Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 30
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Capítulo 30

Rebecca

— ¿Estás nervioso? —pregunto después de llevarme la taza de café a los labios y apurarla—. Qué tontería, claro que no lo estás, seguro que has ensayado frente al espejo y te sabes de memoria todo lo que vas a decir.

​ Es lunes, he regresado a Boston y tengo delante a mi adonis personal, recién salido de una sesión de MMA.

Hoy tenía varias horas libres en la universidad y quedamos en la puerta de su gimnasio para después ir a una cafetería de la que me ha hablado un par de veces.

Tenía razón, el café es increíble y la comida esta buenísima.

​ —Perdona, ¿qué decías? Estaba demasiado liado mirándote.

Es un sinvergüenza de manual y no se molesta en esconderlo.

​ —¡Axel! —Tengo menos credibilidad que un niño de cinco años, no puedo estar menos ofendida—. Te preguntaba que cuándo tienes la entrevista, caradura —le sonrío, divertida.

​ Él me devuelve el gesto, con expresión divertida y se inclina en la mesa, posando su mano encima de la mía.

​ —No es culpa mía lo bien que te ha sentado Detroit, estás guapísima, nena.

​ ¿Qué puedo hacer yo ante esto?

​ Nada, absolutamente nada, me tiene desarmada por completo.

​ Estoy a punto de exigirle que se ponga serio y me hable de cómo ha preparado la reunión, cuando unos tacones repiquetean fuerte a nuestro alrededor.

Echo un vistazo disimulado y doy con una rubia de piernas kilométricas que se sitúa justo al lado de Axel.

La melena bien arreglada le cae en cascada por su espalda, su atención más que descarada está puesta sobre él como un halcón que mira su presa desde arriba.

Ella carraspea sutilmente, se ha puesto tan cerca que casi se le sienta encima.

​ Cuando Axel es consciente de su presencia, se gira para mirarla, enderezándose en su silla. Yo aparto mi mano de la suya inconscientemente, mi cuerpo se ha tensado.

​ —¿Evelyn?

​ —La misma. —Ella sonríe batiendo sus pestañas como las alas de una mariposa.

Sus ojos azules están tan clavados en el chico que tengo delante, que no se ha dignado a reconocer mi presencia—.

Qué casualidad volver a encontrarnos justo aquí, he salido de una reunión y te he visto por la ventana —señala, luego posa sus uñas de manicura perfecta en el hombro y… le besa la mejilla.

​ ¿ Pero qué mierda de confianzas son esas?

​ No soy una persona violenta, pero ahora mismo le cortaría esa mano gustosamente. Me recompongo, intentando no mostrar esta faceta delante de ellos.

​ —Sí, no te mentí cuando dije que me gustó. —La expresión de Axel es amable y cordial, no noto un entusiasmo desmedido por verla.

​ —Oh, sí, me quedó claro que te gustó —dice, y le guiña un ojo con complicidad.

​ Será zorra.

​ Capto la historia, han estado aquí mismo juntos. Mientras los dos sonríen, yo estoy empezando a encontrarme un poco incómoda con la situación. A quién quiero engañar, estoy así desde que ella ha aparecido.

​ Parece que Axel empieza a ser consciente de la rigidez que se ha apoderado de mí cuando me echa un vistazo después de responderle.

​ —Perdonad, vaya modales tengo. Rebecca, esta es Evelyn, una… amiga.

Tarda más de la cuenta en catalogarla como amiga, cosa que hace que yo salude a esta chica con cara de haber chupado un limón.

A ella no le afecta en absoluto porque me muestra una sonrisa repleta de dientes brillantes y perfectos.

Joder, es guapísima. No debería compararme, pero es que va tan elegante…

​ —Espero que no te hayas metido en más problemas —añade Axel ante mi silencio. No suelo ser así, pero este encuentro me está resultando violento y actúo siendo más hostil de lo habitual. Evelyn lo mira con deseo y no me gusta una mierda.

​ —Siempre puedo llamarte para que vuelvas a salvarme.

​ —¿Salvarla? —No he podido contenerme.

​ —¿No se lo has contado a tu… amiga? —pronuncia la palabra con cuidado mientras no aparta su mirada de él, está tanteando el terreno—. Hace poco, este hombretón de aquí atrapó al ladrón que me robó el bolso, es todo un héroe.

​ —Vaya, deberían darte una medalla. —El sarcasmo nunca fue mi fuerte, probablemente esté poniendo cara de maníaca—. ¿Cuándo ocurrió exactamente?

​ —Un día antes de la quedada en mi piso, cuando os invitamos para cenar pizzas —aclara.

Se ha puesto rígido e incómodo de golpe, y con razón, esa noche me besó por primera vez, y resulta que el día de antes estaba con otra.

​ Un momento.

​ Ahora lo recuerdo, es la chica que vi con él a través de la cristalera. Pensé que podría ser su novia, y fue un motivo de peso cuando le envié aquel mensaje declinando su invitación. Ni siquiera me he dado cuenta de que estábamos en esa misma cafetería, donde vi como salían y se iban juntos.

​ Está claro que no era su novia, pero tampoco estaba tan equivocada.

​ ¿Qué esperabas? ¿Que te lo dijera?

Tú estabas con otro la misma noche ​ que fuiste a su casa, hipócrita.

Cierto, yo estuve con Eric, pero la cosa se torció y acabé con Axel.

Él lo sabe, y no me lo ha echado en cara ni tampoco ha preguntado al respecto.

No quiero pensar más, quiero que esta tía se largue de aquí echando hostias, no soporto verle la cara.

Tiene más ganas de saltarle encima que yo de salir de corriendo.

Parece que estoy de suerte, porque Axel se levanta arrastrando la silla.

—La cuenta ya está pagada, deberíamos irnos. —Me mira y me ofrece la mano en una súplica silenciosa de que le siga—. Cuídate, Evelyn —se despide siendo bastante tajante en ello.

—Sí, sí, tú también.

Se queda un poco descolocada con la actitud que ha tenido con ella, educada pero fría. En cambio, yo he recuperado algo de brillo. Me he tomado un momento para echar un vistazo por encima de mi hombro y verla ahí plantada.

Salimos de la cafetería de la mano y avanzamos por la calle en silencio. Estoy intentando evitar el enorme elefante rosa, pero tengo una vena en el cuello a punto de explotar. Todo mi cuerpo está en tensión, me siento mal, con el estómago revuelto.

—Becca, ¿estás enfadada conmigo? —pregunta, frenando en seco para obligarme a parar—. Estás demasiado callada.

—Depende, ¿qué tienes con esa chica?

Si no lo escupo me atraganto.

—¿Estás celosa, cariño? —Su tono de voz es socarrón, está intentando mantenerse serio, pero la fachada se le está viniendo abajo—. No tienes por qué estarlo, fue algo puntual.

—No lo estoy —aseguro, aunque es evidente que sí y él lo sabe, para mi vergüenza—. ¿Cómo de puntual?

—De una sola noche. Ocurrió porque no me contestabas a los primeros mensajes que te mandé y estaba cabreado. Dañaste mi ego, lo admito. Yo solo… quería que me hablaras.

—Ah. —Es lo único que sale de mi boca, me siento halagada y cabreada al mismo tiempo. Me lo imagino con ella y me dan ganas de vomitar.

—Al final lo hiciste —recuerda, y sonríe al decirlo, pero su expresión cambia de un momento a otro—. Aunque dieras un rodeo antes de llegar y estuvieses esa misma noche con el gilipollas.

Echa un paso atrás y desvía la mirada. Es comprensible que le dé vueltas, si fuese al revés me hubiera sentado como una patada en el estómago. Mejor, la mierda enterrada siempre acaba oliendo, así podremos limpiarla definitivamente.

—Me gustaría aclarar que no tengo nada con Eric —señalo, y agarro su mano, alzando la cabeza para mirarlo a los ojos.

—¿No has tenido nada con él?

—Esa noche no —intento elegir bien mis palabras.

—¿Esa noche no, pero en otra ocasión sí? —insiste, me mira expectante.

—El día que tú y yo nos conocimos en aquella terraza, al final de la noche… me besó. Nunca ha pasado nada más.

—Te besó —repite.

—No quiero estar con nadie más —le aclaro antes de que esta conversación se desmadre. Su cuerpo emana tensión por todos sus poros.

—¡Claro que no, joder, porque vas a estar conmigo! ¡Ese tío no te merece! —Abro mucho los ojos ante su reacción—. Por si no ha quedado claro, solo me interesas tú, Becca. Te lo dije el otro día y estaba hablando en serio.

—Es lo que quiero —le aseguro acercándome de nuevo.

—Nena, me gusta todo de ti —me susurra, rozando mi cuello con su nariz mientras acaricia mi costado—. Si vuelve a tocarte, le rompo la puta mano.

Joder, esta faceta de él me está nublando el juicio.

—No será necesario. La última vez que estuvimos juntos no ocurrió nada entre nosotros. Solo somos ami…

—Ya, ya, amigos. Déjame que lo dude —se burla.

—¿Quién está celoso ahora? —me recochineo, rebajando la tensión.

—¡Sí, hostias! Lo estoy —confiesa, y se pasa una mano por la cara—. He visto cómo te mira, lo único que quiere es meterte en su cama, y solo de pensarlo me dan ganas de arrancarle la cabeza. Déjame que te diga que eso no va a pasar.

—Bien, porque no quiero ser tu amiga, como ha dicho antes la estirada esa —reconozco, chasqueando la lengua y poniendo mi mejor cara de asco.

—Perfecto, porque no pienso compartirte con nadie, espero que quede claro —advierte él mientras agarra mi culo con ambas manos alzándome ligeramente. Mi cuerpo responde al instante.

Mi corazón late muy deprisa.

—Seremos tú y yo, nadie más. —Me pongo de puntillas y le paso los brazos por el cuello, bien pegada a su cuerpo.

—Me alegra que estemos de acuerdo, preciosa —dice, sus ojos brillan antes de besarme como si estuviera hambriento. Si no estuviésemos en mitad de la calle, saltaría sobre él, rodeando su cintura con mis piernas, dejándome llevar.

Desde luego que no pienso compartirlo con nadie. Quiero ser la única a la que mire de esta forma. Quiero tocarlo pensando que es solo mío.

—¿Axel? —Hago el esfuerzo de separar mis labios de los suyos.

—Dime.

—Me di cuenta de quién me gustaba en realidad cuando tú me besaste. Sentí que todo encajaba —confieso, me siento nerviosa y vulnerable en este momento—. Quería que lo supieras…

—Cariño, no voy a dejarte marchar.

Tengo que retenerme a mí misma para no soltar ninguna barbaridad.

Llevamos poco tiempo, aún nos estamos conociendo y acabamos de firmar el acta de la exclusividad.

No quiero que salga corriendo pensando que estoy fatal de la cabeza, aunque mi cuerpo tiemble por decirle que estoy tan absurdamente enganchada.

Se supone que tengo que ser racional. Pero ahora mismo estoy ahogándome en mis propios sentimientos y me da vergüenza admitirlo. Probablemente me esté enamorando demasiado rápido, demasiado pronto, y decírselo podría estropear esta burbuja que estamos creando.

Aunque no decirlo no quiere decir que no sea cierto.