Capítulo 5 #2
Estaba hablando con un depredador.
—¿Te refieres a actividades… extraconyugales?
Estaba tan cerca que la punta de su nariz podía tocar la de Savic.
—Fóllate a quien quieras, pero ni se te ocurra reclamarme fidelidad después.
Él gruñó y le envolvió la cintura con un brazo. La atrajo hacia su pecho y ella quedó inclinada sobre él. No forcejeó demasiado al sentarse en su regazo.
—Como ya te he dicho —dijo Goran—. Nuestro matrimonio será real.
—¿Qué significa eso para ti?
Él alzó una ceja y la miró con intensidad.
—Que follaremos, en exclusiva.
Lizia le sostuvo la mirada, finalmente asintió.
—Me parecería mejor una relación abierta, pero tú decides.
Había apoyado las palmas de sus manos sobre el pecho de Savic, mientras ambos se clavaban la mirada como puñales.
—No me avergonzarás delante de mis hombres.
—Sería muy discreta.
Él gruñó, lo que venía a decir que no iban a tener una puta relación abierta. Si alguien tocaba a su mujer moría, si alguien la miraba demasiado, lo mejor que podría pasarle es que perdiera la visión después de sacarle los ojos.
—No —dijo dando el asunto por terminado, pero ella prosiguió.
—Entonces tú tampoco lo harás —dijo ella—, marchándote públicamente con mujeres. Dame mi lugar, y todo irá bien. Déjame trabajar y salir con mis amigas y todo irá bien.
Pareció pensárselo y eso la enervó.
¡Como si tuviera que pensarse nada! Que diera las gracias de no tener que suplicar por su mano.
—Y no quiero hijos todavía.
Él la miró con fijeza, los pactos se habían hecho para tener descendencia, para que de alguna forma todos estuvieran emparentados. Aun así, Savic asintió.
—Coincido.
Él tampoco los quería, niños no, aún. Debía preocuparse de que las tres familias, a pesar del pacto, no se mataran entre ellas.
—¿Entonces, hay algo más de lo que hablar?
A Goran le encantó ese tono de voz, bajo, profundo.
Respiró hondo y se humedeció los labios mientras sus ojos admiraban la belleza del rostro de su prometida.
La mano que no la rodeaba por la cintura, descansaba sobre el terciopelo negro del sofá, pero la movió imperceptiblemente hacia las rodillas de su prometida.
—Me pregunto… —empezó Savic.
Ella reaccionó, y su mirada, clavada en él, le hizo ponerse alerta.
—¿Qué te preguntas? —preguntó respirando profundamente mientras esperaba la respuesta.
—Si seremos compatibles —la mano de Goran se posó sobre una de sus rodillas—, en ciertos aspectos.
Lizia se incorporó, posando una mano contra el respaldo del sofá, pero su otra mano no se movió del pecho de Savic.
—¿Quieres comprobarlo ahora?
Notó cómo el cuerpo de Lizia se estremecía a pesar de que había sido ella quien había formulado la pregunta.
No le contestó.
No era necesario.
Cuando la vio morderse el labio, mirando con fijeza su boca, la mano que tenía sobre su rodilla subió acariciándole el interior del muslo.
El cuerpo de Goran se inclinó sobre ella y le rozó la nariz con la suya, mientras inmovilizaba su barbilla entre el dedo índice y el pulgar.
—¿Cómo lo quieres, nena?
Hipnotizada por su toque, no supo qué decir.
—Yo…
—Ajá —se burló al verla vacilar, después de parecer tan decidida—, pues así lo tendrás.
Ella no había dicho nada, simplemente había entrecerrado los ojos cuando la cabeza de Goran descendió sobre ella y sus labios se apoderaron de su boca.
La penetró con la lengua, saboreando cada rincón nuevo e inexplorado por él.
Gimió, y él gruñó profundizando más el beso. Su cuerpo reaccionó, con la misma violencia que el de él. Se inclinó hacia delante, la mano seguía sobre su pecho, pero la otra agarró la nuca mientras sus bocas hicieron impacto.
Se devoraron mutuamente, un choque de trenes sin control, un baile de lenguas y dientes.
Los gemidos que salían de su garganta eran un afrodisíaco para ambos.
Idiota, pensó Lizia. Era una maldita estúpida.
Quería comprobar si sentiría repulsión al consumar ese absurdo matrimonio. Era una idiota si pensaba que su cuerpo no se fundiría contra el de Goran Savic, para que él lo moldeara a su antojo.
Sentía las palpitaciones de su corazón en medio de los muslos, muy cerca de donde él tenía la mano, donde la acariciaba con el pulgar, trazando círculos, subiendo cada vez más por la cara interna del muslo.
—¡Jesús! —gimió contra la boca de él, y le enterró los dedos en el espeso cabello, tirando de él cuando dejaba de besarla con la fuerza que ella exigía.
Tonta niña curiosa, se dijo. Quería ver si sentía repulsión por su enemigo, si compartir el lecho con él sería un suplicio. Por mucho que amara a su familia, no sabía si sería capaz de soportarlo si…
—Mmmm… —Nadie la había besado así de bien, en la vida.
Por su parte, él tenía una erección completa mientras Lizia se humedecía ante el avance de la mano de él entre sus muslos.
Se restregó contra él, agarrando su cabeza entre las manos, profundizando más el beso y haciendo que él gimiera como ella había hecho.
Lo sujetó con más fuerza y lo inmovilizó, reteniéndolo, evitando que se apartara y siguiera besándola con esas ganas que la hacían arder.
Cuando la mano de Goran llegó al centro de su sexo y acarició el encaje húmedo, la mano de ella voló hacia su muñeca, evitando que avanzara más.
Apartó la cabeza unos centímetros, lo suficiente como para que sus ojos se enfocaran, el uno en el otro.
Ambos jadeaban y la sonrisa de Goran se ensanchó. Lizia lo miró confusa.
Realmente había pedido la cabeza.
—Suelta mi muslo —le dijo ella aún sin mover un solo dedo.
—Suelta mi nuca. —Rio él.
—Mierda. —Lo había agarrado con tanta fuerza para que no se apartara, para que no dejara de besarla, que lo había inmovilizado.
Joder.
Se echó hacia atrás después de soltarle la nuca y su trasero aterrizó de nuevo sobre el sofá, pero solo un segundo, tiempo suficiente para ponerse en pie y colocarse el vestido.
Pudo ver la mirada de ese hombre recorriendo cada curva, deseando tocarla en cada punto.
Retrocedió otro paso, y se compuso el vestido, tocándose el pelo.
—Está hecho un desastre —le advirtió como si ella no lo supiera.
—Cállate.
Una carcajada reverberó por el reservado.
—Ve al baño.
—Eso haré.
Se miraron unos segundos más y la lengua de Savic acarició su labio inferior.
—Podría acompañarte.
—¡No! —Tenía muy claro cómo acabaría eso. Y… no, no. No quería salir de ese baño y tener que enfrentar la mirada de las familias.
Se dio media vuelta y salió de allí.
¿Qué le pasaba? La había hipnotizado, parecía un cervatillo mirando los faros de un coche que sabía que iba a aplastarla.
Savic era peligroso. Jodidamente peligroso.
—¡Te espero en el altar! —le gritó al verla salir.
Goran se acarició los labios que ella había hinchado con sus dientes. Su futura mujer era apasionada, inteligente y hermosa… le había tocado la puta lotería en los sorteos matrimoniales.
¿Un matrimonio abierto? Ya vería si le quedaban fuerzas y podía andar para irse con otros hombres, cuando él hubiera acabado con ella.
Sintió que su miembro volvía a palpitar, y cuando la vio aparecer, colocándose algunos mechones detrás de la oreja, la miró fascinado.
No dejó de mirarla hasta que sorteó todas las mesas y paró junto a su padre. Después de unas escuetas despedidas, toda la familia se fue.
Se quedó largo tiempo ahí, solo veinticuatro horas, y podría tenerla de nuevo.