Goran (Matrimonios de la mafia nº 1) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

Sintió el miembro abrirse paso dentro de su cavidad, y Lizia solo pudo abrir la boca y contener la respiración.

—¡Madonna! —Su cabeza cayó hacia delante.

Eso era enorme, no podía creer que se abriera con delicadeza dentro de ella, algo que sentía tan grande. Quería ver cómo era, pero no pudo moverse, Savic la tenía bien sujeta.

Empujó más fuerte, más profundo hasta clavarse en ella.

La tomó por las caderas y le ordenó:

—Agárrate fuerte.

¿Pensaba que saldría volando? Ella obedeció y cuando lo hubo hecho, la estocada que siguió la hizo lanzarse de cabeza contra el diván. No sería suficiente agarrarse, así que Goran la cogió de la nuca con una mano, y con la otra clavó los dedos en la cadera.

—¡Ah!

Empezó a bombear con fuerza.

Ella empezó a gimotear a causa de sus embestidas, pero los gruñidos de Savic eran música para sus oídos.

¡DIOS! No sabía que los gemidos de un hombre pudieran ser tan eróticos.

—¿Te gusta?

¿Gustarme? ¿Le gusta a un marinero el mar? ¿O a un gato dormir?

—Por favor…

—¿Quieres que acabe?

No, joder… no quería que acabara nunca.

—No, no… —gimió suplicante—. Todavía no.

—Bien. —Eso pareció complacerle—. Entonces prepárate.

¿Más?

Se inclinó más sobre ella, haciendo que Lizia se recolocara, abriera más las piernas e inclinara la cabeza hasta que esta tocó el suave forro del diván.

Se quedó ahí por minutos, totalmente ida mientras él variaba el ritmo, haciendo que no pudiera adaptarse, haciendo que gimiera, que gritara, que disfrutara como nunca había disfrutado en el sexo. La polla de Goran Savic llegaba a lugares que ningún otro hombre había sabido encontrar.

—¡Madonna!

Le temblaba todo el cuerpo y no sabía cuánto tiempo más podría aguantar en aquella postura, con el culo en alto y la cabeza apoyada en sus antebrazos sobre el diván.

De pronto, él la agarró con más fuerza de la nuca y tiró de ella, para que se reincorporara. Le hizo ladear la cabeza y cuando la suave espalda tocó su pecho duro, buscó su boca.

Lizia pensó que su lengua sabía a licor, no era desagradable. Era una delicia. Le encantaba besar a ese hombre, lo había comprobado en la ceremonia, y ahora lo confirmaba.

—Date la vuelta. —Él salió de su interior.

Lizia, de rodillas sobre el sofá, lo encaró hasta que él la empujó para que su cuerpo cayera de espalda sobre los cojines.

—Abre las piernas.

Ella obedeció.

Aún con el sexy corpiño de satén blanco que apenas la dejaba respirar, y sus piernas enfundadas en esas medias anudadas con un liguero. Solo su sexo estaba totalmente expuesto y húmedo.

La miró de arriba abajo, deseándola y deseando poder ver sus pechos libres, pero sería en otra ocasión.

Maldita sea, él ni siquiera se había quitado la camisa.

Se arrodilló entre sus piernas y la penetró con fuerza, mirándola a los ojos.

—Драга моја принцезо.

Sus gemidos resplandecían en aquella habitación.

Dios, no podía creer que se la estuviera follando en el salón, en su primera noche juntos. Era un maldito egoísta desconsiderado.

Se inclinó más sobre ella y devoró su boca, complacido de que le correspondeira con un fuego que no habría creído posible.

—Eres fuego, esposa.

Ella le envolvió la cintura con las piernas y arqueó la espalda.

Goran la vio cabalgar hacia el orgasmo. La miró a la cara para contemplar el espectáculo que eran sus labios hinchados, húmedos y entreabiertos. Había pequeñas marcas en su labio inferior, de dientes. Seguramente lo había mordido con demasiado ímpetu, esperando no gritar.

Pobre esposa, algo completamente inútil, porque la hizo gritar.

Lo hizo cuando el orgasmo devastador la arrolló.

Las paredes de su sexo apretaron el miembro de Goran, que tensó todo su cuerpo, aguantando la oleada que iba a arrollarle. Dio un par de empujones más, viendo cómo se retorcía, pero no podía acabar dentro de ella.

Las manos de Lizia volaron sobre su cabeza y agarraron el diván mientras su espalda se arqueaba y sus piernas presionaban contra Goran en un desesperado intento por mantenerlo dentro.

Pero él salió de su interior. Observó el rostro de ella, completamente ida por las olas de placer que aún la sacudían.

Tomó el miembro en su mano y lo sacudió con fuerza, dejó caer la cabeza hacia atrás hasta que convulsionó con el mismo deseo devastador que la había asolado a ella.

Su simiente salió disparada y se corrió sobre su monte de venus y el corsé de seda y encaje.

Ella siguió con los ojos cerrados e intentando recuperarse de la sensación de haber tenido el mejor sexo de su vida.

Pero esta no duró mucho.

Cuando abrió los ojos de nuevo, Goran la contemplaba ya con los pantalones abrochados. Estaba impecable, como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera significado nada.

Avergonzada cerró las piernas, e intentó ponerse en pie, después de coger el vestido.

Él le ayudó a ponérselo de nuevo.

—Te enseñaré tu habitación.

—¿Mi habitación? —Entonces dormirían separados.

Él la miró con una expresión que ella no supo descifrar.

—Sí —fue lo único que le dijo después de haberse corrido sobre ella. Pues vaya decepción.

—De acuerdo.

No es que fuera un comienzo prometedor.