Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 25
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Capítulo 25

Rebecca

D e verdad que intento comprenderlo y también procuro quitarle importancia a lo que no la tiene. Pero no puedo, me consume. Odio este tipo de broncas, no sé cómo tratarlas, me cuesta mucho gestionarlas y dar con una solución.

​ Y como esperaba, aquí viene, la famosa ola de culpabilidad.

​ No puedo evitar pensar que podría haberlo hecho mejor, que puede que tenga razón y la he desatendido hasta tal punto que se ha sentido incómoda o sola.

Pero, igualmente, mis acciones no justifican su comportamiento.

Sabe de sobra que no soporto que hable así de los demás, y si son personas a las que quiero, me hace daño escucharlo.

​ Mi ánimo está por los suelos, noto como las lágrimas se acumulan en mis ojos, implorando por salir. El nudo que tengo en la garganta me está abrasando, el agobio me produce dolor de estómago. No puedo volver ahí dentro así.

​ Me apoyo en la pared y, mientras me restriego las manos por la cara, veo movimiento a mi derecha. Axel viene a paso lento, con cautela.

​ —¿Becca, está todo bien? —Su tono de voz es el más tierno que le haya escuchado hasta el momento.

​ Cuando lo miro a los ojos, me rompo y una lágrima se desliza por mi mejilla, dejándome en evidencia.

​ —Ey, no pasa nada —dice, antes de acariciarme la cara con una mano—. Ven aquí.

Me atrae hacia él para abrazarme y yo me dejo hacer, enterrando mi cara en su pecho, apretándole fuerte en los costados.

​ —Me da vergüenza que me veas así por tonterías.

​ —No son tonterías si a ti te hace daño —susurra calmadamente—. ¿Qué ha pasado?

​ —Resumiendo, Cara se ha enfadado y se ha ido. Ha dicho un par de cosas que no me han gustado. Ella no es siempre así.

​ —No siempre, pero… ¿sí a menudo? —pregunta acariciándome la espalda—. No soy nadie para hablar de tus amistades, eres más que capaz de resolver tus propios asuntos, estoy seguro. Pero si hay algo que no te gusta, debes decirlo.

​ —Lo sé. —Mi respiración se va calmando—. Dios mío, eres como un sedante, me encuentro mejor.

​ Axel se separa un poco de mí sujetándome todavía por los brazos y se le escapa una carcajada bien sonora.

​ —Me han dicho muchas cosas en la vida, pero esa no.

​ Coge mi barbilla con una mano y con la otra, limpia los restos de lágrimas con sus yemas. Se nota tan íntimo, tan cálido. Este chico me está volando la cabeza y no pienso negarme a ello. Deposita sus labios en los míos, besándome lento y suave.

Mi corazón se ha saltado mínimo tres latidos.

​ —Gracias —susurro.

​ —No me las des, estoy encantado de estar aquí para ti. —Esto es insoportable, voy a encapricharme hasta los huesos, puedo sentirlo—. ¿Volvemos con los demás? Venga, el partido aún no ha terminado, démosle suerte a Daxton.

​ Asiento y le cojo de la mano para volver a nuestros asientos. Me merezco disfrutar de la noche, estoy trabajando mucho y hoy es mi día libre.

​ Cuando llegamos, mis amigas se fijan en nuestras manos unidas y esbozan sonrisitas y gestos de colegialas. Nadie menciona nada de lo ocurrido y no saben lo mucho que lo agradezco.

​ Antes de que me dé cuenta, la bocina vuelve a sonar indicando que el partido ha terminado. El marcador ha quedado cuatro a dos, a favor del equipo local, los Crimson. Daxton ha marcado tres veces con asistencias de sus compañeros, entre ellos, Clay.

​ Nos levantamos eufóricos, aplaudiendo y silbando. Dax nos echa el ojo y sonríe como un maníaco mientras el resto del equipo lo alza sobre sus hombros.

—Será mejor que vayamos saliendo. Podemos esperarlo a la salida de los vestuarios —nos propone Lia, asentimos y empezamos a movernos.