Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 27
39%

Capítulo 27

Rebecca

M e encuentro como si me hubieran quitado un peso de encima.

Desde luego, este chico ha conseguido relajar mi cuerpo. Se ha ocupado de mí y no ha pedido nada a cambio, pero se equivoca si cree que no voy a devolvérsela. Esto solo acaba de empezar, no tengo ninguna intención de dejarlo salir de la habitación esta noche.

¿Perdona, quién eres?

¡No lo sé! Pero más vale que no lo piense mucho, tengo un arrebato de valor.

—Me toca —anuncio.

—¿Ah, sí? —pregunta con tono seductor—. ¿Qué viene ahora?

No despega las manos de mi cuerpo, es como si no pudiera evitarlo, sigue paseándolas por mi cintura y caderas.

—Ahora… —hago una pausa para sobar su pecho muy despacio e ir bajando hasta la evidente erección que lo acompaña—, voy a conseguir que tú también te relajes.

—Ajá… ¿Y cómo…? —No le dejo preguntar cómo pienso hacerlo, directamente meto mi mano dentro de sus calzoncillos y agarro su miembro.

La sonrisita de suficiencia se le borra de inmediato. Su gesto cambia por completo, sus ojos no parecen tan claros y su mandíbula se tensa, apretando los dientes.

Empiezo a realizar movimiento firmes y seguros, no sé cómo lo prefiere, pero tiene pinta de no disgustarle nada cómo lo estoy haciendo. Deslizo arriba y abajo, parando a coger las gotas que salen por su punta y utilizándolas para lubricarlo.

—Becca —gruñe—, para.

Me quedo paralizada en el sitio, dejando de moverme.

—No me mires así, quiero las vistas que merezco.

Entiendo lo que quiere decir cuando retira mi mano, sube mis brazos y arrastra mi camiseta y jersey por la cabeza. Después, en un movimiento rápido, se encarga de mis pantalones y hace desaparecer mi sujetador, tirándolo todo a mis pies.

Creo que no se me da bien llevar el control, porque estoy más cachonda si es posible. Me arde la piel y me puede la expectación. Encontrarme así, desnuda ante él, con solo mis bragas, provoca en mí cierta vulnerabilidad, pero es compensada por la mirada cruda que Axel pasea por mi cuerpo.

Me siento deseada.

—Perfecto, puedes continuar —me observa dudar y añade—: por favor, sigue por donde lo has dejado, necesito que vuelvas a tocarme.

Asiento sin mediar palabra y retomo mi tarea, pero, esta vez, también acaricio su paquete. Da un suave respingo y empuja más hacia mi mano.

—Joder, vas a volverme loco —asegura, con una mano me agarra un pecho desnudo, apretándolo. Utilizando la otra, para poner su agarre en mi cadera, fijándome en el sitio.

En el momento en que agacha la cabeza para lamer el pecho que está apretando, mi cuerpo se vuelve gelatina. Mis piernas ceden cuando muerde levemente mi pezón. Cada centímetro de mi piel pide a gritos su contacto.

—Vaya, qué… sensible —ronronea—. Me encanta.

Suelto un jadeo ahogado, incapaz de aguantar más. Le empujo poco a poco, hasta que sus piernas dan de espaldas con la cama.

Sin pensárselo, me coge en volandas como si no pesara nada y cierro las piernas alrededor de su cintura. Se gira y me deja caer en el colchón, con él encima de mí.

—Eh, yo también reclamo mis vistas —le exijo.

—A sus órdenes, señorita Davis.

Se deshace de su ropa, volviendo encima de mí tal y como lo trajeron al mundo. No hay parte de él que no me guste. Estoy obsesionada con sus hombros apretados y su espalda definida.

Me besa de nuevo, enredando nuestras lenguas. Más que besarnos, nos estamos devorando mientras yo agarro su pelo por la nuca y él aguanta su peso con las manos a cada lado de mi cara.

​ —Becca, estoy deseando estar dentro de ti —dice empujando en mi entrepierna, donde yo estoy palpitando por notar lo duro que está.

​ —Hazlo y no pares —respondo de forma frenética lamiendo su garganta.

Axel se pone de rodillas en la cama, palpando hasta encontrar sus pantalones y cogiendo un condón del bolsillo trasero. Rompe el envoltorio con los dientes, y el sonido que hace al rasgarse me pone todos pelos de punta.

Mi cuerpo se contrae de anticipación.

Se inclina sobre mí de nuevo y me besa lenta y profundamente. Con una mano aguanta su peso y con la otra se la agarra para guiarla entre mis piernas, empujando la punta una sola vez, despacio.

Prácticamente pongo los ojos en blanco al sentir como va llenándome poco a poco, es una especie de tortura placentera. Mis paredes internas le aprietan sin piedad, su tamaño es generoso y tengo que acostumbrarme, hace tiempo que no hago esto.

Cuando por fin entra entera, los dos jadeamos entrecortadamente.

—¿Quieres más? —dice con picardía.

—Sí —contesto sin vacilar.

Comienza a moverse, entrando y saliendo de mí. Primero, lento; y después, más rápido, más fuerte, provocando que mi cuerpo se mueva hacia arriba en el colchón. Vuelvo a rodearle con mis piernas a su alrededor para sentirlo, para movernos en sintonía.

El cabecero golpea incesante la pared, lo que, lejos de avergonzarme, hace que la situación parezca más obscena y subida de tono. Esta vez sí que tendré que arreglarlo por el bien de mis compañeras.

—Joder, eres increíble —susurra—, estás hecha para mí.

Puede que lo haya dicho porque tiene el juicio nublado por el placer, pero mi corazón no entiende de posibilidades y decide golpearme sin piedad contra el pecho.

—Quítatelo —menciono con las mejillas ardiendo, señalando el preservativo—. Estoy limpia y tomo las pastillas desde hace años.

Nunca lo hago sin protección, pero con Axel es diferente. Me siento segura, estoy desesperada por sentirlo todo lo posible.

—¿Estás segura? —cuestiona, sus ojos brillan con excitación—. Yo también estoy limpio, siempre pongo medios. No es necesario si tienes dudas…

—Confío en ti.

Asiente y se lo quita, tirándolo a un lado de la cama. Vuelve a entrar en mí, pero, esta vez, los dos gemimos extasiados. Puedo notarlo todo, mis paredes lo aprietan, es intenso.

Giramos, dejándome arriba y meciendo mis caderas con ambas manos para que me balancee. Quiere que lo haga yo, aunque, a la vez, disfruta de marcar el ritmo, y a mí me enloquece su determinación conmigo.

—Eso es…, así… —gime de forma entrecortada, está cerca.

Dejo de seguir su ritmo y empiezo a acelerar, perdiendo la sincronía y volviéndome más y más arrítmica, buscando mi propia liberación.

—No puedo aguantar —le advierto.

—No te reprimas, estoy a punto de explotar —ruega, echa la cabeza hacia atrás y, cuando reboto sobre él una y otra vez, noto como sus brazos se tensan.

Mis pechos se menean cada vez que me impulso y Axel se muerde el labio inferior tan fuerte cuando me observa que podría agrietarlo.

La presión me recorre todo el cuerpo hasta hacerme abrir la boca y gemir con mucha intensidad.

Estallo fuertemente dejándome caer un poco hacia delante, apoyando las manos en su pecho.

En cuestión de segundos, me sigue, soltando un gruñido que hace eco desde el fondo de su garganta.

Cuando noto que ha terminado, me dejo caer sobre él, besando su pecho mientras me pasa las manos con suavidad por los costados. No parecemos dos extraños que acaban de echar un polvo, se siente íntimo y… bonito.

Ruedo hacia un lado, tumbándome junto a él.

—Rebecca —mira al techo—, ha sido una verdadera pasada.

—Coincido.

Empiezo a reírme, saciada, con el pelo alborotado tapándome media cara y las sábanas enredadas en mi cuerpo.

—¿En qué piensas? —No era consciente de que estoy sujetando su mano.

Sube nuestras manos cogidas hacia arriba, dándome un beso en el dorso antes de levantarse. Recoge el condón del suelo y lo tira a la papelera.

Me mira sonriendo.

—Jamás vamos a ver el final de la película. —Me revuelvo en el sitio vibrando de la risa—. ¿Nos damos una ducha?