Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 31
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Capítulo 31

Axel

N o me lo puedo creer.

¡Qué cojones digo, claro que sí! Me lo merezco, joder, he trabajado mucho, he sido constante y disciplinado. Esto ha sido mi prioridad en los últimos años, cada cosa que he hecho me ha encauzado hasta este momento.

Estoy sentado en mi escritorio, en el que he pasado incontables horas devanándome los sesos para diferenciarme de los demás. Parezco un crío el día de Navidad, no puedo parar de moverme. Vuelvo a leer frenéticamente el correo electrónico más importante de mi vida académica.

De: [email protected]

Para : [email protected]

Fecha: 5 diciembre 10:25

Asunto: Resolución de prácticas

Buenos días, señor Ward.

Nos complace comunicarle que ha sido seleccionado para formar parte del equipo de Rick Banner. Quedamos impresionados con su pasión y compromiso hacia el periodismo de investigación.

El señor Banner ha decidido concederle el primer puesto de las cinco vacantes, durante su experiencia sería el encargado de liderar al resto de los integrantes.

Asimismo, nos vemos en la obligación de recordarle la importancia de su total disponibilidad para viajar a cualquier ubicación durante seis meses.

Le informamos de que tiene una semana de plazo para aceptar la propuesta y remitirnos los formularios adjuntos rellenos.

Quedamos a la espera de su respuesta.

Atentamente,

Leonard Zinman

Jefe de personal en Periodismo Activo.

¡Una semana de plazo! Ni siquiera necesito veinticuatro horas. Rellenaré todos los formularios pertinentes y antes de esta noche lo tendrán todo en su bandeja de entrada.

Siento una punzada en el pecho al ser consciente de que podrían enviarme a Nueva Zelanda si fuera necesario y yo no podría negarme una vez firmado el contrato.

Tengo que contárselo a Rebecca cuanto antes, y espero con todas mis fuerzas que no sea un inconveniente para ella.

Acabamos de empezar como quien dice y cabe la posibilidad de que no esté dispuesta a asumir una relación a distancia, cuando todavía estamos aprendiendo a caminar juntos.

Daré el cien por cien para demostrarle que puede funcionar, si fuese al contrario yo la apoyaría sin dudarlo. Sabe lo importante que es esto para mí.

Pero, antes, tengo que llamar a alguien.

Me pongo de pie de un salto, cojo el teléfono y llamo a la persona que me metió en esto, a la que le debo toda mi pasión y de la que he recibido un apoyo incondicional. Ando por la habitación, temblando de los nervios con el móvil en la oreja, me lo coge al tercer tono de la llamada.

—Mira quién llama, el hijo perdido.

—¡Papá! —grito histérico.

—¿Qué…? ¿Qué pasa? ¡No me asustes, que voy a cumplir los cincuenta!

—¡Lo he hecho! ¡Lo he conseguido! Me han cogido en las prácticas de Banner —lo digo tan rápido que he olvidado coger aire.

Me dejo llevar tanto que he saltado encima de la cama. No es propio de mí ponerme a dar brincos como un adolescente, pero hoy solo quiero ser un hijo contándole a su padre que ha cumplido un sueño.

—¡Serás idiota! Me has dado un susto de muerte —me riñe, y se echa a reír como un loco—. Enhorabuena, hijo, te lo mereces.

—Todavía no me lo creo.

—Pues yo sí, y verás cuando se lo cuente a tu madre, va a querer fotografiarte en tu primer día, como si empezases el instituto. —Su alegría es contagiosa y yo no paro de sonreír—. Tenemos que celebrarlo y hablar de todas tus ideas.

​ —Estoy de acuerdo, ¿puedes venir este fin de semana?

​ —Claro que sí, podemos ir a cenar y al cine, por los viejos tiempos. —Hace una pausa como si estuviera dudando en algo—. Aunque tu madre no podrá acompañarnos, vuelve el domingo de un viaje de trabajo —cuenta con voz apenada.

​ —No importa, lo celebraré también con ella cuando vuelva. —Me digo que iré a casa si es necesario a la semana siguiente—. ¿Nos vemos el sábado entonces? También me gustaría… presentarte a alguien.

​ —¿Ah, sí? No será cierta trabajadora social de la que has hablado más de la cuenta últimamente… —No se le escapa una, y eso que los comentarios se los he hecho a mi madre.

​ —Sí, es ella.

​ —Perfecto entonces, estoy deseando conocer a la chica que ha conseguido ablandar al recto de mi hijo —afirma, sé que le encanta está situación—. Y, Axel, una cosa más.

​ —Dime.

​ —Estaba completamente seguro de que lo conseguirías, si no lo hacías tú, no lo haría nadie. Estoy muy orgulloso de ti, eres todo un ejemplo.

Mierda, se me ha metido algo en el ojo.

​ —Gracias, papá, sin ti no lo habría conseguido —aseguro, me tiembla la voz.

​ —Nos vemos el sábado, chaval, te quiero.

​ —Yo también te quiero.

Qué suerte he tenido con mis padres, me tocó la puta lotería con ellos. Qué ganas tengo de verlo y contarle todos los detalles en persona.

​ Y de presentarle a cierta preciosidad.

​ Me dejo caer encima de la colcha, ahora mucho más calmado que antes, cuando tocan a la puerta; bueno, más que tocar, la empujan para pasar directamente.

​ —¿Qué son esas voces? —pregunta Daxton frunciendo el entrecejo.

​ —¿Al fin has perdido la cabeza? —Willow, en cambio, siempre tan burlón.

Me giro hacia ellos sonriendo, desde la cama donde sigo.

Les cuento todo, pero esta vez de forma más tranquila, no como si fuese una locomotora.

Willow se abalanza sobre mí, zarandeándome, y Daxton se acerca a revolverme el pelo, pero sin subirse encima, Dios nos libre.

Insisten en brindar y no puedo negarme, me encanta compartir esta felicidad con ellos.

Los echaré mucho de menos cuando tenga que irme.

Una hora y tres cervezas después, me escaqueo a la cocina para llamar a Rebecca mientras ellos están jugando a la Play y discutiendo como bestias.

—Ey, ¿dónde te metes? —Me encanta escuchar su voz.

—Iba a llamarte antes, pero los chicos me han secuestrado para beber cerveza, estamos de celebración, nena.

—¿Qué celebramos? —pregunta, y oigo ruido de perchas, seguro que se está peleando con el armario, es tan desordenada que nunca encuentra nada—. Yo también quería contarte…

—Lo he conseguido, cariño —la interrumpo, me estaba comiendo la impaciencia—. Me han aceptado en las prácticas con Banner.

—¿Quééé? ¡Eso es maravilloso! —grita, y me acaba de dejar sordo, pero soy un sordo feliz—. No sabes cuánto me alegro por ti.

—El único inconveniente… —sigo, me da miedo su reacción— es la posibilidad de que tenga que viajar una temporada.

—Vaya, ¿cuánto tiempo?

—No es algo fijo, pueden ser dos semanas o dos meses, depende de las necesidades del documental —le explico, me estoy poniendo nervioso—. Pero el máximo de tiempo serían seis meses. —Ante su silencio empiezo a dudar de todo—. Yo, lo siento…

—No, no, Axel, no te preocupes. De verdad, lo entiendo —dice, y siento un alivio inexplicable—. Lo comprendo y te apoyaré, no pasa nada, puedo esperar.

—Nena, eres increíble. —La sensación que se arraiga en mi corazón, no puede describirse—. Quiero que sepas que yo también esperaré lo que sea necesario, nadie que no sea Becca Davis me tendrá.

—Claro que no, estás loco por mí.

No puedo negárselo.

—Qué segura estás, me gusta —confieso, y asiento con la cabeza como si pudiera verme—. Oye, ¿qué querías contarme? No te he dejado hablar.

—Ah, no sería importante, ya se me ha olvidado. —Su tono de voz ha flaqueado, no parece tan seguro como antes.

—¿Nos vemos? Quiero secuestrarte en mi habitación para disfrutar de este momento contigo. Te invito a cenar y quizás hasta veamos el final de La La Land. —Se ha convertido en una broma muy nuestra, nunca acabamos la película cuando estamos juntos.

—No puedo, he quedado con Cara en menos de una hora.

Odio a esa tía, y ahora más. No se merece la amistad de Becca. Tenía muchas ganas de estar con ella, los dos solos. Pero si es lo que ella quiere, me aguantaré.

—Está bien, llámame cuando acabes, por si quieres que vaya a dormir —le pido, la noto demasiado callada, no me da buena espina—. Y si estás cansada, puedo ir a recogerte mañana cuando salgas del trabajo —añado.

—Claro, te aviso después, ¿vale? —De nuevo, aunque su tono se mantiene alegre, la noto distante—. Voy a terminar de vestirme, no quiero llegar tarde.

—Pásalo bien, o por lo menos inténtalo. —No debería soltarle chascarrillos, pero cuando se trata de Cara, no puedo evitarlo.

Termino la llamada y regreso al salón para unirme a mis compañeros, que aún siguen bebiendo cerveza y jugando a la consola.