Giulia, el amor y un puñado de lavanda 55. Giulia
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55. Giulia

Giulia

El día del cumpleaños de León ocurren varias cosas que cambian mi vida para siempre.

La primera llega con el atardecer, cuando Giuliano se cae y se raspa las rodillas, haciéndose sangre por primera vez en mi presencia.

El niño llora desconsolado y yo lo paseo en brazos de un lado a otro susurrando palabras tranquilizadoras en su oído que no le hacen efecto ni a él ni a mí.

No me importa que Samuel, en su sabiduría de veterinario, diga que no tiene nada grave y solo son heridas superficiales.

Sus rodillas han sangrado y yo he tenido ganas de arrancar hasta el último gramo de tierra del suelo y hacerlo arder en el infierno.

Eso, a su vez, es lo que me ha llevado a pensar que quizás, y solo quizás, me he implicado de tantas formas en la crianza de Giuliano que estoy poniéndome en riesgo a mí misma, porque si no soporto que el crío se raspe las rodillas, ¿cómo se supone que voy a aguantar todo lo que está por venir?

El niño me pide cada noche que no me vaya nunca.

Y cada noche le prometo que no me iré todavía. ..

Él no entiende el matiz del «todavía» y yo me siento como una mentirosa tramposa y traicionera, pero soy tan cobarde que aún no he encontrado otra alternativa y me consuelo diciendo que tengo meses para ayudarle a gestionar mi marcha.

Mi marcha...

Aquí viene la segunda cosa. Voy a irme de Valdelila.

Es un hecho. Fiorella regresará en unos meses y tendré que recordar que Giuliano no me pertenece.

Como tampoco pueden pertenecerme Valdelila ni León ni Casa Lavanda.

Porque ¿a qué estoy jugando con esto del niño, la empresa, la casa y el novio.

..? ¿A quién quiero engañar? La realidad es que estoy viviendo una vida que no es mía: el niño es de mi prima; la casa, de la familia, no es mía; el negocio.

.., ¿qué negocio? Si solo estoy vendiendo productos caseros en la clínica veterinaria de unos amigos, básicamente.

Por favor, ¿en qué momento he creído que esto podía convertirse en algo serio?

Llevar una empresa es algo muchísimo más complejo que jugar a hacer jabones y esencias; si ni siquiera he sido capaz de hacerme cargo del papeleo, lo ha tenido que hacer todo León.

Y en cuanto a León, el supuesto «novio», esa es la broma más grande de todas.

Una relación que ha empezado como una farsa y ahora se ha convertido en.

.., no sé muy bien qué. Pero no en una relación real.

No puede serlo cuando se ha construido en torno a una vida que no lo es.

Porque León me ha conocido siendo quien se supone que soy en Valdelila.

Pero ¿qué pensará cuando Fiorella vuelva y yo tenga que encontrarme a mí misma por enésima vez en la vida?

Cuando no me vea como una adulta semirresponsable —seamos realistas, tampoco lo he engañado tanto como para que piense que soy responsable de verdad— capaz de cuidar de un crío y de emprender un negocio.

Cuando vea que en realidad no tengo ni idea de lo que estoy haciendo y no la he tenido nunca.

No soportaría ver cómo se apaga la chispa de sus ojos al mirarme. No soportaría que descubriera que, al contrario de lo que piensa, él no es en absoluto un fracaso, pero yo sí. Porque habiéndolo tenido todo, no he sido capaz de construir nada jamás.

Imposible, mi corazón se haría pedazos, así que no, no puedo quedarme en Valdelila más tiempo del que me ha concedido el destino. Por mucho que eso también rompa mi corazón en mil pedazos.

—¿Te has enterado, mejor amiga? —pregunta Abi acercándose y sacándome de mis cavilaciones.

Lo agradezco, la verdad, porque no sé qué pasa hoy ni por qué de pronto necesito ponerme a reflexionar sobre cosas que no me hacen bien.

—¿De qué?

—Martina y Rubén se han liado.

—¿¿Qué?? —Busco a los protagonistas del cotilleo por el patio. Están separados, ella junto a los sándwiches y él hablando con Samu en una esquina—. ¿Quién te lo ha dicho?

—Los han pillado follando bajo las gradas del patio del cole. La que iba de chica de moralidad superior, ¿eh? Si es que las tontas son las peores.

Abro tanto la boca que temo que mi barbilla toque el suelo.

—No jodas.

—Al parecer, a Rubén no se le ha ido el gusto por pervertir los distintos escenarios de Valdelila.

Me río y estoy a punto de ir hacia él para chincharlo, pero León llega hasta nosotras, me abraza y me lleva a un aparte con el ceño fruncido.

—¿Qué pasa, gatito? ¿Has visto a un niño ser feliz y tu alma oscura no ha podido soportarlo?

—Mi madre quiere que me ponga a abrir regalos delante de todo el mundo como un idiota.

—¿Los que abren regalos delante de sus seres queridos son idiotas? —pregunto.

Él encoge los hombros y yo sonrío, porque no es que crea que son idiotas, sino que su sentido del ridículo se junta con el hecho de que sea tan discreto que parece de mentira.

León preferiría estar en cualquier lugar antes que siendo el centro de atención, lo que es curioso, porque he visto vídeos suyos jugando y me es imposible despegar los ojos de él.

—No pienso dar un discurso haciendo el imbécil.

—Ni abrir regalos como un idiota, ni dar discursos como un imbécil.

—No te rías, no es gracioso.

—Un poco, sí. —Me mira mal y hago un esfuerzo por dejar de sonreír—. Vale, ¿y qué tengo que hacer yo? ¿Quieres que vaya a defender tu imagen de ogro?

—Vámonos.

—León...

—Oye, he estado un montón de tiempo, está atardeciendo, hemos comido, he soplado las putas velas y he sonreído mientras me hacían fotos.

—Lo que tú llamas «sonrisa» yo lo llamo «mueca»; hazme caso, estaba a tu lado.

—Giulia...

—Abres los regalos y nos vamos.

—No, nos vamos ya.

—No puedo volver a dormir contigo, tengo a Giuliano.

—Nos lo llevamos. Tengo un juego de mesa que seguro que le encanta. O vemos una peli los tres y Bambi. O me voy contigo a Casa Lavanda. —Se queda un momento en silencio y asiente—. Mucho mejor, así no viene nadie de mi familia a tocarme los...

—No podemos, gatito.

—Pero ¿por qué no?

—Porque es tu cumple y toda esta gente quiere celebrarlo contigo.

—Toda esta gente quiere comer y beber gratis. Muchos ni siquiera me han saludado.

—Eso es porque das miedo.

—Yo no doy miedo. Soy un amor. —Me río y se ofende—. ¿No soy un amor?

—Para mí, sí.

—Suficiente. Lo que piense el resto del mundo me importa una mierda, así que...

—¿Y lo que piense yo no te importa una mierda?

—No.

—¿Por qué?

—Porque quiero que quieras estar conmigo tanto como yo contigo. Lo único que me preocupa es que un día te hartes de mí. Cualquier persona de esta fiesta podría desaparecer y yo no me daría ni cuenta, pero si tú te pierdes dos minutos de mi vista voy a buscarte sin descanso.

Vaya, no me esperaba este arranque de sinceridad por su parte.

Desde que pasamos de la farsa a la relación-no-relación que tenemos ahora, León no se ha molestado en ocultar el cariño y el deseo que siente por mí, y yo tampoco lo he hecho: ambos nos mostramos empalagosos con el otro, aunque seguimos picándonos mutuamente a menudo, y damos rienda suelta a nuestra lujuria casi a cada minuto del día.

Pero oírle decir algo que suena tan definitivo.

.. Mierda, dejar Valdelila va a ser mucho más difícil de lo que jamás habría imaginado.

—Ay, León...

—Vámonos. Deja que te rapte, principessa .

Ay. ¿Por qué mi corazón tiene que acelerarse cuando dice esas cosas?

Trago saliva y me digo a mí misma que es normal, porque es guapo, folla como los ángeles y tiene una gran personalidad.

Claro que me va a resultar difícil renunciar a algo así, pero eso no significa que vaya a cometer el mayor error de mi vida al dejarlo atrás, ¿no?

—Giulia.

—Oye, gatito, sé que estás harto, pero no podemos irnos porque es tu cumple.

—Giulia.

—Tienes que abrir los regalos. Contenta a tu madre, hombre, ¿qué más te da? Un minuto y listo.

—Giulia.

—Si de todas formas...

—Giulia, gírate, joder.

Miro a León a los ojos, pero él no está mirándome a mí, sino a un punto justo por encima de mi cabeza. Me giro, esperando encontrarme con que Rubén y Martina han decidido dar un espectáculo gratis o con que alguien se ha caído de una forma cómica, pero no veo nada de eso.

Lo que sí veo es a mi prima Fiorella acercándose a Giuliano mientras sonríe y abre los brazos para alzar en volandas al que es su hijo, aunque yo no deje de llamarlo «mío».

Y ahí está: el golpe de gracia y la tercera cosa que hoy cambiará mi vida para siempre.