Capítulo 41
Rebecca
L os primeros rayos de sol impactan contra mi cara a través de la ventanilla del conductor. Siento que me pesan los párpados al abrirlos atropelladamente. Estoy muy segura de que tengo más bolsas que un canguro, tendré que utilizar más corrector que en una boda.
Al incorporarme en el asiento hago una mueca de desagrado, sí, definitivamente me duele tanto el cuello como la espalda. Esto de dormir en el coche entra en el top de mis peores diez ideas en la vida.
Anoche aparqué en la estación de servicio de una gasolinera, donde paran los camioneros para descansar entre viajes. Por lo menos así estaría rodeada y tendría menos posibilidades de atraco. Soy una mujer joven con el coche cargado de todas mis cosas, cualquier precaución es poca.
Abro la puerta y salgo a estirarme, que falta me hacía. Mi intención al estacionar aquí era tener cerca los baños para clientes, que suelen tener una puerta en el exterior, así puedo asearme, cambiarme de ropa y comprarme un café antes de irme.
Lo hago todo entre miradas indiscretas de personas que se preguntan qué cojones hago con mi vida porque, claro, este comportamiento indigente no es muy típico, y menos en esta zona de Boston
Señores, yo tampoco entiendo cómo he acabado así.
Con el café acabado y la música bien alta, el GPS del móvil me indica que estoy llegando a mi destino.
Pongo el intermitente y entro en una calle residencial del suburbio de Cambridge, reduzco la velocidad y observo las arboledas que decoran a derecha e izquierda.
Son todo casas unifamiliares bastante separadas entre sí, aportando una intimidad que supongo que es lo que busca mi nuevo jefe.
Esta parte de Boston está alejada del centro urbano, aquí se respira aire limpio, me da la sensación de que vivir en esta zona no es asequible que digamos.
Aparco frente a una casa de ladrillo rojo con ventanas azules.
Tiene un caminito de tierra rodeado de césped bien cortado que lleva hasta la puerta de entrada a la cual precede un pequeño porche que rodea también la parte izquierda.
No es una casa enorme, pero es preciosa, me encantaría vivir en un sitio así en el futuro.
Según las instrucciones que recibí de Ricky, no hay nadie, el jefe no llega hasta la noche.
Me han proporcionado un código para recoger las llaves dentro del buzón.
También me ha expresado que me sienta libre de hacer un reconocimiento por toda la casa y así familiarizarme.
Y, por último, me indica que en la cocina me ha dejado un dosier con la información necesaria para que pueda empezar a trabajar.
Cuando meto la contraseña y consigo las llaves, me siento como en un escape room .
Saco todas mis maletas del coche y me dispongo a entrar en la que será mi casa los próximos meses.
Cargada y casi sudando, suelto todo en el amplio recibidor para hacer mi home tour particular.
La casa está formada por dos plantas, abajo tiene el salón con una puerta corredera que lo separa de un despacho anexo, la cocina junto a un comedor pequeño pero muy luminoso, con puerta al porche trasero y un baño completo.
Recojo el dosier de la isla de la cocina y leo atentamente toda la información.
Está muy detallada. Me motiva lo que veo, requiere una planificación completa de su agenda, la cual me entregará él mismo mañana, y una creación y gestión integral de una comitiva para la entrega de cinco becas a estudiantes sin recursos.
Me emociona muchísimo participar en esto, me recuerda a mi trabajo en Horizons. También me han cedido una tarjeta de crédito para los gastos que sean necesarios.
Un requisito especial para este trabajo era hacer tareas domésticas básicas, por lo que interpreto al ver el frigorífico vacío que tendré que hacer la compra. Como acabo de llegar y todo está limpio y en orden, voy a colocar mi ropa y luego iré al supermercado.
Subo a la planta de arriba, la que alberga tres dormitorios y un gran baño.
La habitación principal tiene la cama más grande que he visto en mi vida y un pequeño vestidor.
De los dos dormitorios restantes, escojo el más pequeño y alejado del principal, al otro lado del pasillo que los une.
No quiero que piense mal de mí por escoger el otro, quizás lo necesite para invitados.
Aunque no sea tan grande como los demás, tiene una cama individual tan cómoda como una nube, una gran ventana que da al jardín trasero, un armario decente y un escritorio. Estoy más que feliz con esto. Está siendo el mejor inicio de semana de los últimos meses.
Parada en mi nueva habitación, lo primero que hago es abrir el chat de Placer Culposo con mis amigas para informales de mi nueva dicha.
Yo : Tías, este sitio es increíble. ¡Todavía no me lo creo!
Me siento en la cama y los mensajes no tardan en llegar.
Amber : Me alegro mucho, tengo que mandarle una cesta a Ricky, se ha portado genial.
Peyton : Ay, Bec, menos mal. Te lo mereces, ya has tenido suficiente mala suerte.
Yo : Ojalá estuvieseis aquí.
Amber : Pronto intentaré ir de visita. Necesito veros las caras.
Peyton : ¡No empecéis, que no hemos muerto!
Amber : Ya habló la reina del hielo…
Amber : Cielo, mándanos fotos de la casa y… de tu jefe.
Peyton : ¿Te imaginas que está buenísimo?
Me pongo colorada solo de pensarlo. Ni quiero ni necesito ese tipo de distracción. Pretendo que vea lo profesional que puedo ser, y si es alguien importante quizás esto me sirva para conseguir un buen trabajo cuando termine.
Yo : No me imagino nada. Tendrá veinte años más que yo, estará casado y con tres hijos.
Peyton : Alguien se ha puesto nerviosa por aquí.
Amber: Ya veo, ya…
Yo : Sois unas cochinas y os informo de que estoy de tan buen humor que puede que le escriba a Nolan.
Peyton : ¿Quién narices es ese?
Amber: ¿Quién es Nolan?
Yo : Quedé un par de veces con él y desde entonces me ha insistido en repetir.
Peyton : Apoyo esa decisión entonces.
Amber : Y yo, mantennos informadas.
Bloqueo la pantalla y me pongo en marcha.
Coloco todas mis cosas, voy a hacer la compra y aprovecho para comer justo al regresar. Después, hago uso del despacho anexo al salón, ya que hoy estoy sola en casa; a partir de mañana, trabajaré desde mi dormitorio.
Paso horas construyendo varias propuestas para la comitiva de las becas. Espero que alguna de estas ideas le entusiasme para empezar. De verdad que me hace mucha ilusión poder enfocarme en esto, quiero impresionarlo.
Al terminar, me permito darme un baño relajante, con burbujas incluidas. Pienso que tengo que llamar a mis padres para actualizarles mi situación, al menos ahora tengo algo decente que decirles. Me apetece escuchar sus voces y que me cuenten cómo va ese fantástico viaje.
Una hora después, soy consciente de que me he quedado dormida en la bañera y tengo la piel arrugada como una pasa.
El cuarto de baño de la planta de arriba solo tiene ducha, así que, como no hay nadie, he aprovechado el de abajo.
Miro el reloj y me alarmo, es muy posible que esté a punto de llegar.
Salgo de la bañera dejándolo todo impecable como lo he encontrado. Me envuelvo en una toalla y salgo pitando escaleras arriba. Justo cuando llego a mi habitación y voy a cerrar la puerta a mis espaldas, oigo un chasquido.
La dejo entreabierta y escucho como alguien está entrando en la casa y se pasea por la planta inferior.
Ha llegado mi jefe.