Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 38
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Capítulo 38

Rebecca

Dos semanas después de mi despido, no he encontrado ninguna oferta de empleo cualificada. Sé que es poco tiempo y no debería ser motivo para desesperarme, pero actualmente no dispongo de ese lujo.

​ Me paseo descalza por el salón, vestida solo con una camiseta larga. Tengo cinco cartas en la mano.

Esto no va a ser bueno.

Me hago un moño, nerviosa, y me siento en el sofá resoplando porque sé a lo que me enfrento.

​ Leo atentamente las letras en rojo. Vencimiento de alquiler.

Tercer aviso en la factura de la luz, segundo en la de agua, retraso en el pago de internet y presupuesto para el arreglo de la caldera.

Sí, el cabrón de mi casero se niega a repararla y, aunque ahora no es necesaria, en cuanto lleguen los meses de frío la necesitaré a pleno rendimiento.

​ Si pago todo esto, ya no tendré nada más y estaré más jodida que nunca.

​ —Vale —me digo—, plan B. Volveré a intentar coger alguno de mis antiguos trabajos temporales mientras sigo buscando ofertas más especializadas.

​ Me dispongo a buscar entre mis contactos de la agenda cuando me entra una llamada a nombre del propietario de mi piso. Mierda, seguro que quiere reclamarme el pago una vez más. Descuelgo temblorosa, intentando encontrar mi tono más conciliador.

​ —Señor Wilson, buenos días, estaba a punto de llamarlo —miento.

​ —Hola, Rebecca, es necesario que hablemos —dice, y esto pinta fatal.

​ —Si es por los retrasos en el pago del alquiler, no se preocupe, justo ahora estaba haciendo la transferencia —miento de nuevo, pero necesito ganar tiempo.

​ —No te llamaba por eso…, aunque tengo que admitir que ha sido un aliciente para cerrar el trato.

¿Trato? ¡Ay, Dios! Creo que estoy hiperventilando.

​ —¿A qué se refiere?

Estoy a nada de echarme a llorar.

​ —Tengo a una familia detrás de mi propiedad desde hace algún tiempo y finalmente he decidido vender.

​ ¿Ha dicho vender? ¿Lo ha dicho?

​ —Pero, señor Wilson, yo…

Me estoy ahogando.

​ —Sé que es repentino, pero no podía rechazar una oferta tan buena y el dinero me viene estupendamente. —Ni siquiera intenta disimular que empatiza conmigo—. Creo que siempre he sido muy razonable, incluso te he mantenido el precio.

¡Será embustero! Me ha subido tres veces el alquiler en los últimos dos años.

—Bien, pues empezaré a buscarme algo hoy mismo. Me iré de aquí en un par de meses y usted podrá vender su piso —marco bien las últimas palabras, no pienso arrastrarme.

​ —Técnicamente tienes el plazo de un mes para abandonar la vivienda desde mi aviso —hace una pausa—, pero como me debes dinero y yo tengo prisa por zanjar esto, estoy dispuesto a obviar tu última deuda si te vas la próxima semana.

​ ¡¿QUÉ?! Esto tiene que ser una broma, joder.

¿Y a dónde voy a ir? Mis amigas no están, irme con mi hermano no es viable y, como última opción, tendría que volver a casa de mis padres, a Detroit. Pero mi vida está aquí. No puedo irme, no quiero hacerlo.

​ —¿Señorita Davis? Necesito una respuesta lo antes posible, si no, me veré obligado a cobrarle los intereses de demora.

—Encima con amenazas, después de todos los años que he pasado aquí sin darle ni un solo problema—.

Piénselo, no merece la pena, este piso está hecho para más personas y ahora usted está sola, los gastos continuarán acumulándose en los próximos meses.

En realidad, le estoy haciendo un favor.

​ ¡Será capullo de mierda!

​ Pero, pese a que me duela admitirlo, razón no le falta.

Peyton, aunque quiera hacerlo, no va a volver pronto por su situación y Amber tampoco…

, este piso es demasiado para mí sola. Si acepto, me libraría de este último pago, me viene muy bien el dinero y no agobiarme por arreglar la caldera.

Pagaría mis facturas y empezaría de nuevo.

​ Sí, durmiendo en la calle.

​ Joder. Estoy con la mierda hasta el cuello.

​ —Le llamaré pronto. —Cuelgo antes de que responda, no merece más.

​ Quizás, si me pongo las pilas, pueda encontrar algo pequeñito que pueda permitirme. Seguro que consigo turnos en alguna cafetería o algo por el estilo.

​ Con las lágrimas ya asomando y un dolor en el pecho importante, me pongo de pie y empiezo a dar vueltas por todo el piso, intentando pensar rápido. Me como todas las uñas y llamo a las chicas. No quiero tener que contarles que voy a perder el piso, pero las necesito.

Mis padres están felizmente de vacaciones y me da vergüenza volver a provocarles preocupación con veintiséis años que tengo.

Suficiente tuvieron que soportar hace cinco años, cuando todo se vino abajo y me presenté en la puerta de casa hecha un mar de lágrimas.

Estaría bien no demostrarles que soy un fracaso absoluto, una vez más.

Hago una videollamada grupal, enfocándome solo la cara.

—¡Ey! ¿Qué pasa, bellezas? —Los ojos verde bosque de Amber me miran brillosos.

—¿No podéis vivir sin mí? —pregunta Pey apareciendo en la pantalla.

—Yo… yo…

No aguanto y empiezo a sollozar.

—Eh, tranquila, Bec. —Peyton cambia su expresión a una más tierna.

—Cielo, ¿qué pasa? —Amber se aparta unos mechones rubios de la cara.

—Voy a perder nuestro piso, chicas —les informo, y carraspeo para aclararme la garganta.

Paso los siguientes quince minutos explicándoles todo lo que ha ocurrido.

Ellas asienten y me expresan que no pasa nada, que solo es una casa.

Que lo importante somos nosotras y los momentos que hemos pasado allí.

Peyton me tranquiliza diciéndome que no me preocupe por ella, que buscará algo cuando vuelva.

—¡Tengo una idea! —comenta Amber—. ¿Quieres que hable con mi primo Ricky?

—¿Y qué tiene que ver el rarito de tu primo aquí? —añade Pey.

—¡No seas desagradable! —le regaña, pero a medias, porque se está riendo mientras lo hace—. El caso es que trabaja en el departamento de recursos humanos de una buena agencia de colocación de personal, en Boston.

—¡Amber, eso sería fantástico! A lo mejor puede ayudarme —le digo recobrando la esperanza.

—Seguro que algo de lo que tiene puede servir —interviene Peyton.

—Pues no se hable más, me pongo en contacto con él y le pido que te llame hoy mismo. Y tú, mientras tanto, ponte a buscar un nuevo piso donde vivir, coqueto y con un sofá cómodo para cuando vayamos a verte.

Su positivismo y alegría se me están contagiando.

​ —A sus órdenes, ahora mismo. Gracias, chicas, me siento mucho mejor y veo la luz al final del túnel.

​ Colgamos la llamada después de despedirnos y me voy directa a mi escritorio. Permanezco sentada horas casi sin pestañear, buscando como loca apartamentos en Boston. Hasta que me llega el mensaje esperado de Amber.

Amber: Ricky dice que puede verte en su oficina

mañana por la mañana, a las nueve. ¿Te viene bien?

Yo: ¡Me viene perfecto! Muchas gracias por todo.

Te cuento en cuando terminemos, deséame suerte.

Esta noche no voy a poder dormir de los nervios.

Estoy dispuesta a lo que sea necesario, con un trabajo decente en el que no me despidan a los dos meses, podría elegir uno de los apartamentos que he visto y todos mis problemas estarían solucionados.