Capítulo 21
Rebecca
¡ Dios mío! Está pasando, estoy perdiendo todos los sentidos.
Me estoy deshaciendo.
Con Axel entre mis brazos, aprovecho para acariciar el pelo de su nuca con una mano, mientras deslizo la otra y tanteo su torso lentamente. Lo tengo encima de mí, y menuda fantasía. Creía que esta noche estaría con otra persona, ni en mis pensamientos más remotos podría haber adivinado este final.
Es curioso que la forma de actuar de Eric me molestara, pero en cambio cuando llegué aquí y comprobé que Axel estaba solo con una chica, los celos me recorrieran el cuerpo, arrasando con todo. Solo quería salir corriendo e irme a casa para lamerme el orgullo, dos golpes en una noche son demasiados.
Cuando me ofreció quedarme con él en casa, hacerme la cena y plantarme un plan en su habitación, mi sistema nervioso empezó a zumbar igual que un avispero.
Todavía no puedo creerlo.
Pues créetelo, chica, lo tienes pegado al cuerpo.
Mi noche no podría haber dado un giro más dramático ni aunque fuese la protagonista de una comedia romántica. A consecuencia de mi buena suerte, pienso disfrutar cada segundo como si no fuese a repetirse.
La película ha conseguido atraparme, es verdaderamente preciosa y, a la vez, devastadora. Pero ya llevaba un rato descentrada, cada vez que nuestros cuerpos se rozaban, perdía la atención en lo que estaba pasando.
Axel mueve sus manos, deslizándolas por mi cuerpo, haciendo que me mueva involuntariamente con su tacto. Mi piel está en llamas, quiero más, necesito más. Me pego a él, sintiéndolo todo mientras profundiza el beso explorando mi paladar y enredando nuestras lenguas en un gesto posesivo.
Rompe el beso, posa su mano detrás de mi espalda y rueda conmigo hasta dejarme caer sobre él, dándole más acceso a mi cuerpo para poder tocarme.
Me pongo a horcajadas con las rodillas a cada lado de sus caderas y me acerco a su garganta para lamerla hasta la mandíbula, estaba deseando hacer eso.
—Joder, Becca…
Mi nombre pronunciado así me hace estremecer.
—Mmm —siseo cerca de su oreja mientras sigo repartiendo besos por la zona.
Vuelve a besarme y, mientras lo hace, agarra mi culo con ambas manos, atrayéndome hacia él y haciéndome sentirlo todo, incluido el gran bulto que sobresale en sus pantalones. Paseo mis manos por sus brazos, palpando bien los bíceps que, para sorpresa de nadie, están perfectamente definidos.
Pero la joya de la corona la encuentro al meter una mano debajo de su camiseta y arrastrar mis yemas por su abdomen, no tiene nada que envidiar a un deportista profesional.
Todo en él me invita a volverme loca, insaciable.
—Si no paramos, esto va a ponerse serio —comenta echando su cabeza hacia atrás—. Y por serio, me refiero a que voy a terminar arrancándote la ropa como un animal —jadea, volviendo a besarme manteniéndome anclada a él por la cintura.
—Soy una persona seria —le susurro en tono seductor.
No sé quién es esta mujer, os aseguro que no soy yo. No soy tan lanzada, abierta ni fluida. Y definitivamente no soy tan resuelta. Tampoco me considero tímida, por lo general sociable, pero no descarada. Axel ha sacado esta parte de mí y no quiero encerrarla, todo lo contrario, quiero darle alas.
—Me gustas, Becca. —Esta vez su tono de voz no ha sido seductor, lo he notado sereno, aterciopelado. Mi caja torácica ha tenido que ensancharse, porque mi corazón ha latido más deprisa de lo normal.
Lo miro directamente a los ojos y pienso que podría ahogarme en su fondo. Me fascina su color diluido, depende de la luz que reciba los tiene azules o verdes.
Un golpeteo de llaves y tacones rompe el contacto visual que tenemos. Se oyen porrazos y ruidos en la entrada.
—Mierda, ya han vuelto, pensaba que tardarían un poco más —afirma, y su decepción es tan grande como la mía.
Me aparto para que podamos incorporarnos en la cama. Sus amigos vienen acompañados, se oye a demasiadas personas hablando a la vez, personas borrachas.
—¿Dónde narices está Rebecca? —Esa es Peyton. No me extraña que esté preocupada, les pedí la dirección y no he vuelto a escribir.
Aunque tenemos la puerta cerrada, los oímos perfectamente, prácticamente están gritando.
—Axel la habrá matado de aburrimiento y se habrá ido a casa.
Si ellos supieran…
—Maldito imbécil —gruñe Axel—. Voy a quitarle a Willow la borrachera a hostias.
Esto está siendo divertido, pero deberíamos salir fuera y decirles que estamos aquí.
—¿Sin avisarnos? —replica Amber—. Ella no haría eso, llámala ahora mismo.
—A lo mejor decidió no venir y está con Eric todavía.
Maldita Pey y las diez cervezas que le habrán soltado la lengua.
Mierda.
—Esto…
Miro a Axel sin saber qué decir. Ahora sabrá los planes que tenía esta noche y el motivo por el cual rechacé su invitación al principio. Estoy quedando peor que mal.
—No importa. —No me mira, así que diría que algo sí que le importa.
Vale, esto ya no es divertido, es raro y me estoy agobiando.
—No tenemos nada que esconder —le exijo a Axel, empezando a tirar de él para sacarlo de la cama.
Sale a regañadientes arrastrando los pies por la habitación. No puedo evitar fijarme en su entrepierna, alguien está muy despierto. Él se da cuenta de dónde tengo clavada la mirada y se aclara la garganta, recolocándosela con disimulo.
Aparto la cara como un rayo y me pongo a buscar mi bolso. Toda la sangre me sube a la cara, debo tener el mismo color de mi labial, rojo cereza. Un orgullo absurdo me recorre al pensar que está así por mí.
Estamos vestidos, así que solo tenemos que calzarnos. La película ha terminado y me he perdido el final, una pena, realmente quería verlo.
A lo mejor vuelve a invitarme…
Axel abre la puerta de un tirón con cara de pocos amigos. Avanzamos y nos plantamos delante de todos en el salón.
Se hace el silencio, todos se han quedado mudos.
—Muy bien hecho, chaval. —Willow está a punto de aplaudir, pero Amber le da un codazo y le sisea que cierre el pico.
—Vaya, tengo que admitir que no esperaba este giro dramático de los acontecimientos. —La mirada de Pey se posa en mi pelo, sabe de sobra lo que estaba haciendo.
—Lo siento, chicas, he llegado aquí, no estabais y Axel me ha hecho de cenar —les explico—. He olvidado avisaros.
—Ya veo que has cenado.
En cuanto tenga la oportunidad, Peyton va a pagármelas todas juntas.
—¿Y Lia? —pregunta Axel al comprobar que están todos menos ella.
—La hemos dejado allí sana y salva, colega —responde Willow.
Vale, este circo ha durado demasiado.
—¿Estáis listas para irnos? —les consulto a las chicas.
Se han tirado al sofá. Los efectos del alcohol están pasando y son capaces de dormirse en cinco minutos, tengo que ser rápida si quiero sacarnos de aquí.
—Uf, yo no puedo caminar, Bec. —Amber está empezando a cerrar los ojos—. Willow nos debes una —le señala con el dedo—, hoy dormiremos aquí.
—Como tú mandes —cede, y se lleva la mano a la frente haciendo un saludo militar—. Podéis dormir en nuestras camas, Fuller y yo dormiremos en el salón.
No, no, no. He salido de esa cama y no puedo volver a entrar.
La cosa se ha enfriado. Además, todos están aquí delante y me verían hacerlo, no tengo esa confianza, ni con él ni con ellos.
Axel en ningún momento me ha invitado a quedarme, y no está diciendo ni una palabra al respecto.
Seguramente le están poniendo en un compromiso al asumir que yo dormiré con él.
—Yo puedo quedarme para hacerte compañía —le dice Clay a Peyton de forma seductora acariciándole el pelo.
—Mis cojones —ladra Daxton—. ¡Vete a tu puta casa a dormir! Mañana tenemos entrenamiento.
—Joder, capitán —se sobresalta separándose de ella—. Mañana es sábado…
—¡Nadie va a quedarse a dormir! —Quizás ha sonado más exaltado de lo que pretendía—. Chicas, levantad ahora mismo. Yo estoy fresca como una lechuga, nos iremos en taxi.
Cuando mañana se levanten en sus propias camas, hayan dormido como reinas y tengan su ducha a mano, me lo agradecerán.
—Os llamo a un coche —dice Axel, que coge el teléfono y empieza a marcar—. Pero avísame cuando lleguéis.
No le veo aliviado por mi decisión, aunque soñar es gratis. De todas formas, yo no estaba preparada para quedarme hoy a dormir, me parece demasiado. Las chicas no oponen resistencia, se levantan y se despiden de todos, jurando repetir otro día.
Cuando estamos saliendo, con el taxi ya esperando abajo, Axel me agarra del brazo.
—No hemos visto el final.
—No, no lo hemos hecho.
Me vienen a la mente imágenes de nosotros en la cama.
—¿Quieres terminar la película otro día?
No tengo que pensármelo para darle una respuesta.
—Sí.
Espero que mis ojos no estén brillando como una farola.
—Perfecto, hablamos entonces.
—Sí.
¿Puedo dejar de repetir eso? Gracias.
—Nos vemos, Becca.
—Y, Axel, tú también me gustas —le repito lo mismo que él me dijo antes de que nos interrumpieran.
Su sonrisa es tan desmedida que podría paralizarme. Y lo hace incluso más memorable porque se inclina hacia mí y me da un suave beso en los labios de despedida.