Capítulo 33
Axel
Q uería esperar a Becca, por si me llamaba y veíamos una película. O el final de La La Land , como nos gusta decir cuando no vemos nada porque estamos ocupados haciendo otras cosas.
Pero no ha contestado a mis llamadas ni mensajes. Imagino que seguirá con la indeseable de su amiga, la pelirroja. No habrá mirado el teléfono aún.
Ya me he hartado de beber cerveza, jugar a la consola y en definitiva aguantar a mis dos compañeros discutiendo como niños de instituto.
Mentira, adoras a esos cabrones.
Es cierto, nunca me cansaría de ellos, pero igualmente tengo ganas de estar tirado en mi cama sin hacer nada. Ya he terminado de rellenar y enviar toda la documentación que me requerían desde el equipo de Banner. He acabado agotado de tanta adrenalina emocional.
En verdad, lo que quiero es tener a Becca aquí tumbada conmigo, el resto me es indiferente. Vuelvo a mirar el móvil para comprobar por centésima vez que no me ha dado señales de vida, cuando otra señorita ilumina mi pantalla con su llamada.
—Te estaba esperando —saludo poniendo mi tono más bromista—. Sabía que te lo chivarían, Lia. ¡Quería contártelo yo!
—Oye, no te creas tan importante. —Intenta ponerse seria y no funciona—. No sé de qué me hablas.
—Déjalo, te sale fatal mentir.
—Axel, ¡qué fuerte! Lo has conseguido, de verdad espero que me mandes fotos con Rick y que me cotillees sobre el proyecto que te asignen. —Mi compañera de clase también es una apasionada de este mundo, aunque ella prefiere otros ámbitos—. Ha sido Willow —añade riéndose.
—No tenía pruebas, pero tampoco dudas. —Sé que está asintiendo, aunque no la vea. Hemos pasado tanto tiempo juntos que nos conocemos al milímetro.
—¿Cómo te sientes ahora que has conseguido lo que querías?
—Más ligero, incluso con ganas de descansar un poco antes de lanzarme a por el siguiente objetivo, que es por supuesto ser el mejor y dejarlos a todos impresionados. —Me grita lo engreído que soy y yo la ignoro—. Estoy esperando a que Rebecca me conteste para ver una peli solo o esperarla.
La línea se queda tan en silencio que pienso que me ha colgado.
—¿Lia? ¿Sigues ahí?
Me incorporo en la cama, recostándome en el cabecero, y me separo el móvil de la oreja para comprobar que no se ha cortado la llamada.
—Em, sí, perdona. —No me gusta, ella no suele mostrarse así conmigo—. Es que tengo que contarte algo, y no sé cómo hacerlo. —Vale, ahora sí que me está acojonando, esto no es propio de ella.
—¿Qué pasa? Ya sabes que puedes contarme lo que sea.
—No hay forma fácil de decir esto, quería esperarme porque puede ser una especie de malentendido. —Hace una pausa de nuevo que me pone de los nervios—. Esta tarde he ido a una cafetería con una amiga y he… he visto, yo… yo he visto…
—¡Lia, por Dios! ¿Qué… has…visto? —profundizo cada palabra.
—A Rebecca besándose con un chico.
Parpadeo, inmóvil. Mi respiración se acelera y el pecho me retumba con fuerza. Tiene que ser un error, se ha confundido de chica. Sí, es eso.
—No.
—Axel…
—He dicho que no. Has tenido que equivocarte, sería una chica parecida, pero no es ella.
No puede serlo.
—Sé lo que he visto —afirma convencida—. Se han besado y después ella lo ha apartado. Han hablado un poco más, parecía alterada, y después se ha ido.
Trago saliva, empezando a pensar que puede ser verdad. No quiero tener dudas, pero siento que una brecha se abre en mi interior.
Ella me dijo que había quedado con Cara, ¿me ha mentido? ¿Por qué no me contesta? ¿Por qué no me ha hablado todavía? ¿Esta con ese tío?
No, ella no haría eso, ¿verdad?
Ando por la habitación, pasándome la mano libre por el pelo e intentando tranquilizarme. Necesito entender qué está pasando. Me pellizco el puente de la nariz y exhalo aire lentamente por la boca. Está empezando a dolerme la cabeza.
—¿Cómo era ese tío? —Apoyo una palma en la pared que tengo delante mientras con la otra mano agarro tan fuerte en mi oreja el teléfono que podría partirlo.
—Por favor, tranquilízate.
—¿Cómo era? —repito.
—Me suena de algo, quizás lo haya visto en alguna fiesta —dice, y se queda pensando—. Creo que como tú de alto, cuerpo de deportista, pelo castaño. Dijo su nombre en voz alta, pero no recuerdo cómo le llamó. Empezaba por e, Evan, Ellie, Er…
Abro los ojos de golpe, no me había dado cuenta de que los tenía cerrados.
—El puto Eric Clark.
Solo pronunciar su nombre me dan ganas de ir ahora mismo a por él y enseñarle que no-se-toca-lo-que-es-mío, hostias. Me encantaría ver cómo se le cae esa fachada de mierda mientras estampo su cara de imbécil contra el asfalto.
—Axel, ¿qué vas a hacer? Ya te he dicho que puede ser un malentendido, a ella no se la veía muy cómoda, deberías…
—Nada, no voy a hacer absolutamente nada. —Es la mejor manera de averiguar por qué Becca me está mintiendo—. Esperaré a que ella me lo cuente, y si no lo hace…
De verdad, espero que lo haga y que esto tenga una buena explicación.