Capítulo 14
Bueno, el peor trago había sido tomado. Tomado, saboreado y disfrutado.
Una hora después, Lizia seguía en su nueva cama, sin poder pegar ojo. Estaba agotada, pero con los sentidos alerta. Sentía un ligero escozor entre las piernas, no podía decir que su marido no sabía bien lo que hacía. Porque desde luego, Goran Savic sabía cómo follarse a una mujer.
Gruñó, dándose la vuelta en la cama por enésima vez.
Hacía calor a pesar de que, a esas altas horas de la madrugada, hubiera refrescado. Miró las cortinas moverse con el suave vaivén a causa de la brisa.
Cerró los ojos y apretó los muslos.
Mmm… Se había sentido tan plena…
Volvió a rodar con un resoplido.
Lizia miró el techo de su habitación. Habitación que no compartía con Goran.
Él había sido muy claro a la hora de señalarle la puerta de la alcoba que sería solo suya y que no compartirían.
—Es esta —le había dicho.
Apenas la miró unos pocos segundos, insuficientes como para que ella pudiera leer lo que deseaba realmente.
—De acuerdo —lo dijo como si no le importara, aunque realmente no era así.
—La mía es la de al lado —le había dicho dándole la espalda—. Si necesitas algo avísame, o llama al 09. El teléfono está conectado con la cocina y la habitación el ama de llaves. Dana.
Por supuesto que había un ejército de criados, pero al parecer, las puertas de los apartamentos superiores estaban cerradas con llave. Lizia se preguntó si era a causa de que no se fiaba de sus propios sirvientes, o bien es que no se fiaba de nadie.
Sin poder dormir, se descubrió el cuerpo apenas cubierto por un suave camisón de seda, y pateó la sábana, dejando que el aire que entraba en la habitación le acariciara la piel.
Se puso de costado mirando de nuevo hacia el balcón.
Los ventanales parecían sacados de un cuento de las mil y una noches.
Tenía tres arcos de medio punto con labrados capiteles en piedra.
Una casa hermosa, pero… aún no tenía muy claro si sería un hogar o una cárcel.
En algún que otro lugar, los arcos de herradura asomaban, haciendo que se sintiera una princesa encerrada en un castillo.
¿Y Goran? ¿Sería su príncipe o su carcelero?
Aún no lo había decidido.
Respiró hondo y volvió a cerrar los ojos. Debía dormir, los invitados ya se habían ido, e iba a amanecer dentro de poco.
Suspiró y su mente evocó el cuerpo de su esposo.
Sintió un escalofrío al recordar cómo el deseo la había recorrido de la cabeza a los pies, pero no había podido verle bien.
¿Cómo sería el cuerpo desnudo de su esposo?
La tinta negra se enroscaba en su cuello, y hasta en las manos.
Pudo ver partes de tatuajes tribales, pero…
¿Cuánta superficie cubrían? No es que le molestaran. No le molestaban en absoluto.
Se mordió el labio pensando en que se la había follado estando vestidos.
Eso no podía volver a ocurrir, si lo hubiera visto desnudo, no tendría tantas preguntas en la cabeza, ¿sus brazos estarían cubiertos por completo?, ¿y su pecho? ¿Habría tinta en su piel cuando por fin pudiera saborearlo, pasando su lengua desde el cuello hasta…?
—Grrrgg… —gruñó—. Joder.
Si seguía así no podría pegar ojo.
Seguro que estaba cubierto de tinta. La próxima vez que se quedaran a solas para… ¿se quedarían a solas? Es decir, él le había dicho que debían consumar, pero… una vez hecho, ¿querría repetir?
Hizo un mohín con la boca.
Esperaba que sí. Y ese pensamiento le dejó muy claro lo mucho que le había fascinado su esposo. Pensó en Radmila y Marija, esperaba con sinceridad que sus matrimonios fueran bien. Marija con Leo… no podía ver que eso funcionara.
¿Y Radmila?
Ella podría con todo.
La veía muy capaz de poner de rodillas a su marido como se pasase de la raya. Pero los croatas eran imprevisibles, si no se controlaba, quizás fuera ella quien acabara de rodillas. Y no le iba a gustar.
Goran estaría… ¿Estaría durmiendo a pierna suelta?
¡Pues claro que estaría durmiendo!
Al fin y al cabo, la que estaba pensando en tirárselo de nuevo era ella.
Si Savic hubiera querido tenerla bajo su cuerpo, de nuevo… sin duda no la habría dejado ahí plantada, ni se habría ido con tanta prisa.
—Mierda. —Seguro que tenía todo un harén para él solo. Follarse o no a su esposa, desde luego le traería sin cuidado.
¡Ni siquiera había sentido curiosidad por verla desnuda! Puede que ella se hubiera quedado con las ganas de ver sus tatuajes, pero él tampoco había podido ver sus pechos, aunque eran ciertamente mucho menos generosos que las mujeres con las que estaba acostumbrado a tratar, eso seguro.
¿Tendría alguna amante en la casa?
Aún recordaba su cara cuando mencionó a Dana. Dijo que era mayor, ¿pero y el resto del personal?
Pateó de nuevo el colchón y se puso la almohada sobre la cara para gritar.
—¿De verdad? —Se sintió furiosa consigo misma. ¿En serio estaba pensando en si las amantes de Savic vivirían en esa casa?—. Patética, Lizia.
Y eso que solo llevaba unas cuantas horas casadas con él, y Goran Savic ya había sabido cómo obsesionarla.
Lizia se preguntó que técnica sería más efectiva para poder conciliar el sueño después de lo que había vivido esa noche. Quizás algo de meditación, respiraciones profundas…
Cuando se le apareció la imagen de Goran, supo exactamente qué necesitaba.
Respiró hondo y arqueó ligeramente la espalda con las piernas abiertas.
Visualizó a su marido.
Labios carnosos, esa barba oscura de dos días que le daba un aspecto amenazador, esos ojos… ¡Dios! Como el oro fundido.
Rozó sus muslos cuando sintió su corazón palpitar entre ellos.
Soy mala, sonrió para después morderse el labio inferior.
No quiso evitar llevarse la mano al centro de su deseo.
Necesitaba desahogarse de nuevo.
Necesito darme placer, necesito… ¡A él! Quisiera que estuviera aquí, que se desnudara por completo para empacharme de esos músculos que sé que tiene bajo esos trajes hechos a medida.
Se acarició con más intensidad. Sus dedos se movieron con más rapidez. Pensó en aquella boca tan sensual. En lo que podrían hacer sus fuertes manos sobre su cuerpo.
—Ah.
No duró ni un minuto cuando su espalda se encorvó y se puso la almohada sobre la cara de nuevo para no gritar. O más bien para que no escucharan sus gritos. Porque desde luego gritó.
¡Jesús! Convulsionó sobre el colchón, como hacía tiempo que no hacía.
Solo me ha bastado pensar en él, en sus ojos, en su polla derramándose sobre mí, marcándome como suya. ¡Joder! Definitivamente espero que vuelva a follarme pronto.
Se desplomó sobre la cama con una sonrisa, y así se quedó dormida, pensando en su esposo, de nuevo con su mano entre las piernas.