Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 45
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Capítulo 45

Rebecca

M eto la llave en la cerradura con un tembleque digno de una octogenaria. Siento las piernas como si fuesen gelatina, todo el valor que he conseguido reunir se ha esfumado.

​ No, no, no, cabeza alta. Solo es una persona, puedes con ello.

Intento convencerme a mí misma, y en parte funciona.

Me fijo en las luces encendidas casi por toda la casa, quiere decir que él está por aquí. Sin enfocar la vista en ningún punto concreto, me dirijo directamente a mi habitación. No he cenado, pero tampoco está el patio para peticiones e imagino que no espera que hoy haga la cena.

Saco la maleta de debajo de la cama y empiezo a meter las pocas cosas que había traído conmigo. Solo he pasado apenas un par de días en esta casa, pero realmente me gustaba estar aquí, incluida esta pequeña habitación, es acogedora y parece hecha para mí.

Oigo de fondo la ducha a mitad del pasillo, pero hago oídos sordos y sigo con lo mío.

Ya he decidido que dormiré aquí y así lo haré.

No voy a consentir que me echen como a un perro.

Prefiero pedir perdón mañana y dormir bien esta noche.

A primera hora me iré y no tendrá que volver a verme nunca más.

Me pongo el pijama antes de que pueda arrepentirme de mi propia decisión y continúo con mi tarea, pero unos toquecitos en mi puerta me sobresaltan.

Mierda, sí que va a echarme esta misma noche.

—¿Sí? —digo, me ha salido una vocecita ridícula.

—Rebecca, tenemos que hablar. —Su tono de voz duro y firme me estremece.

—Puedes pasar —cedo, total, es su casa.

Abre la puerta con cautela, no sé qué se pensará que va a encontrar.

Me hallo de pie, vestida con un pantalón largo de tela un poco desgastado y una camiseta de manga corta de tulipanes. Me aferro a las prendas que tengo en las manos e intento no bajar la mirada.

—Me gustaría que hablásemos como adultos que somos y pedirte que… —Hace una pausa posando la mirada en mi maleta abierta encima de la cama—. ¿Qué… haces? —pregunta, parece confundido.

—Ya no hace falta montar un drama, quieres que me largue, lo pillo. —Muevo las manos en el aire meneando mis… bragas. Joder, soy un chiste, ya podría haber agarrado camisetas—. Estoy en ello, mañana a primera hora me habré ido.

—Pero…

Le corto antes de que siga, tengo que hacerme respetar, firmé un contrato.

—Como comprenderás no voy a irme ahora, por mucho que te desagrade —me mantengo firme en mi respuesta, rezando para que no me insista—, ya ha anochecido y estoy cansada para conducir.

Intento disimular el rubor que me sube de la garganta a las mejillas cuando me giro de nuevo hacia la puerta y lo veo. Antes estaba tan nerviosa que no me había fijado en lo absurdamente guapo que está.

Luce un atuendo de lo más informal, pantalones grises de chándal y camiseta de manga corta blanca que acentúa sin duda unos hombros y bíceps más marcados de lo que recordaba.

Tiene el pelo negro desordenado, el cual ha intentado domar echándoselo hacia atrás con la mano.

Pero lo que realmente me está fundiendo las neuronas es la barba de varios días que adorna su cara.

Recuerda que te odia, deja de babear.

—Mañana tenemos una reunión a las siete y media de la mañana, tendrás que volver rápido, exijo puntualidad —dice adoptando una postura que yo no catalogaría como profesional al estar apoyado en el marco lateral de la puerta.

El movimiento hace que descubra un tatuaje asomando por el filo de la camiseta en su brazo izquierdo.

¡Por Dios! BASTA.

—¿Volver a dónde, exactamente?

—Eso es lo que estaba intentando decirte.

—Da un paso dentro de la habitación y yo contengo las ganas de dar uno hacia atrás—.

He pensado que no tenemos que montar un circo de toda esta situación, seamos profesionales.

Podemos trabajar juntos y hacer que funcione, pero me gustaría que durmieras en tu piso —afirma tajante.

—Mi piso… —menciono casi en un susurro.

Sí, vuelvo a estar jodida.

—¿Te has mudado? He asumido que seguías viviendo en el mismo sitio.

Asume mal, pero obviamente no voy a decírselo.

—No, no me he mudado. —Bueno, técnicamente sí me he mudado, a tu puñetera casa, imbécil, de la que estás echándome ahora mismo.

Aunque considerando que estaba segura de que iba a despedirme, que solo me pida que no pase la noche aquí no me parece algo tan tremendista. Si no contamos con que no tengo donde vivir y aún no he reunido dinero suficiente para buscarme algo propio, no sería un escenario tan malo…

—¿Entonces te parece bien este acuerdo? —Me da rabia lo seguro de sí mismo que parece hablándome, como si yo no le afectara lo más mínimo—. Tienes un periodo de prueba establecido, quiero respetarlo y comprobar qué tal te manejas, pero me sentiría mejor si aceptas y duermes en tu piso.

—Sí, no hay problema.

Me sudan las manos y es posible que tenga un pequeño tic en el párpado derecho por el estrés, pero no hay problema.

—Perfecto. —No sonríe, se mantiene impertérrito, aunque juraría que su mirada no dice lo mismo—. Por cierto, leí tu dosier para la primera iniciativa de la comitiva de becas —añade, y mantengo el aire en los pulmones más tiempo del debido hasta que continúa—, me parece bien, es una buena idea.

—Gracias.

—No me las des tan pronto, mi ritmo de trabajo es atosigante. Mañana en la reunión te pasaré mi agenda, tengo un itinerario que cumplir bastante ajustado y tú serás la encargada de que no se me pase nada y de que llegue a tiempo a todo.

—Bien —respondo, aunque me quiebra un poco pensar que antes no hablábamos así—, ¿alguna preferencia alimentaria?

—¿Que? —Entorna los ojos, un poco descolocado.

—Tengo que hacer la compra, ¿recuerdas?

Parece que ha olvidado que también soy la cenicienta.

—Ah, eso —expresa seco—. Nada en especial, lo que tú consideres.

Al ver que muere la conversación, no puedo evitar que las palabras se desborden por mi boca.

—Axel, siento mucho la muerte de tu padre. —Tenía que decirlo, necesitaba hacerlo—. Sé que lo querías mucho y siento de verdad que tuvieras que pasar por eso.

Asiente en respuesta sin quitarme la mirada, la mantiene fija en mi cara, puedo ver como aún le afecta.

—Buenas noches, nos vemos mañana.

No espera mi respuesta, directamente se marcha de la habitación encaminando el pasillo hacia la suya.

He imaginado un sinfín de escenarios en los que nos reencontrábamos a lo largo de estos años.

Incluso lo comenté con mi psicóloga alguna vez, ya que me sentía ridícula al pensar tanto en un chico con el que no había estado mucho tiempo.

Ella me hizo ver que no era estúpida o ignorante, cada persona siente a su manera y yo lo hice intensamente, para mí fue importante.

Pensé que había encontrado algo especial, y quizás lo hice, pero simplemente no funcionó. No merecía seguir culpándome por ello.

Los hechos que nos rodearon por aquel entonces tampoco ayudaron, creo que podría haber hecho las cosas de mejor forma, aunque tampoco me considero la villana de la historia.

Entiendo que la muerte de su padre le nublara el juicio por completo, el dolor lo consumió sin previo aviso.

Aun así, si me hubiera escuchado, a lo mejor todo hubiera sido diferente.

Él me odia, eso está claro, pero yo no. Yo decidí soltarlo todo y dejarlo marchar, así como le dije adiós a él, también lo hice con el rencor que en algún momento guardé.

A veces tenemos que aceptar que cabe la posibilidad de que hayas conocido a la persona correcta en el momento incorrecto de tu vida. Y está bien, no merece la pena anclarse en ello.

Sigo empaquetando hasta que termino un rato después. No tengo hambre ni ganas de intentar bajar a la cocina para prepararme nada. Me meto en la cama siendo muy consciente de que no podré dormir. Él está al fondo del pasillo y me pregunto en qué estará pensando.

Entre estos caóticos pensamientos y mi gran preocupación por tener que marcharme, cuando vuelvo a mirar el móvil para comprobar la hora, ya está bien entrada la madrugada y lo único que he hecho es dar vueltas.

Una idea me pasa por la cabeza, es un poco extremista, pero solucionaría mi problema más rápido.

La gasolinera donde paré a dormir la otra noche estaba buscando un nuevo dependiente en el turno de tarde-noche.

Puede que si me organizo bien y renuncio a unas pocas horas de sueño —bueno, muchas—, pueda hacerlo.

Dejaría el coche allí aparcado y dormiría allí en los días de descanso. El resto de noches, trabajaría y así podría ahorrar más. Si saliese bien, accedería a un alquiler pronto. Será breve y temporal, solo tengo que aguantar lo justo y necesario hasta cobrar.

Por las mañanas volveré aquí y me ducharé antes de comenzar la jornada con Axel. No tiene por qué enterarse nadie.

Sí, es un buen plan, mañana mismo iré a presentarme para el puesto.

No es que esté para dar saltos de felicidad, todo lo contrario, me asusta no resistir, pero por lo menos me siento orgullosa de no rendirme ni compadecerme de mí misma. Seguro que, algún día, me reiré de todo esto.