Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 62
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Capítulo 62

Rebecca

La última presentación de este fin de semana, en una librería en el centro de Burlington, ha ido justo como lo planeé.

La sala se llenó por completo y, en esta ocasión, también asistían los amigos de Axel en primera fila.

Las chicas también decidieron venir, felicitándolo al acabar y dándome la enhorabuena por mi trabajo.

​ Juntos, formamos un gran equipo. Echaré de menos todo esto cuando termine. Cosa en la que no pienso mucho, porque eso querrá decir que también tendré que decirle adiós de nuevo.

​ Me reconforto pensando que este es el final que merecíamos y no el que tuvimos.

Pero lo que de verdad quiero es que no haya ningún tipo de final.

La conexión que siento ahora es más fuerte, más madura y más real.

Lo que me gustaría es escribir un capítulo tras otro, o saltar directamente al epílogo.

​ Aun con todo esto, estoy preparada para despedirme.

He conseguido mi objetivo, ahorrar para poder empezar de cero.

Buscar un nuevo trabajo, conseguir un piso y seguir adelante.

No soy tan tonta como para pensar que un poco de sexo ha hecho que Axel se lo replantee todo y, de repente, esté locamente enamorado de mí.

​ Aunque yo sí esté completamente enamorada de él.

​ Esa casa… de ladrillo rojo y ventanas azules. A veces, mi imaginación vuela sin control, visualizando que es nuestra casa de verdad, donde vivimos juntos porque lo hemos elegido.

Que nuestro futuro se encuentra en Boston, compartiéndolo todo.

Luego vuelvo al mundo real, siendo consciente de que Axel no me quiere de ese modo —ni de ninguno, quitando la atracción sexual—, que tiene un exitoso trabajo lejos de Massachusetts y que sigue teniendo una relación en el aire, a la que puede que vuelva.

​ He pensado en decirle que le quiero, en explicarle lo que pasó hace tantos años, no es que eso lo cambie todo, pero quizás pueda verlo desde otra perspectiva.

Tengo claro que le gusto, sin embargo, cuando recuerdo que no me corresponde de ese modo, vuelvo a guardar mis sentimientos dentro de mis entrañas y a convencerme de que es mejor así.

​ Todavía nos queda algo de tiempo y pienso regodearme en mis ilusiones hasta que esto termine. Me da igual estar viviendo un espejismo.

​ —Pásame otra hamburguesa —grita Willow.

​ Al terminar con la firma de libros, Peyton ha propuesto que hagamos una barbacoa en las zonas comunes del recinto donde nos alojamos.

Me río al pensar lo mucho que se parece esto a un campamento.

La media de los asistentes roza los treinta años, o la pasa, en el caso de Regan, quien se ha visto obligado a quitarse el traje.

​ —También podrías mover el culo y echarme una mano —le responde Daxton, que está a cargo de las brasas.

​ —Ya te ayudo yo —se ofrece Peyton.

​ No es que mi amiga sea la más risueña y sociable de nosotras, más bien es la que maneja los comentarios afilados y las respuestas directas.

Pero está haciendo un esfuerzo con Daxton Fuller, porque se le ha metido en la cabeza que la odia y no entiende por qué.

Si no le hubiera prestado atención, Peyton ni siquiera se habría molestado, aunque, tanto cuando estábamos en la universidad como ahora, él parece sentirse realmente incómodo cuando ella anda cerca, lo que lo convierte en un reto personal.

​ —No es necesario —declara tajante Daxton, con los hombros tensionados.

​ Pey se queda con los platos vacíos en las manos, apretando los dientes, sus ojos azules están más oscuros que su pelo negro. La conozco, se está aguantando un comentario venenoso ante su rechazo.

​ —Puedes ayudarme a mí si quieres, preciosa. —Willow le guiña un ojo, mordiendo la lengua de forma lasciva.

Peyton resopla y se echa a reír, pero al jugador de hockey no parece hacerle ni puta gracia la insinuación. De verdad que no entiendo nada, tengo que preguntarle a Axel qué le pasa a su amigo, actúa de forma rarísima.

​ —¿Hay comida para mí?

​ Literalmente, se me cae el vaso de refresco que tenía en la mano. Me giro ante esa voz y abro la mandíbula como un dibujo animado.

​ —¡brAD!

​ Chillo y corro entusiasmada como si tuviera cinco años. No me lo pienso al saltarle encima a mi hermano y encaramarme a él como si fuera un koala.

​ —Te dije que nos veríamos pronto, peque.

​ Casi se me saltan las lágrimas al escuchar ese apelativo. Hace demasiado tiempo que no lo veo, le he echado muchísimo de menos.

​ —Pero ¿qué…? ¿Cómo…?

​ —Me dijiste que estarías aquí el fin de semana, así que me aseguré de que no mentías llamando a Peyton. —Mira justo detrás de mí donde está mi amiga, guiñándole un ojo.

​ Aún sigue aupándome y agarrándome fuerte como si fuera una muñeca.

Es un poco más bajo que Axel, pero, aun así, no tiene nada de escuálido.

Brad es un tío al que le gusta cuidarse, aunque sospecho que es porque le encanta ligar, sea en el contexto que sea.

Jamás le he visto perder la ocasión de sacar sus armas de seducción.

​ Es consciente de su físico y se aprovecha de ello siempre que puede. Sus ojos son iguales que los míos, pero en color azulado, y con los años ha conseguido tener más masa corporal que mi padre, y eso que era militar.

​ —¿Me estás controlando? —Frunzo el ceño cómicamente.

​ — Asegurándome de que estás bien y no haces idioteces como dormir en un puñetero coche. —Ha cambiado a nuestro idioma materno para que la conversación quede entre nosotros—. En serio, ¿en qué demonios estabas pensando? ¿Por qué no me llamaste?

​ No sé cómo explicárselo. Me da muchísima vergüenza tener que contarle lo mal que me ha ido.

Ni siquiera sabe que los intereses por el crédito estudiantil me estaban ahogando.

Él siempre toma las mejores decisiones, es inteligente y responsable, el orgullo de mi familia.

No comprendería que la sensación de fracaso me acompaña desde hace demasiado tiempo.

​ O a lo mejor estoy subestimando a mi hermano mayor y no debería haber sido tan estúpida como para ocultarle las cosas. Ya confié en el cuando pasé uno de los peores momentos de mi vida y jamás me juzgó. Solo me escuchó, apoyó y soportó mis lágrimas, pidiéndose días libres para estar conmigo.

​ —Ven dentro y hablemos.

​ Lo mejor será que se lo explique todo ya y así podamos disfrutar del resto del fin de semana, porque es obvio que ha venido a por respuestas y, si no se las doy, esto se volverá incómodo para todos.