Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 64
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Capítulo 64

Rebecca

Od io las despedidas.

El fin de semana se ha pasado en lo que dura un parpadeo.

​ Esta mañana, Axel se fue a hacer un poco de senderismo con sus dos amigos. Los demás fuimos al centro, Amber y Lia querían comprar algo de recuerdo y Peyton las llevó a los mejores puestos locales. Brad nos acompañó, porque quería pasar algunas horas más conmigo antes de irse.

​ Y también porque ha descubierto que no todas las mujeres le hacen una ovación cuan d o lo conocen, lo que le ha creado una extraña fascinación por la mejor amiga de Axel.

Por ese motivo, aunque lo niegue —conozco a mi hermano—, no ha querido perderse la oportunidad de flirtear con ella un poco más antes de irse.

​ Me consta que le ha dicho que volverá por Boston, ya que ahora tiene algo interesante que ver en la ciudad.

Lia simplemente se ha reído y le ha dicho que es una mujer ocupada, pero, en el fondo, se la ha ganado, siempre lo hace.

También se ha llevado un rapapolvo de mi parte, porque yo también vivo en Boston, por si se le ha olvidado.

​ La cosa es que he notado el comportamiento de mi hermano un poco extraño, más hiperactivo y descentrado de lo normal. Me ha contado que últimamente tiene mucha presión en el trabajo y que está algo estresado, pero, no sé, sigo mosqueada con eso.

​ También me he percatado de su actitud de mierda con Axel —porque sí, me había dado cuenta de eso—. Se ha suavizado, no hasta el punto de considerarse amigos o colegas, aunque, al menos, más cordiales. Que ayer Brad le echara una mano con la herida parece que los unió.

​ Cuando terminamos nuestras actividades, nos volvimos a reunir en las cabañas para cargar los coches e irnos cada uno a su destino.

​ Las chicas me han prometido que pronto vendrán de visita, ojalá sea verdad porque no quiero volver a estar tanto tiempo sin verlas.

Axel les ha ofrecido nuestra casa, perdón, su casa, para que se queden cuando vengan.

Aunque, cuando lo hagan, quizás él ya se haya ido y yo haya encontrado otro sitio donde quedarme.

​ Qué asco, no quiero irme de esa casa y no quiero tener más despedidas.

​ El camino de vuelta sí que ha sido raro, la tensión en el coche podía cortarse.

Axel no ha abierto la maldita boca en casi las tres horas por carretera que llevamos hasta Boston.

Anoche estaba nervioso, apenas me dirigió la palabra y se fue a su dormitorio, sí, a su dormitorio, acostándose temprano.

​ Al parecer, seré idiota todos los días de mi vida. Porque yo me había montado una película, donde Axel y yo repetíamos teniendo el mejor sexo posible. Y para rematar dormíamos juntos, en la misma habitación.

​ Pero no ha sucedido y, en cambio, está frío y distante.

​ Eso me pasa por malinterpretar las cosas. No sé qué demonios me pensaba, ¿que ahora dormiríamos juntos todas las noches? Pues claro que no, maldita sea, estamos volviendo a Boston y el fin de semana idílico se ha acabado.

​ Entramos por la calle de la urbanización y esta tensión me está matando, necesito que diga algo, lo que sea.

​ —¿Todo bien? Estás muy callado.

​ Corrijo, no está callado, es un fantasma, hasta la piel le ha bajado de tono.

​ —Sí—sisea no muy seguro—, pero deberíamos hablar…

​ Se detiene en seco y estoy a punto de preguntarle qué pasa cuando sigo la dirección que toma su mirada.

​ Perfecto, justo lo que me apetecía. Ver a su exnovia, o novia, o lo que quiera que sea, plantada en el jardín delantero, esperándolo como si fuera la señora del lugar.

​ —Ah… —es lo único que consigo decir.

​ A su favor, no parece estar muy entusiasmado con la estelar aparición de Deva.

​ —Rebecca, yo no… la esperaba aquí —se justifica.

​ —No importa, es normal que quiera verte, tendréis cosas de que hablar, imagino.

​ No le doy opción a explicaciones, sinceramente no las quiero, ellos sabrán lo que tienen, lo único que sé es que sobro.

​ —Os dejo intimidad, aprovecho para ir a hacer la compra —le comunico, y él asiente con un suspiro hastiado—. Nos vemos luego.

​ Saludo a Deva al bajar del coche de Axel porque, ante todo, soy educada, aunque de ella reciba una simple inclinación de cabeza y una mueca disgustada.

Y me dirijo directamente al mío, que está aparcado en la acera frente la casa.

Que saque las maletas si quiere, yo no pienso quedarme aquí ni un minuto más.

Arranco el motor y me largo, con la rabia quemándome el pecho y las lágrimas gritando por salir.