Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 40
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Capítulo 40

Axel

E n los últimos años no he tenido una residencia fija ni tampoco he encontrado un sitio en el que me apeteciese echar raíces.

Debido a las necesidades de mi trabajo, he estado en constante movimiento y mis alojamientos siempre han sido hoteles.

Excepto cuando cojo días libres o vacaciones, que aprovecho para pasar temporadas en casa de mi madre, en Chicago.

​ A veces, planeo algún viaje con Willow, que decidió darse un tiempo para pensar qué rumbo escoger en la vida y lleva un año sabático de película. La última vez que lo vi, hace unos meses, fue en Kioto.

También he ido a visitar a Daxton, quien fue fichado en cuanto terminó en Harvard por los Minnesota Wild en Saint Paul.

Estuvo mucho tiempo chupando banquillo hasta que le dieron la oportunidad y desde entonces su fama se ha disparado, tanto que en su tercera temporada fichó con los Toronto Maple Leafs, trasladándose a Canadá.

​ Se me va a hacer raro estar en el mismo lugar durante meses, en la misma casa y en Boston. Los hoteles están genial, pero son tan… impersonales, echo de menos mi piso y compartirlo con mis compañeros.

Quién me iba a decir que acabaría acordándome tanto de esos imbéciles…

—Amor, ¿me ayudas con la cremallera? —La voz de Deva me saca de mis ensoñaciones nostálgicas.

De vez en cuando, también me quedo alguna noche en el apartamento de Deva, mi…

novia. No era lo que yo buscaba, llevaba mucho tiempo sin tener una relación y seguía sin quererla.

Pero un día, sin más, ella nos nombró como pareja y tampoco se me ocurrían argumentos en contra para rebatírselo.

Lo cierto es que pasábamos tiempo juntos de forma más o menos continuada, su compañía es agradable y me resultan interesantes sus temas de conversación.

Hace unos nueve meses que nos conocimos y tres desde que lo convirtió en algo más formal.

Nos vimos por primera vez en un set de grabación, donde tuvimos que colaborar juntos; ella trabaja como publicista y estilista en una revista.

Me invitó a una copa y acepté, no estoy ciego, es una mujer llamativa.

Pero Deva Brooks no permitió que fuera un único encuentro.

Me ha visitado en cada ciudad en que he estado, me ha acompañado a galas y se ha quedado a mi lado en noches de trabajo interminables.

No siento las llamadas «mariposas en el estómago», su presencia no me altera y tampoco se la he presentado a mi madre.

Pero ya no soy un adolescente ni un universitario, no busco esas sensaciones, no las necesito, prefiero este estado neutral donde ambos estamos bien.

Soy consciente de que ella quiere más, aunque no me agobia con el tema y yo suelo dejarlo pasar. No veo a otras personas, cosa que no ha sido un problema, contando con el poco tiempo libre del que suelo disponer.

Voy del salón a su habitación y entro en el vestidor. Le ayudo con la cremallera, subiéndosela por toda la espalda, apartándole su melena dorada hacia un lado y dándole un beso en el hombro al acabar.

—Recuérdame a dónde tenías que ir hoy —pregunto respirando en su cuello.

—Tengo que cubrir una presentación bastante aburrida de un laboratorio de genética —me informa, luego chasquea la lengua—. ¿Quieres acompañarme? —Inclina la cabeza de lado para mirarme. Tiene un color de ojos marrón café muy intenso, son bonitos, pero no tanto como… la arena.

Basta, no sigas ese hilo de pensamientos otra vez.

Me separo de ella sutilmente y se da la vuelta para mirarme de frente. Está impecable, como siempre, le encanta vestir bien y cuida cada detalle, al fin y al cabo, su imagen es como un escaparate, parte de su trabajo.

—No me lo has vendido muy bien —bromeo—, pero igualmente tengo que poner al día todo lo de Boston para el lunes, prefiero quedarme aquí y ocuparme de ello.

—¿Tan pronto? Pensaba que tendríamos más tiempo. —Se acerca de nuevo a mí, colocando una mano en mi pecho haciendo pucheros—. ¿Cómo es la casa?

—Solo he visto algunas fotos, me gusta. Esta en la zona de Cambridge, en una urbanización más alejada y tranquila, pero me pilla cerca de Harvard.

—Pensaba que elegirías algo más estiloso, el barrio de Beacon Hill es precioso. —Justo lo que no buscaba, no quiero sitios concurridos y turísticos, prefiero tranquilidad—. Iré a verte en cuanto pueda, ya lo sabes.

Deva también viaja asiduamente, incluso internacionalmente.

Aunque decidió comprar un apartamento en Nueva York, ya que la sede de la revista para la que trabaja se encuentra aquí.

Casi siempre me visita ella, no le suele importar, pero como estaré en Boston durante meses, esta vez he decidido hacer una parada para verla antes de irme.

Creo que intento demostrarme algo a mí mismo.

No te la vas a encontrar.

Qué tontería, claro que no. Ha pasado demasiado tiempo, puede que incluso se haya mudado de ciudad o de país.

Estoy completamente desconectado, no sé nada de su vida.

Willow ha seguido manteniendo el contacto con Amber, una vez lo llamé y estaba de visita en San Diego con ella.

También me ha contado un par de veces que se ha encontrado con…

Rebecca, en Boston, pero no he querido saber absolutamente nada.

Y quiero que siga siendo así. Estoy bien, es agua pasada.

—Debería haber cogido unos días libres para ir contigo a la casa nueva y ayudarte —añade. Va al tocador, parándose a pintarse los labios.

—No es necesario, voy a estar demasiado liado.

—No le digo que prefiero estar solo, volver allí me remueve demasiado por dentro—.

Además, he contratado un asistente para que lo gestione todo, incluidas algunas tareas domésticas —añado, sigo sin sentirme cómodo con esa parte, a lo mejor acabo haciéndolo yo mismo.

Permanece en silencio mirándose al espejo con el bote de colonia en la mano.

—¿Un asistente? —Hace un gesto con la boca que reconozco, no le gusta lo que ha oído.

—Sí, pero no sé quién ni cómo es. Ha sido mediante agencia, así que lo envían ellos directamente. Con que sea eficiente y ordenado me basta.

Le hablo en masculino porque prefiero que no salga el debate del género. Deva es una mujer algo celosa y no me apetece discutir.

—Bien, te mereces algo de ayuda —asegura sonriendo, aunque lo hace de forma artificial.

Se coloca unos pendientes de oro blanco que resaltan sobre su piel bronceada y coge su bolso.

​ —Estás muy guapa.

​ —Lo sé, pero empezaba a pensar que no lo dirías nunca.

Su tono es provocativo. Deva es muy segura de sí misma, siempre camina con la cabeza alta y su voz se hace oír. Suele acaparar la atención de quien le rodea, por eso no entiendo qué le lleva a sentirse amenazada con cualquier presencia femenina. Es algo… posesiva.

—¿Son nuevos? —le pregunto enarcando las cejas mientras toco suavemente el pendiente en forma de lágrima.

—Sí, un caprichito de esta semana.

Se ha criado con un buen colchón económico de respaldo, sus padres trabajan en telecomunicaciones, por lo que está acostumbrada a no cortarse en cuanto a gasto se refiere. Al menos, es consciente de esto y suele donar a diferentes organizaciones benéficas, tiene buen corazón.

Poso mis manos en su cintura y le doy un beso suave en los labios.

—Intentaré esperarte, pero no puedo asegurarte que no me quede dormido, estoy cansado.

—Procuraré volver antes. —Me guiña un ojo y se va hacia la puerta.

Cinco minutos después de que se haya ido, sigo sentado en el sofá intentando deshacer el nudo de pensamientos que me aborda como un huracán.

Deva y yo hacemos un buen equipo. Al principio pensé que solo nos unía lo físico, pero con el tiempo he desarrollado sentimientos por ella. No me siento como si estuviera al borde de un precipicio, aun así, me hace sentir cómodo.

Ya no tengo veinte años, estoy rozando la treintena, ahora soy más maduro y aprendí a base de errores que las historias intensas no perduran.

¿Verdad?