Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

Rebecca

L os días lluviosos son como el chocolate: en su justa medida, lo disfrutas; en abundancia, te empachas. Y eso es justo lo que me sucede actualmente.

Aunque adoro los escasos rayos de sol que ofrece el Estado de Massachussets, soy una romántica empedernida de los primeros días de lluvia.

Hago todas las tareas de casa, adelanto trabajos de la universidad e incluso aprovecho para devorar algún libro.

Pero después de semanas viendo las constantes gotas estrellarse contra mi ventana y sin atisbo de vida social, estoy empachada.

No he tenido tiempo de plantearme el aburrimiento, después de aplicar a más de treinta puestos de trabajo en esta ciudad, me llamaron para cinco entrevistas y finalmente me contrataron como becaria en Horizons for Homeless Children .

Era justo lo que buscaba, un trabajo a tiempo parcial, varios días a la semana.

La labor de esta organización, Horizons, es mejorar las vidas de los niños sin hogar en Boston.

Me han incorporado como asistente en el Programa de Asociaciones Familiares, donde se les brinda a los padres una salida ante las dificultades.

Se les orienta con planes de apoyo y recursos para que puedan empezar de nuevo y tener una mejor calidad de vida.

El sueldo es bajo, pero dado que ni siquiera he acabado mis estudios, no puedo pedir nada más.

No me importaba trabajar de camarera o en alguna tienda, pero probé suerte en algo más enfocado a mi materia, y resulta que les encantó que estuviese haciendo mis prácticas de Trabajo Social en la clínica.

Cuando se lo conté a mis padres, se alarmaron y se ofrecieron a darme un poco más de dinero. Estaban preocupados por si descuidaba la universidad, pero yo sé de dónde saldría ese dinero, y no me parece justo que sacrifiquen más su vida por mí.

Si sumamos mi nuevo trabajo, las prácticas en la clínica y asistir a clase, la cantidad de tiempo libre que me queda es nulo.

Estoy sentada en el escritorio, viendo como cae la lluvia y comprobando que no me he dejado nada del croquis de tareas y horarios de esta semana, cuando mi móvil empieza a vibrar en alguna parte del dormitorio.

​ Recupero mi teléfono entre las sábanas de mi cama y abro el chat que más he utilizado estos días, el de Axel.

Sí, aunque no he podido ver al señor Ward desde aquella memorable noche, no ha dudado en escribirme cada día.

Gracias a nuestras conversaciones, he descubierto que es tan cerebrito como mi hermano, que está empecinado en conseguir las prácticas de sus sueños con un documentalista reconocido y que le encantan las artes marciales mixtas.

​ Ahora sé de dónde vienen ese abdomen, esos brazos, esa espalda y…

​ Basta, no quieres ir por ahí.

​ Cierto, es mejor no meterme en ese jardín mental o no podré pensar en otra cosa.

​ Abro el chat y sonrío nada más ver su nombre. Me gustaría mostrarme indiferente, tratarlo como a cualquier otro chico de los que he conocido, pero no puedo. Quizás parezca una estúpida por ilusionarme por alguien que conozco de hace tan poco tiempo.

En la teoría es fácil. Primero, date un tiempo para conocer a alguien.

Es bien sabido que ir de prisa no augura nada bueno.

He conocido suficientes fantasmas que actuaban de una forma los primeros días y, a las semanas, si te he visto no me acuerdo.

Y, segundo, una vez lo conozcas bien, entonces, puedes permitirte ilusionarte.

¿Cómo le explico eso al órgano que tengo dentro del pecho?

No me escucha, se desconecta de mi cerebro y va por libre. Se dedica a dar saltos sin permiso y a llenarme la cabeza de ideas estúpidas y románticas.

Axel : ¿Cómo va el día?

​ Ha intentado proponerme algún plan, pero nuestros horarios no coincidían. Más bien, para ser exactos, mi nuevo horario no coincide con el de nadie. Veo a mis amigas porque vivo con ellas, si no, tampoco.

Otro que ha intentado invitarme a cenar es Eric.

Por mí, podemos ser amigos, no me importa quedar con él, pero ahora mismo, en mi cabeza, no tengo espacio para nadie más.

Cosa un poco absurda, ya que en ningún momento Axel me ha dicho que no vaya a ver a otras personas.

Igualmente, no me apetece quedar con más gente, y, de todas formas, mi horario no me lo permite.

Yo : Podría ir mejor…, estoy aburrida como una ostra.

Axel : Tú, yo, unas cervezas frías, unos nachos

y… ¡un partido de hockey! Piénsalo.

Yo : ¿Cuándo? Suena estupendo, pero seguro que no puedo ir.

Axel : Este fin de semana, Daxton juega en casa contra

Maine. Podríamos ir todos juntos a animarle.

​ Desvío mis ojos de la pantalla y vuelvo a mirar mi croquis de tareas. Aunque es infernal, me sorprendo al ver que lo tengo casi todo acabado y que tengo libre la mayor parte del fin de semana.

Yo : Parece que voy a tener suerte.

Axel : ¿Eso es un sí?

Yo : Es un… ¡estaré encantada de ir! Me apetece muchísimo

divertirme un rato, ahora mismo se lo digo a las chicas.

Axel : Nos vemos entonces el sábado a las ocho, en la puerta

del Bright-Landry Hockey Center.

Yo : Genial, aunque te aviso que no tengo ni idea de hockey.

Axel : No te preocupes, conmigo allí no te hará falta.

Yo : Engreído.

Axel : Preciosa.

​ Tocada y hundida.