Giulia, el amor y un puñado de lavanda 61. Giulia
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61. Giulia

Giulia

Me vuelvo loca.

Sé que me vuelvo loca porque hay un momento en que mi madre me mira a los ojos y me pide que me centre, pero yo ni siquiera sé cuándo ha llegado.

Miro a mi alrededor y veo a muchos de los vecinos de Valdelila en el patio de los Lobo. Todo el mundo está buscando a Bella y Giuliano. Todo el mundo menos yo, que estoy aquí quieta porque nadie me deja salir al bosque.

—Tú no lo entiendes —le digo a mi madre—. Está a punto de anochecer, mamá. ¡Y van en un caballo!

Me siento como si no estuviera dentro de mi cuerpo. Como si estuviera fuera, observando cómo se desarrolla todo esto mientras yo respiro con dificultad e intento hacer entender a todo el que me retiene que no puedo quedarme aquí, porque es vital que Giuliano y Bella aparezcan AHORA MISMO.

—Hija, Balti es muy noble —dice mi padre—. Cuidará de ellos.

—¡Es un caballo, papá! Un caballo que Giuliano ya sabe montar y al que Bella domina a la perfección. Hará lo que los niños digan y no se cuestionará nada, porque es un animal, no un ser humano con capacidad de cuidarlos de verdad.

Respiro peor y entonces lo noto: el desgarro. El mundo haciéndose pedazos mientras las primeras lágrimas brotan y mi padre me abraza con fuerza.

En medio de los peores sentimientos que he tenido nunca, oigo su voz a mi espalda.

—Giulia.

Me giro y veo a León, que a su vez me mira sin reproches ni enfados. Lo único que hay en su cara es el mismo terror que debe de haber en la mía. Suelto a mi padre y camino hacia él por inercia, porque tocarlo no hará que me sienta mejor, pero de algún modo me reconforta como nada más puede hacerlo.

Lo abrazo por la cintura y León no solo me devuelve el gesto, sino que me estrecha con fuerza, intentando infundirme un ánimo que ninguno de los dos siente.

—Voy a salir con mi caballo junto con Samu —murmura.

—León...

—Los voy a encontrar, te lo prometo.

—Pueden estar muy lejos. No entiendo cómo se han ido sin que nos diéramos cuenta —sollozo.

—Balti es un buen caballo. Es noble y tiene experiencia, no los pondrá en peligro.

Quiero volver a gritar que Balti no es más que un animal, pero si León confía tanto en el que es su caballo desde niño, yo no puedo ser menos, así que asiento y me separo de él.

—Quiero ir con vosotros.

—No.

—Pero...

—Solo nos retrasarías. —Su franqueza es tan habitual como siempre, incluso aunque duela.

Enmarca mis mejillas entre las manos y se asegura de que lo mire a los ojos antes de hablar—.

Tienes que quedarte aquí, no por ti, sino porque cuando Giuliano vuelva vas a ser la primera persona con la que querrá estar. La única.

Acabo de descubrir algo sobre mí misma: resulta que eso de que no soy una persona dada a llorar era mentira.

Una mentira enorme. Sí, es cierto que en los últimos meses me he emocionado más de lo normal, pero pensaba que era una excepción por las circunstancias tan particulares en las que me hallaba.

Sin embargo..., no, no era eso; ahora sé que no es que no fuera dada a llorar, es que nunca he tenido motivos suficientes para hacerlo.

Pero ahora... ahora mis lágrimas brotan por todo.

Por Giuliano, por el miedo, por León y porque.

.. porque estoy locamente enamorada de él y creo que no hay un peor momento que este para darse cuenta.

Pero así es la vida, no espera a que estés lista para tirarte jarros de agua fría por encima.

La vida arrasa y no pregunta. Llega, se impone y a ti, como ser humano, solo te toca aceptarlo y seguir adelante como buenamente puedas.

León se va mientras yo siento que me desintegro.

Miro su espalda y me pregunto cómo he podido mentirle y mentirme de un modo tan descarado.

Sabía que mis sentimientos por él iban más allá del simple aprecio y de la atracción, no soy tan ingenua como para haberme engañado a ese nivel, pero esto que siento ahora mismo es tan potente que no me explico cómo he podido ignorarlo durante todo este tiempo.

No estoy enamorada porque ahora esté buscando a mi sobrino y su sobrina como un loco. No es eso.

Estoy enamorada porque siempre ha sido igual de honesto y honrado con todo. Sé que lo quiero porque, de entre todas las personas que hay aquí, que son muchas, es el único al que necesito pedirle que me toque y me haga promesas, aunque sean en vano.

Sé que lo quiero porque dentro de mí existe la certeza absoluta de que León no es solo un gruñón con un pasado un poco tormentoso, sino alguien increíble que ha convertido mis días en Valdelila en un pasaje de película de esos que se quedan para siempre.

Lo quiero porque es una pieza fundamental del sueño que no sabía que tenía hasta que llegué aquí.

Lo quiero, pero no puedo decírselo. No ahora, cuando todo se está desmoronando de un modo tan crudo.

Ahora lo único en lo que puedo pensar es en que él nunca me ha defraudado.

Encontrará a los niños sanos y salvos y luego lo celebraremos a lo grande y nos olvidaremos de este terror que siento ahora.

Sí, eso es exactamente lo que ocurrirá.

Pero cuando pasan las horas, cae la noche y sigo sin tener noticias, ni de León ni de los niños, la poca esperanza que albergo se desvanece y todo lo que queda es la certeza de que la vida, a veces, es injusta sin motivos.

Porque yo no he sido la mejor cuidadora, ni la mejor trabajadora, ni siquiera la mejor novia, si es que puede decirse que alguna vez fui novia de León.

No, nunca he sido la mejor en nada, pero eso no significa que merezca esto. Nadie merece pasar por esto. Y en medio de esta tormenta me descubro preguntándome si debería avisar a Fiorella.

Y si la desaparición de su hijo va a importarle lo suficiente como para volver.

Me pregunto eso, y si no es muy triste albergar siquiera la duda, sea cual sea la respuesta.