Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 56 #2
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Capítulo 56 #2

​ No sé cómo he acabado de rodillas en el suelo de la cocina, merendándome a Axel de esta forma, pero puedo afirmar que estoy tan cachonda que podría correrme con un simple roce. Así que lo intento, llevo una mano entre mis piernas y empiezo a tocarme. Por desgracia, él lo impide.

​ —Eso me pertenece, yo me ocuparé —dice entre jadeos.

​ Cojo aire y continúo un poco más mientras él alterna entre tocarme los pechos, retorcerme los pezones y mover mi cabeza.

​ —Voy a…, jodeeer —exhala ahogadamente.

​ Entiendo muy bien lo que necesita, el clímax está empezando a recorrerlo e intenta apartarme, pero no se lo permito. Lo agarro más fuerte y subo la intensidad.

​ Abre los ojos al ser consciente de mi intención y en cuestión de segundos pierde el control, gruñe palabras ininteligibles y se derrama en mi garganta, manteniéndose dentro de mí, hasta el fondo.

​ Se retira cuidadosamente, aún alterado, pero no duda en agacharse y quedarse a mi altura, sonriendo.

​ —Ha sido increíble, Becca —jadea antes de besarme en los labios.

​ Me deleito con el gesto. Mi pecho no entiende que ha sido solo sexo, porque al besarme, mi corazón se ha saltado un latido. Y al devolvérselo, he dejado una parte de mí en ello. Otra más.

​ —Me toca —afirma con una sonrisa vacilante—. A no ser que quieras salir de casa o quedar con alguien…

​ Niego tan fuerte con la cabeza que le provoco una carcajada enorme.

​ —Eso pensaba —se burla con una sonrisa.

No le había escrito ningún mensaje a Nolan para quedar, solo le he preguntado cómo estaba, e igualmente no estoy manipulándolo ni hiriendo sus sentimientos, porque son inexistentes.

​ Me coge sin esfuerzo del suelo y me carga sobre su hombro, dándome una palmada en el culo y subiendo escaleras arriba como si nos estuvieran persiguiendo. Por un instante nos reconozco y eso me hace reír como una adolescente.

​ Siento nervios en el estómago cuando me arroja sobre su cama y empieza a bajarse los pantalones de nuevo. Tira de los míos y hace desaparecer mi ropa interior, podría correrme con tan solo ver lo imponente que está de pie quitándome toda la ropa.

​ —Y ahora, preciosa, voy a comerme el postre —salivo solo de imaginármelo.

​ Me arrastra hasta el filo de la cama y se arrodilla, posando mis piernas en sus hombros. Dios mío, hasta ahora he estado muerta, porque todas mis partes danzan de anticipación con este hombre.

​ —No seas tímida y abre bien las piernas —me separa más las rodillas—, quiero verte.

​ He perdido la capacidad de hablar, el corazón martillea mi pecho, queriendo escapar de esta locura. Hasta que entierra la cabeza y empieza a comerse mi coño, como si estuviera muerto de hambre. Intento alzar la cabeza para verlo, pero no puedo, es imposible, me recorren espasmos sin parar.

​ —Axel…, es… esto es… es… —gimo alzando mis caderas para que no pare.

​ —Relájate, nena, no he terminado contigo.

​ Sube una mano por mi abdomen, hasta alcanzar mi pecho y apretarlo, tirando del pezón. Y lleva la otra a la humedad que desprendo, lubricando toda la zona, para después introducir dos dedos que me hacen levantar mi cuerpo del colchón por el placer.

​ —No puedo… —jadeo.

Había olvidado lo bien que respondo ante él.

​ —Oh, sí que puedes. —Se empieza a incorporar despacio, sin soltar mis piernas de sus hombros—. Vas a dármelo todo.

​ En un solo movimiento, se levanta del todo, conmigo encima de sus hombros, y me apoya contra la puerta de la habitación.

—¿Qué…? —Sorprendida, me aferro a su nunca, con la respiración entrecortada.

​ —Mmm… —Palmea mi culo, y luego baja la mano para tirar de sus calzoncillos—. Me encantan estas vistas.

​ Me chupa el clítoris sin parar, lamiendo y mordiendo, mientras se masturba agresivamente, buscando su propia liberación.

​ ¡Oh-Dios-Mío! No recuerdo haber disfrutado tanto con el sexo oral nunca.

​ —Por… por favor —no puedo moverme, me tiene inmovilizada, devorando sin parar—, no pares.

​ Dejo caer mi cabeza hacia atrás, nunca había estado en esta posición, con él sujetando todo mi peso encima de sus hombros y la boca enterrada por completo entre mis piernas.

​ —Vamos, nena —dice, se separa un poco de mí y vuelve a introducirme los dedos—. Córrete para mí, quiero sentirte.

​ No hace falta nada más, su voz ronca termina de deshacerme. Exploto dejándome ir, empapándole la cara y gritando eufórica su nombre. El placer es tan intenso que necesito tiempo para recomponerme.

​ Aminora el ritmo poco a poco, hasta que para y me lleva de nuevo a la cama para tumbarme. Él se deja caer a mi lado, girándose para mirarme. No puedo evitar fijarme en el desastre que tiene en su abdomen, él también ha terminado, de nuevo.

​ —Eso ha estado —carraspeo— muy bien.

​ —Joder, ahora sí que me fumaría un cigarro.

​ Lo miro, extasiada, con la neblina del placer todavía ocupando mi sistema.

​ —No te he visto fumar desde que… volví.

​ —Lo dejé, unas adicciones son peores que otras. —Me acaricia la clavícula con los dedos hasta llegar a mi cuello—. ¿No crees?

​ Me ruborizo y las mejillas se me calientan. Es absurdo que, con lo que acabamos de hacer, me den vergüenza unas simples palabras.

​ De repente me entran los nervios y me invade un malestar general. La situación me está sobrepasando, al mirarlo, siento… siento…

​ —Voy a darme una ducha y a dormir, estoy cansada.

​ Me incorporo, envolviéndome con las sábanas y recojo rápidamente mi ropa del suelo. Todavía tengo la camiseta puesta, pero echa un ovillo en mi cintura.

​ —Espera —empieza, y se levanta desorientado—. Becca, puedes quedar…

​ —No hace falta que seas amable, Axel. Prefiero irme a mi habitación.

​ Necesito procesar todo lo que ha pasado, a solas. Y es obvio que está en un compromiso, ni él es tan frío como para echarme a patadas de su dormitorio después de lo que ha pasado.

​ —Bien, como quieras. —Ha vuelto a poner una expresión neutra, con un tono de voz calmada y despreocupado—. Buenas noches.

​ —Buena noches.

​ Cierro la puerta al salir, sin saber cómo sentirme. La culpabilidad me azota, pero mi corazón baila peligrosamente, por él, por nosotros.