Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 52
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Capítulo 52

Rebecca

— ¡Sorpresa! —La cara de Deva pasa de una enorme sonrisa a una mueca desagradable—. Ah, eres tú.

​ Vaya, no es tan educada cuando no hay público delante.

​ —¿Dónde está mi novio? —pregunta regodeándose en la estúpida palabra.

​ —¿Deva?

​ Axel aparece justo detrás de mí, sorprendido. Cosa normal, se han visto hace solo unas horas en Nueva York.

​ —¡Cariño! —exclama, entra y se lanza a sus brazos como un koala—. Te echaba de menos, no hemos tenido tiempo suficiente, así que he decidido tomarme unos días libres.

​ Perfecto, ahora tendré que soportar verlos juntos.

​ Axel le devuelve el abrazo, incómodo, con los hombros tensos. Seguro que siente remordimientos por lo que acaba de pasar.

​ —Raquel, ¿te importaría hacernos la cena? —Me está despertando instintos asesinos—. Vengo exhausta.

​ Increíble, está agotada de viajar en un avión, durante menos de dos horas.

​ —Rebecca tiene el resto del día libre —interviene Axel, puntualizando cómo me llamo—. Pidamos algo.

​ —Ah, qué generoso por tu parte, amor —afirma ante de besarle sonoramente la mejilla—. Perdona, Rebecca, soy malísima con los nombres.

​ —No pasa nada, recojo mis cosas y me marcho —les informo, huyendo escaleras arriba.

​ Ya en la habitación, cojo el neceser y suspiro pesadamente. Ni siquiera he podido ducharme y dentro de nada empieza mi turno en la gasolinera. No sé cuánta mierda puedo soportar sin explotar, tengo muchas ganas de llorar.

​ —No te acostumbres y sé agradecida por su buena voluntad.

​ Me giro hacia la puerta, alterada al verla de nuevo y dentro de mi espacio personal. Justo después, me paro a pensar en lo que me ha dicho.

​ ¡Será arpía de mierda! Se está rifando una hostia a mano abierta.

​ Cálmate, eres tú la que se ha besado con su novio.

​ Es fácil dejarte llevar por los celos y la rabia, pero no puedo ser una mujer hipócrita, ella es su pareja y lo que he hecho no está bien. Una punzada de culpa me atraviesa, no soy infiel, nunca lo he sido; y aunque yo no tenga ningún compromiso con nadie, he sido partícipe.

​ Inhala.

​ Exhala.

​ —Lo hago, Axel es muy considerado —respondo, intentando ser educada y no partirme los dientes en el proceso.

​ —Señor Ward. Un poco más de respeto a tu jefe cuando lo nombres. —Me pregunto de dónde ha salido esta tía y si se piensa que soy la cenicienta o algo así—. No olvides cuál es tu sitio.

​ Me gustaría decirle que hubo un tiempo durante el cual mi sitio estuvo a su lado, pero me resigno a asentir. No me conoce, ni siquiera le suena mi nombre, lo que quiere decir que Axel no le ha contado nada de lo nuestro. Si digo algo, cualquier detalle, puedo complicar más las cosas.

​ —Deva —me niego a llamarla señora Brooks—, solo intento hacer bien mi trabajo.

​ Estoy intentando calmarme y empatizar con ella. Me ve como una amenaza, por eso se comporta de esta forma, y eso que no sabe cómo me deshago cada vez que estoy cerca de su novio.

​ Esto no está bien. Tengo que frenarlo, no puede volver a pasar.

​ ¿Qué pretendo? ¿Ser la otra?

​ No se puede caer más bajo.

​ Vale que cometí errores, pero ya han pasado cinco años, no quiero martirizarme más. Yo también sufrí, merezco más, merezco pasar página de una vez.

​ —Pues procura hacerlo y no desviar tu atención donde no debes.

​ Joder, necesito salir de aquí, me niego a discutir, todavía me queda noche por delante y empiezo a notar como llego al límite físico. Si la escucho un segundo más, voy a enloquecer.

​ Me marcho pasando por su lado. Ninguna de las dos se despide, yo me limito a bajar la mirada y ella a poner expresión de desprecio.

​ Arrastro los pies por el jardín delantero y lanzo mi bolso dentro del coche, soltando un suspiro tan grande como mi frustración. Antes de poder montarme, Axel me intercepta agarrándome suavemente por el codo.

​ —Esto no es propio de mí. Tú me conoces —empieza, pero no, ya no lo hago—, sabes que no soy así. Lo arreglaré.

​ Tiene grabados en la cara el malestar y la culpa. Dios, se me está revolviendo el estómago.

​ —No hay nada que arreglar. Tenemos un pasado, hemos confundido las cosas.

​ Me suelta, inseguro, y me largo de aquí asimilando todo lo que acaba de pasar.

​ Por suerte para mí, si se le puede llamar suerte, el turno de hoy es corto. Solo son un par de horas de refuerzo para mi encargado.

​ Al terminar, me acerco a una cafetería de carretera y pido algo de cena. Después, vuelvo a la gasolinera para asearme. Llevaba tiempo sin tener que hacerlo aquí, ya que casi siempre puedo darme una ducha en casa de Axel, pero auguro días difíciles con Deva rondando el lugar.

​ Me tumbo en el asiento trasero de mi coche y a los cinco minutos, mientras cotilleo vídeos en el móvil, intentando distraerme del tremendo cansancio que me recorre todo el cuerpo, me tocan al cristal.

​ —¿Rebecca?

​ Enfoco la vista, ya ha oscurecido y no distingo bien a la persona que me reclama. Bajo la ventanilla y entonces puedo verlo, un viejo amigo de mi hermano, creo que se llamaba Richard.

​ —¡Hola! Cuánto tiempo, ¿qué tal estás?

​ Intento ser amable, a pesar de que no me apetece hablar con nadie.

​ —Bien, me ha parecido que eras tú, pero no estaba seguro. —Hace una pausa, inseguro—. ¿Está todo bien?

​ —Sí, sí, perfectamente, pasaba por aquí de viaje y me notaba algo cansada, así que he parado un poco, no te preocupes.

​ —Ah, vale.

​ Hablamos durante un rato más por cortesía y vuelve a irse. No lo conozco mucho, pero creo que no se ha tragado mi historia. Espero que no tenga el impulso de llamar a mi hermano y contarle lo que ha visto.

​ Vaya asco de día.

​ Joder, Brad va a matarme.