Capítulo 66
Rebecca
Una semana después
He duda do mucho en hacer esto, y una vez decidí que lo haría, pensé cuál sería el lugar adecuado. Así he acabado sentada en un banco del parque Common, donde hace solo un par de meses me estaba replanteando toda mi vida.
Pero hoy estoy aquí por otro motivo, pasar página, cerrar una herida.
Tengo los codos apoyados sobre las rodillas, mirando al frente, impaciente. He acudido quince minutos antes, para pensar, relajarme y escoger bien mis palabras cuando llegue el momento.
Cara lleva años mandándome mensajes y yo me he dedicado a ignorar la mayoría de ellos. Es triste admitirlo, pero una vez la perdí de vista, su ausencia no me resultó devastadora; al revés, sentí cómo la presión disminuía.
Nunca se ha terminado de dar por vencida.
Me gustaría saber qué cara puso, cuando le llegó mi mensaje preguntando si podíamos vernos. La respuesta no tardó en llegar, larga, eufórica y afirmativa.
Si Axel y yo estamos en lo cierto, lo que hizo es más que una traición.
Es rebasar los límites de la confianza y la moralidad.
Una verdadera putada, porque no tiene otro nombre.
Los celos no tienen cabida en este tema, es demasiado personal y crudo.
Además, no tiene sentido cuando ni siquiera sabía que a ella le gustaba Eric, y menos que tenía nada con él.
Sabiendo lo que sé ahora, estoy casi segura de que lo de esos dos empezó incluso cuando yo estaba en medio del asunto.
Lo único que me produce es asco y rechazo.
Alzo la vista y ahí está, caminando de forma apresurada en mi dirección. Impecable, como siempre, con el pelo ondulado cayéndole por la espalda, donde el color rojizo destaca en un vestido blanco. Ella no defrauda, sofisticada y elegante, como una muñeca que admiras a través de una vitrina.
Su vida ha sido fácil, económicamente hablando claro, porque el afecto de sus padres no lo ha conseguido por más que lo ha intentado.
Eso me dolía, porque yo era capaz de ver detrás de sus comentarios fuera de lugar y sus berrinches sin sentido.
Pero comprendí que no podía perderme a mí por intentar salvarla a ella.
Y tampoco hizo méritos para que me quedara.
Cuatro años de amistad fueron suficientes para saber que nuestros caminos tendrían que separarse, y eso que todavía no sabía el golpe final.
—Bec, ¡estás guapísima! —Se acerca con intención de agacharse donde estoy sentada y darme un abrazo—. ¡Dios mío! ¡Qué ganas tenía de verte!
No voy a mentir, un trocito pequeño de mi corazón ha brincado al verla. Fue importante para mí, le confié todos mis secretos y hubo un momento de mi vida en el que me refugié bajo su escudo, sintiéndome más segura. Pero el lapsus dura solo un instante, el que tardo en recordar por qué estoy aquí.
Se queda quieta cuando ve que no tengo intención de levantarme ni de dejarme abrazar, mucho menos de devolvérselo.
—Hola, Cara —saludo, y le señalo el hueco a mi lado en el banco—, puedes sentarte aquí.
No es propio de ella ser complaciente, se le nota la sonrisa forzada ante mi rechazo. Después del tiempo que le ha costado que yo consienta este encuentro, parece estar dispuesta a lo que le ofrezco.
—¿Cómo estás? Tengo tanto que contarte. Estoy muy feliz de que me hayas hablado. —Empieza a parlotear sin descanso sin darse cuenta de que no me interesa.
Continúa sin recibir respuesta. No le importa, porque quizás siempre ha sido así y yo nunca fui consciente. Así que no duda en seguir hablando.
—Pero antes quería volver a pedirte perdón. Fui una tonta, me equivoqué. Eric solo era un capricho y tú eras mi mejor amiga y…
—No estamos aquí por eso —la interrumpo.
Frunce el ceño, lo que me hace dudar. Tiene que ser una actriz fantástica si piensa que todos nuestros problemas se resumen a un chico con el que no llegué a tener nada y que me importa una soberana mierda.
O verdaderamente es estúpida, aunque no me extraña, porque no llegó a entender que lo que me dolió de aquella parte fue el engaño.
—Voy a ser directa, han pasado cinco años y me lo debes.
Ladea la cabeza haciendo como que no comprende nada. Viene preparada y tampoco le hace falta, lleva entrenando toda su vida, la he visto en innumerables ocasiones utilizar diferentes facetas sin esfuerzo.
—No sé de qué me estás hablando, pero seguro que podemos solucionarlo. —Pone su mano sobre la mía mientras lo dice con expresión tierna.
Lo que yo digo, una buena actriz.
—¿Le dijiste a alguien lo que me pasó? ¿Lo del embarazo?
Y, ahí está, una mueca casi imperceptible, pero visible para alguien que la ha conocido tanto como yo. Una grieta en la máscara de seguridad que muestra.
Cara hace un gesto de incredulidad que le sale más falso de lo que ella pretende.
—No… —Intenta mantenerse segura, pero ya es tarde—. A nadie, Bec, jamás haría algo así.
—Entonces, por ningún motivo, se te ocurrió mandarle un mensaje anónimo a Axel. —Como he dicho, voy al grano—. Con fotos incluidas.
Empieza a moverse en el sitio, retira su mano de la mía y se la lleva a la boca, teatralmente. Ya tengo lo que necesitaba, está mintiendo.
—Claro que no…
Me levanto, colgando el bolso de mi hombro, con intención de no escuchar ni una palabra más.
—¿Dónde vas? Espera, espera por favor —suplica agarrándome por el codo.
Me deshago de su agarre de un tirón, girándome para que pueda verme bien y entender las últimas palabras y pensamientos que voy a dedicarle. Quiero que entienda la gravedad de lo que ha hecho y que no estoy dispuesta a ningún chantaje emocional por su parte.
—Te conozco, me estás mintiendo. Lo menos que podrías hacer, después de todo el daño que me has causado, es no ser una cobarde y admitirlo —le grito.
Finalmente, he perdido la compostura, ha conseguido crisparme los nervios. No tengo la necesidad de seguir aquí sentada cuando sé con seguridad que no está diciéndome la verdad. Solo pudo ser ella y su lenguaje corporal lo deja claro.
—Bec —empieza, y esta vez su tono de voz se rompe—. Yo… yo me equivoqué —admite por fin.
—Lo sé. Y lo pagué muy caro.
—Yo te quería —afirma desesperadamente—. Te quiero —se corrige.
—Esa no es forma de amar a nadie. Yo no te hice nada, no me lo merecía, y tú cogiste mi momento más vulnerable para rematarme por completo. ¿Por qué cojones hiciste una cosa así, Cara? ¿Por celos? Tus inseguridades me han costado más de lo que piensas.
—Lo siento, no sabes de verdad cuánto lo siento. Llevo años arrepintiéndome de ese arrebato estúpido e infantil. No es propio de mí.
Permíteme que lo dude.
—Basta, no quiero escucharte más. Quiero terminar con esto aquí y ahora, así que, si alguna vez te he importado, escúchame bien.
Ella asiente frenéticamente, está intentando agarrarse a un clavo ardiendo con tal de que la perdone.
—A pesar de todo, no voy a guardarte rencor. —Sus ojos brillan al oírme decir esto, pero se equivoca—. Quiero que seas feliz y que las cosas te vayan bien, me niego a estar enfadada eternamente por algo que pasó hace años.
Prácticamente está dando saltitos en el sitio de la alegría.
—No sabes cuánto te lo agradezco, te compensaré, te lo prometo.
—No vas a hacerlo porque no vamos a retomar aquella amistad, y tampoco el contacto. Esta es la última vez que vamos a vernos.
—Pero has dicho… —se resigna.
No lo comprende y no seré yo quien se lo explique. Sé que me ha escuchado y, aun así, sigue sin entenderlo. Está acostumbrada a manejar tal grado de toxicidad que, para ella, esto es un bache, algo que dejar a un lado.
—Que no te desee una mala vida no quiere decir que te quiera en la mía. Así que, por favor, no me mandes más mensajes y no me buques. No tengo nada más que decirte.
—Cometí un error, pero…
Espero que aprenda a quererse de verdad y se rodee de personas que hagan lo mismo con ella. Desde luego, esa persona no volveré a ser yo.
—Adiós, Cara.
Se queda petrificada en el sitio y, antes de irme, la escucho susurrar un adiós también para mí. Espero de corazón que lo haya entendido porque hablaba muy en serio, es la última vez que tendré contacto con ella.
A lo mejor no tenía sentido reabrir esto ahora, cuando ya llevábamos años sin vernos. Pero ella siempre insistió, y esto lo he hecho por mí. Por dejarlo atrás y para sanar.