Giulia, el amor y un puñado de lavanda 48. Giulia #2
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48. Giulia #2

—¿Estás enfadada conmigo? —pregunta León de pronto, interrumpiendo el hilo de mis pensamientos.

Lo miro y me sorprende que su rostro esté serio. Supongo que he estado reflexionando más tiempo del que imaginaba, porque la mesa está puesta con el sushi , los niños siguen jugando y yo continúo mirando hacia donde está Giuliano como si no pudiera apartar los ojos de él.

—No, ¿por qué? —Enarca una ceja y me río—. Estoy frustrada, gatito, no enfadada.

—Lo entiendo, pero estoy a punto de arreglarlo.

—Ah, ¿sí?

—Ajá.

—¿Y cómo?

—Ya lo verás.

Se sienta y no dice nada más, así que le sigo el rollo.

Cenamos entre risas, buena charla y una conversación tan fluida que, cuando quiero darme cuenta, Giuliano y Bella se han dormido en el sofá mientras veían una película. Bambi sigue junto a ellos, vigilando. Más que un perro enorme y juguetón, parece un guardián de los niños.

—Hora de volver a casa —murmuro al tiempo que me levanto—. Gracias por todo, chicos. Gatito, ¿nos llevas?

—Es que amo tanto que te llame así... —Abi se ríe mientras mira a su hermano—. Creo que empezaré a hacerlo yo también.

—Ni se te ocurra.

—¿Y por qué ella puede?

—Porque ella lo compensa de formas que tú no puedes, Abigail.

— Touchée .

Samuel se ríe y pasa un brazo sobre el respaldo de la silla de Abi.

—A mí puedes llamarme como quieras, amor.

—Lo sé, cielo. Y lo hago.

—Hora de irse —masculla León de mala gana.

Me río, porque es increíble que él sí pueda hacer bromas con su hermana, pero le resulte insoportable imaginarla en cualquier situación mínimamente íntima con su marido.

Estoy a punto de coger a Giuliano en brazos cuando él me detiene.

—En realidad, él hoy se queda aquí.

—¿Qué? —pregunto confusa.

—Abi y Samu se han ofrecido a quedarse a Giuliano hasta mañana.

—Hay una pequeña sonrisa en su rostro mientras lo dice.

Como si estuviera contento de darme esta sorpresa y, al mismo tiempo, contenido por si me enfado—.

Sé que en tu casa están tus padres, pero incluso ellos agradecerán tener una noche libre.

Y Giuliano está acostumbrado a dormir contigo, así que, si se despierta de pronto y te reclama, será más fácil y rápido llegar hasta aquí.

—Será más fácil y rápido porque tú dormirás con mi hermano —interviene Abi.

—Creo que eso estaba bastante claro, joder. Deja de meterte donde no te llaman.

—Estás en mi salón tartamudeando, chico. La culpa es tuya.

—¡Yo no tartamudeo!

Bella se remueve y Abi lo mira mal.

—Si se despierta por tus gritos, se joderá tu plan y el mío, porque vas a quedarte con ella.

Eso hace que León se calle y me mire.

—¿Te parece mal?

Miro al hombre gruñón y huraño que hasta hace unas semanas no sabía hablarme sin ladrar y siento que algo estalla dentro de mí.

Podría decírselo. Podría confesar que, cuando hace estas cosas, siento que algo se agita con fuerza en mi interior, pero una vez más hay una vocecilla que me lo impide, de modo que solo suspiro y encojo los hombros con una indiferencia que no siento, ni de lejos.

—Ya que te has esforzado en buscarle a Giu un plan alternativo divertido, supongo que puedo pasar la noche contigo. ¿Has puesto sábanas en la cama del cuarto de invitados para mí?

Abi se ríe, lo que da a entender que sigue con el oído puesto en nuestra charla, y León resopla y se acerca, imposibilitando que nadie más le oiga cuando hable.

—He puesto sábanas en mi cama, pero si las cosas van como yo espero, mañana estarán para cambiarlas de nuevo.

Trago saliva. Vale, eso ha sido muy gráfico. Y me ha gustado mucho. Y, por la manera en que sonríe, pagado de sí mismo, él sabe que me ha encantado, así que carraspeo, le sujeto la mano y tiro de su enorme cuerpo hasta la puerta, porque las palabras sobran. Al menos las que tengo que decirle a él.

—Gracias por quedarte con mi niño, mejor amiga. Te prometo que te haré de canguro una noche para que te hartes de tener sexo guarro con tu marido.

—Giulia, joder —dice León apretándose los ojos con las manos.

—Por eso eres mi mejor amiga y te quiero —responde Abi.

—No eres mi mejor amiga, pero también te quiero por eso —dice Samu.

Suelto una carcajada y León aprovecha para sacarme de una vez por todas de la casa. Cuando ya estamos fuera, me alza para ponerme a la altura de sus ojos, besa con ímpetu mis labios y me mira fijamente.

—No vuelvas a hacer insinuaciones sexuales acerca de mi hermana en mi presencia. De ahora en adelante, tus únicas referencias al sexo serán personales y solo si se tratan de ti y de mí.

—¿De ti y de mí? ¿No quieres que te cuente lo que hago cuando estoy sola y pienso en ti?

León tiene muchas formas de gruñir. De verdad. No es un cliché. Sé que es difícil imaginar a alguien gruñendo por todo, pero tiene distintas tonalidades dependiendo del contexto. Y acabo de presenciar el gruñido que suelta cuando algo le gusta tanto que no encuentra palabras para expresarse.

Podría decir que no es nada excitante, que no me pone y me deja bastante indiferente. Podría, pero estaría mintiendo.

La realidad es que ver y sentir a León así solo hace que me consuma la ansiedad ante la anticipación de una noche que sé, desde ya, que va a dejarme huella.