24. León
León
Recorro los pasillos del colegio con seguridad y aplomo, intentando no mostrar mi enfado abiertamente.
Ayuda mucho que, según Abi, tenga cara de culo siempre, porque de ese modo no necesito forzar una sonrisa.
Odio forzar sonrisas. Joder, si ya me siento raro sonriendo cuando de verdad me apetece, no quiero ni imaginar si las fuerzo.
Abro la puerta de la clase de Martina sabiendo que no hay nadie más dentro.
No por nada he esperado pacientemente hasta que casi todos los padres se han largado, incluida Giulia, que no se ha percatado de mi presencia porque estaba demasiado concentrada en coger a Giuliano en brazos y llevarlo al descapotable, donde sus padres lo esperaban con una canción infantil en italiano a todo trapo mientras parte del pueblo miraba con recelo la escena.
Admiro eso de ella y su familia. Puede que los habitantes de Valdelila no estén dispuestos a confiar en ellos a raíz de las acciones pasadas de Giulia y las acciones no tan pasadas de Fiorella, pero, en vez de achantarse y pasar los días como si estuvieran pisando sobre cáscaras de huevo, Giulia y sus padres se dedican a hacer ruido y vivir sus vidas sin que les importe lo más mínimo lo que piensen. O eso parece.
Es casi como si gritaran «¡Así somos y no pensamos escondernos!». Es algo admirable. Sobre todo para alguien que, como yo, intenta pasar desapercibido todo el tiempo.
—¡León! Qué sorpresa. —La sonrisa genuina de Martina hace que me sienta incómodo.
No es una mala mujer, estoy seguro de ello, pero me temo que tiene una idea equivocada acerca de nuestra relación.
O no relación, más bien. Tuvimos algunas citas, sí, pero bastó con una para saber que no era una chica adecuada para mí.
O no, ella es adecuada, porque es agradable, lista y simpática.
Más bien soy yo quien no encaja con ella.
Mi actitud huraña la incomoda, se nota, y yo no tengo las ganas ni la necesidad de estar fingiendo ser lo que no soy.
Ni ella debería aspirar a eso. Tendría que encontrar a un chico agradable y risueño que encaje con su forma de ser, pero, por alguna razón que no alcanzo a comprender, sigue interesada en mí.
Solo se me ocurre que es por descarte. No hay tantos solteros en Valdelila.
—Quería hablar contigo un momento —digo sin andarme con rodeos. A mí eso nunca se me ha dado bien.
—Oh, tú dirás.
—He oído que algunas madres no están seguras de asistir al cumple de Giuliano porque tú misma no estás segura de ir.
Intento que mi voz suene calmada y no refleje que, en realidad, estoy que ardo.
Desde que esta mañana Abi ha hablado con Giulia, ha estado haciendo trabajo de investigación.
En realidad, gracias a que la gente de este pueblo es sumamente cotilla, lo ha tenido muy fácil para averiguar que ha sido la propia Martina la que ha plantado la semilla de la duda con respecto al cumpleaños de Giuliano.
Me ha sorprendido, hasta que mi hermana me ha comentado que todo esto puede ser un berrinche porque estoy teniendo citas con Giulia y no con ella.
Suena fatal decirlo, la verdad, pero reconozco que las piezas encajan, y no pienso quedarme de brazos cruzados mientras Giuliano paga las consecuencias de este triángulo amoroso tan absurdo.
Sobre todo porque, en realidad, Giulia está haciéndome un favor fingiendo las citas falsas y no debería haberse visto envuelta en este lío.
Claro que eso no puedo contárselo a nadie, salvo a Abi, que es la única que conoce nuestro secreto.
—Yo no he dicho eso —dice Martina sintiéndose claramente atacada.
—Ah, ¿no? ¿Y qué has dicho?
—Nada. Giulia me pidió que invitara a las madres y yo escribí a la delegada para que trasladara el mensaje. Ella lo dijo en el grupo de WhatsApp.
—¿Por qué Giulia no está en ese grupo?
—Bueno, León, porque no es una madre.
—No, pero es la persona que cuida de Giuliano. ¿Fiorella está?
—Se salió poco después de que la metieran, según tengo entendido.
—Entonces, en el grupo de clase no hay nadie en representación de Giuliano. ¿Es eso?
—Nadie ha preguntado tampoco si había un grupo en el que ingresar —contesta a la defensiva.
—Según mi punto de vista, no tiene por qué saberlo. Quiero decir, no es madre y ni siquiera vivía en España hasta hace unos días, así que no sabe cómo se gestionan las cosas en los colegios de aquí. Ni siquiera yo lo sé y hace unos años que volví.
—Pero sí sabes de la existencia del grupo.
—También Abi, y ella me ha dicho que nadie ha hablado del cumple de Giuliano en el que está ella. A no ser que haya varios, claro...
Tocada y hundida. La propia Abigail quería venir a ponerle los puntos sobre las íes. Si estoy aquí en lugar de ella es porque me siento responsable, no porque tenga ganas de meterme con un puñado de madres alcahuetas que andan comportándose como niñatas por puro aburrimiento.
—Mira, yo no sé cómo ha sido. Yo trasladé el mensaje y me llegaron dudas externas. Y hasta ahí puedo contar.
—¿Vas a ir?
—¿Qué?
—¿Tú vas a ir al cumple? Espero que sí. Es tu alumno.
—Como maestra, intento no mezclar demasiado lo laboral y lo personal.
—Pero vas a los cumples del resto. Lo sé porque te veo por ahí cuando me toca llevar a Bella.
—Pero no forma parte de mis obligaciones como maestra. Eso lo entiendes, ¿no?
—Por supuesto. Simplemente pensé que, teniendo en cuenta la situación tan delicada que atraviesa Giuliano, el pueblo se volcaría para arroparlo.
Es algo que siempre ha caracterizado a Valdelila: cuidamos de los nuestros.
Yo volví aquí por eso, en parte: porque sabía que mi gente me haría sentir mejor después de fracasar en el baloncesto.
Me sorprendo cuando esas palabras salen de mi boca. Yo jamás saco este tema delante de nadie y, de hecho, un ramalazo de dolor atraviesa mi pecho al hacerlo. Pero, por algún motivo, tampoco me arrepiento. La causa lo merece, supongo.
—No fracasaste. Sufriste un desgraciado accidente y...
—Y la gente de aquí me hizo sentir en casa desde que puse un pie de vuelta.
Es lo que me gusta de este pueblo. Puede que no seamos perfectos, pero sabemos unirnos para hacer sentir bien a los nuestros.
Y Giuliano es de los nuestros, independientemente de lo que penséis de su familia.
Ese niño se está criando aquí, y eso lo convierte en un habitante más de Valdelila.
Martina está un poco roja, creo que de la rabia.
Los dos sabemos muy bien que estoy tocando teclas que igual no debería tocar, porque esto no tendría que ser de mi incumbencia.
.. Pero si estoy aquí es porque, por celos, está intentando joder a un niño que no tiene la culpa de nada. Y por ahí sí que no voy a pasar.
—Hablaré con las madres y me aseguraré de dejar claro que, como maestra de Giuliano, pienso ir a su cumple y pasarlo en grande.
—Eso es lo que yo pensaba —contesto sonriendo—. Será divertido. Creo que Giulia está organizando un auténtico fiestón.
—¿En serio?
—Algo comentó el otro día, sí.
—¿Vais en serio? —La miro fijamente, intentando hacerla sentir incómoda, pero no se amedrenta.
Y es curioso, porque en las citas que teníamos bastaba que yo dijera algún taco para que se tensara.
Al final va a resultar que Martina sí que tiene carácter, pero solo para algunas cosas—. Giulia y tú —insiste—. ¿Vais en serio?
Podría decirle que no. Debería dejar claro que nos estamos conociendo a ver qué pasa, porque eso bastaría para que ella dejara de querer citas conmigo y mi madre se mantuviera calmada, pero resulta que estoy cabreado con ella.
Estoy cabreado porque ha intentado joder a Giuliano, sí, pero también porque Abi me ha dicho que a Giulia se le han saltado las lágrimas esta mañana.
Y no necesito conocer mucho a esa chica para saber que es algo que no suele pasar.
—¿Quién sabe? —respondo—. Yo solo sé que la miro y se me altera todo, ¿sabes?
No es mentira. Martina no tiene por qué saber que, la mayoría de las veces, lo que se me altera es la paciencia y la ansiedad.
Puede que Giulia esté un poco chiflada, sea excesiva, bocazas, consentida y se ría de mí cada vez que tiene oportunidad.
Puede que sus labios rojos me hagan pensar en cosas que, desde luego, no debería pensar.
Y puede que despierte en mí unos nervios que ni quiero, ni necesito, pero, por alguna razón, saber que alguien ha intentado hacerle daño a propósito me está sacando de mis casillas.
Y antes muerto que quedarme de brazos cruzados mientras la hacen llorar, joder.