Capítulo 39
Rebecca
M e rebotan las rodillas y me rasco el brazo sin parar. No puedo estar quieta en la silla. Decir que estoy nerviosa se queda corto, necesito un milagro.
Estoy en la oficina de Ricky, viendo como repasa una vez más mi currículo y comprueba la compatibilidad que tiene con los empleos disponibles que barajan.
—Tu formación académica es fantástica y acumulas muchas cartas de recomendación, tienes un perfil excelente —me halaga el primo de Amber.
—¿Pero? —resoplo—. Perdón, no quiero ser maleducada, es que tengo la sensación de que ahora viene el inconveniente.
Cada vez que me ilusiono, acaba siendo demasiado bueno para ser verdad. No soy pesimista, sino realista. Cuesta mucho ver el vaso lleno cuando te estás ahogando de sed.
—Sí…, eres perspicaz, no te equivocas. —Lo sabía—. Lamentablemente no tenemos nada dentro de tu sector ahora mismo, no sé si lo sabrás, pero los recortes…
—Sí, estoy al tanto. —Por desgracia—. Estoy abierta a otras opciones, he tenido trabajos muy diferentes y no cualificados, no es un problema para mí.
—En ese caso, tenemos un empleo disponible que quizás puede encajarte. Es reciente y exige incorporación rápida —me comenta.
Está mostrándose cauteloso conmigo, como si pensase que no estoy dispuesta a rebajarme laboralmente hablando. Lo que no sabe Ricky es que, ahora mismo, estaría dispuesta a aceptar un trabajo, dándole de comer a los peces de su abuela si es necesario.
—No sabría muy bien cómo catalogarlo. En principio, la función principal sería la gestión de tareas. El ofertante ha querido mantener el anonimato, así que no puedo decirte para quién vas a trabajar, pero sí que es alguien de renombre.
—Se me da genial la gestión.
—Busca discreción, seriedad y eficiencia —recalca, y para de teclear en el ordenador para mirarme—. ¿Cómo llevas el tema de las tareas domésticas?
Y eso qué tendrá que ver con gestionar.
—Em, diría que bien, ¿por qué? —cuestiono, realmente extrañada.
—Ha pedido un requisito especial. Además de gestionar un comité de becas y llevarle la agenda laboral al completo, pide cierta ayuda doméstica básica. —Esta oferta sin duda está picando mi curiosidad—. Ya sabes, algo de orden, limpieza y cocina.
Uf, qué alivio, eso puedo hacerlo.
—Estoy segura de que puedo cumplir con todas las exigencias. ¿Puedes conseguirme una entrevista?
—No es necesario, nosotros somos la agencia de contratación, le enviamos al candidato que creemos adecuado directamente a su primer día de trabajo.
—Vaya, no lo sabía —intento no balbucear—. ¿Me ves competente para el puesto?
—Por supuesto —asegura, su respuesta es efusiva—. Tendrías que incorporarte en un par de días. El jefe viene de fuera de la ciudad y ha alquilado una casa para su estancia, están terminando de acondicionarla.
¡Madre mía! Por fin algo de suerte. ¿Quién será?
—Sin problema, tengo total disponibilidad, solo tienes que enviarme la dirección y estaré allí el día que me indiques.
—Una cosa más…, en principio el régimen de incorporación es en condición de interna —añade, luego saca documentos de la impresora y los pone delante de mí—. Quiere decir que el empleo incluye alojamiento y comidas.
¡Por Dios! ¡Me acaba de tocar la lotería! Si me ahorro pagar alquiler y comida, puedo ahorrar lo suficiente para luego conseguir un mejor apartamento.
—También podrás utilizar su coche para realizar tus funciones cuando sea necesario —añade—. Este será tu sueldo. —Coge el contrato y señala un párrafo.
Se me desorbitan los ojos cuando veo la cifra. Es más de lo que he ganado en mis tres últimos trabajos.
—¿Dónde tengo que firmar?
Mi impaciencia me delata, pero no importa, este trabajo es un chollo y no pienso dejar pasar la oportunidad. Es mi salvavidas, ni siquiera me molesta no ejercer como trabajadora social, por fin ahorraré de nuevo. Ya me molestaré más adelante en encontrar otra cosa.
—Léelo todo atentamente y pregúntame si tienes alguna duda. Después firma en estas dos hojas —me indica con el bolígrafo— y lo enviaré inmediatamente.
Me detengo a leer un total de cinco minutos. Seré ignorante, pero estoy demasiado ansiosa. Quiero dejar todo atado cuanto antes, salir de aquí y empezar a hacer las maletas.
Terminamos con toda la burocracia del proceso y, en menos de media hora, oficialmente tengo un trabajo nuevo. No solo eso, al parecer también tengo alojamiento. No puedo creérmelo, estoy deseando contarles todo a las chicas y agradecerle infinitamente a Amber por ponerme en contacto con su primo.
—Enhorabuena, señorita Davis, me pondré en contacto en unos días para mandarle la dirección y la fecha exacta de incorporación —me indica, nos ponemos de pie y nos damos la mano para despedirnos.
—Gracias por la oportunidad, estaré a la altura. —Mi sonrisa es tan enorme que me duele la mandíbula.
Salgo de la oficina sosteniendo mi nuevo contrato entre las manos, deseando que mi nuevo jefe sea agradable y podamos formar un buen equipo.
∞∞∞
Sentada sobre una torre de cajas, balanceando mis pies que no llegan al suelo, miro lo último que me queda por recoger, las fotos de mi pared.
Todo lo demás ya está empaquetado. Llevo días corriendo de un lado a otro.
Le he enviado a Peyton algunas cosas que se dejó aquí y he hecho lo mismo con las mías, mandándolas a casa de mis padres.
Tenía demasiado acumulado después de tantos años y no puedo aparecer en la casa de mi nuevo jefe con una furgoneta llena como si fuera la señora del lugar.
Así que me he limitado a llevar lo que pueda entrar en mi habitación.
También firmé un acuerdo con el señor Wilson en el que yo aceptaba irme de aquí el viernes, o sea mañana. Ricky todavía no me ha llamado y tengo un nudo importante en la boca del estómago que me mantiene intranquila las veinticuatro horas de día.
Además de los nervios por el traslado y empezar de nuevo en otro trabajo, también me invade la nostalgia.
Hago un recorrido por las fotografías de la pared.
Aquí he vivido demasiado, he hecho verdaderas amistades que considero familia, pero también he sufrido momentos muy oscuros que prefiero no recordar…
Con un pequeño salto, me bajo de las cajas y abro mi mesita de noche. Lo guardé todo, aunque no fui capaz de deshacerme de las cosas de él, Axel…
Han pasado cinco años desde la última vez que lo vi, creo que a estas alturas he olvidado su voz. Puedo parecer una loca por mantener vivo en mi memoria el recuerdo de un chico al que solo conocí durante unos cuantos meses, pero para mí fue importante.
Fue la única vez que conecté con alguien tanto física como emocionalmente, tocó fibras dentro de mí que no sabía que existían. También sufrí el mayor colapso anímico de mi vida. Nuestro final involucró momentos demasiado relevantes como para apartarlos y no pensar nunca más en ellos.
Me quedé embarazada y su padre murió. El ocultar la verdad y los malentendidos nos llevaron al desastre.
La maraña que nos envolvió se hizo tan fuerte que era imposible escapar indemne de ello.
Él no quiso explicaciones, con lo que creía que sabía ya tenía suficiente, y no pude culparlo por ello, estaba pasando por demasiado.
Así que hice lo que me pidió y me alejé para siempre, como hizo él.
Tardé mucho tiempo, más de un año, en abrirme para conocer gente nueva. Una vez lo hice, descubrí que no tenía el mínimo interés en mantener una relación formal ni estable con ningún hombre. Ahora simplemente disfruto del sexo sin ataduras, no estoy preparada para volver a salir herida.
Les conté la verdad tanto a mis padres como a mi hermano, quienes no dudaron en apoyarme cuando la ansiedad me devoraba. Volví a terapia y permití que todo aquello permaneciera en el pasado, aunque de vez en cuando sienta un leve pinchazo en el corazón al acordarme.
Mi móvil vibra repetidas veces encima del escritorio y mi corazón se salta un latido, por fin tengo noticias. Vuelvo a mirar las fotografías y decido meterlas en una de las cajas antes de coger mi teléfono.
Ricky: Buenas tardes, Rebecca. Me acaban de confirmar que podrás incorporarte el lunes a primera hora.
Tu jefe llegará esa misma noche. Te mando todas las instrucciones referentes a tus tareas y la casa por el correo que facilitaste.
Espero que tengas un buen inicio, para cualquier cosa, no dudes en contactarnos.
El lunes…, tengo un problema.
Llamo a mi casero tan rápido que el móvil está a punto de caérseme de las manos.
Prácticamente le suplico que me deje quedarme tres noches más y el muy cabrón me lo deniega, aunque finalmente, y a regañadientes, me concede quedarme el viernes y sábado, pero el domingo por la mañana tengo que estar fuera.
Muy bien, no pasa nada, que no cunda el pánico.
Solo es una noche, puedo apañármelas y dormir en el coche.
Porque por lo menos tengo vehículo propio, una vieja chatarra que acumula suficientes años y kilómetros como para catalogarse como reliquia.
Lo compré hace dos años por una miseria para hacer el apaño.
Podría pagar una habitación de hotel, pero prefiero ahorrarme lo poco que me queda.
También podría llamar a mi familia para pedirles algo de dinero, sin embargo, eso llevaría a contarles toda la situación y ni siquiera les he dicho que me despidieron.
Y, desde luego, no voy a involucrar a mis amigas otra vez.
Se me pasa fugazmente por la cabeza el pensamiento de llamar a algún chico de los últimos con los que he estado quedando.
No, no y no. No pienso caer tan bajo.
Solo será una noche y empezaré una nueva etapa…