tan claro que para ella fuera un sacrificio tan infame.

—Yo también me casaré con Salvatore.

Radmila cerró los ojos.

—Aceptas para protegernos a todos. Porque cualquier cosa que pueda hacer por nosotros lo harás con los ojos cerrados, deseando hacernos felices. Pero… —suplicó Radmila—, podemos encontrar a otro —miro a Goran suplicando—, alguien que te guste.

—¿Manejable y sumiso? —se mofó Marija—. Leo no lo era, no os quepa duda.

Savic la miró de una nueva forma, una que prometía sangre y dolor.

—¿Se atrevió a insultarte?

—¡Basta! —dijo Marija—. Suficiente. Todos tenemos un deber que cumplir. Me casaré con Salvatore. Es mi decisión, y no os opondréis, porque sabéis que no tendríais nada que hacer.

Miró a su hermana, que apartó la mirada, apoyando los puños sobre la mesa.

—¿Radmila?

—Está bien, joder.

Se sentaron todos de nuevo y Savic asintió mirando a Marija.

—Esta noche nos ha invitado a una cena íntima. Solo la familia cercana, para cerrar el trato.

Marija tragó saliva y su corazón latió incontrolable. Al malinterpretar su nerviosismo, Lizia se inclinó hacia delante en la silla, para acercarse a ella.

—Salvatore es un hombre íntegro, no te lastimará jamás —le dijo Lizia a su cuñada.

El ambiente fue tenso.

Nadie se atrevió a hablar, pero todos miraban a la futura novia.

—No hace falta que me convenzas. Acepto.

—¿Segura? —preguntó Goran en un hilo de voz.

Marija movió la cabeza arriba y abajo, nerviosa. Pero no se quedó a debatir lo que estaba pasando, y mucho menos lo que estaba sintiendo.

—Es mi última palabra. Y ahora, si me disculpáis… —Se puso en pie y con pasos ágiles salió del salón, fue hacia el baño más cercano, y apoyó la espalda contra la puerta, mientras se esforzaba por respirar.

Su mano subió hasta colocarse a la altura del pecho, e intentó controlar sus respiraciones. Y de pronto lo hizo. Empezó a reír.

¿Ella casada con Salvatore?

Se puso la mano, tapando la boca, para que nadie pudiera escuchar su risa. Para que nadie pudiera ver su más absoluta felicidad.

—Jefe.

La voz de su chofer alertó a Aleksandar, mientras enviaba algunos correos desde el móvil en el asiento trasero de su jaguar.

—¿Qué sucede?

—Domenico, ha llamado —dijo refiriéndose al espía que tenían en casa de los Savic—. Al parecer, Marija Savic ya no está comprometida con Leo Manzini.

Aleksandar Perkovic parpadeó intentando hacer encajar las piezas del puzle.

―¿Desde cuándo? ―Quiso saber.

―Al parecer, desde la boda de Savic.

¿Por qué habría sucedido esa inesperada ruptura? Y… lo más importante, ¿cómo podría beneficiarse de ello?

―¿Sabemos qué pasó en esa boda?

Gruñó, un sonido grave y frustrado.

Él había estado en esa casa, en aquellos jardines. ¿Ninguno de sus hombres vio nada? Chasqueó la lengua.

Era más que probable que Leo Manzini hubiera hecho el imbécil y Savic no hubiera querido emparentar con él. Pero eso, sin duda, traería consecuencias.

—Han roto el pacto. —Apretó los dientes.

No es que le importara demasiado volver a la guerra sangrienta contra los italianos y los Savic, si no fuera… Siseó al darse cuenta de que, si los pactos se rompían, él no tendría a la zorra Savic en su cama.

Se revolvió inquieto en el asiento trasero y golpeó su muslo con el teléfono móvil.

―No es aceptable.

Claro que no lo era.

No podían romper el pacto de aquella manera, o él se quedaría sin esa zorra.

Una cosa era romper el acuerdo que las familias tenían, y por consiguiente anular los matrimonios, antes de que conociera a Radmila, y otra, muy diferente, hacerlo cuando ya había visto a esa mujer, cuando casi la había saboreado.

Se pasó los dedos por los labios, pensativo.

―¿Sabemos algo más? ¿Savic seguirá casado con su mujer?

―Al parecer, los pactos de Corfú seguirán adelante, solo que… han buscado a otro candidato. Ya no será Manzini quien se case con Marija Savic.

Eso ya le parecía más interesante.

—¿Sabemos quién será el supuesto novio?

—Giovanni Salvatore.

Los ojos de Aleksandar se agrandaron por la sorpresa, y eso que al demonio de Zadar pocas cosas le sorprendían ya.

—Vaya, vaya… —Eso significaba que su compromiso con esa zorra roja seguía adelante—. Me parece de lo más interesante. Averigua el porqué, quiero saberlo.

—Jefe ―dijo la palabra como si le asegurara que lo diera por hecho.

Entonces se le ocurrió una idea.

—O mejor… Lo averiguaré yo mismo. ―Golpeó con la mano el asiento del conductor―. Da la vuelta.