Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Axel

E stoy seguro de que se escucha el bullicio desde el vecindario de al lado. No sabía que siete personas podían hacer tanto ruido. No es que me moleste, está siendo una noche muy entretenida.

Las compañeras de piso de Rebecca han resultado ser el alma de la fiesta. Lia también se ha apuntado al plan en cuanto la he llamado, y Daxton ha traído a un compañero de Crimson, su equipo de hockey.

​ Recopilo más provisiones en la cocina para la siguiente ronda de nuestro tradicional juego de adivinar películas.

Parece que no existe ninguna pared, las risas y gritos llegan desde el salón a un volumen atroz.

Si alguien nos está escuchando no sabría decir si estamos en una reunión de amigos o una batalla campal.

​ Regreso con los brazos cargados de cerveza y una botella de agua para Fuller, que ni siquiera hoy es capaz de relajarse y echar un trago.

Este año es el capitán del equipo y se niega a no ser un ejemplo para todos.

Clay, su invitado de esta noche y el mejor defensa de los Crimson, parece no tener la misma ética con el alcohol durante la temporada porque va por la cuarta cerveza.

​ Cuando entro al salón, se abalanzan sobre mí como buitres. Llevamos dos rondas del juego, incontables paradas para recargar bebida y una torre de cajas vacías de pizza .

​ —Pásame una birra —le indica Willow a Amber desde el sofá.

Es la viva imagen de la pereza, vive prácticamente cansado. Normal, nunca duerme.

​ —¿Desde cuándo no te funcionan las piernas? —le increpa Daxton—. No me digas que han decidido tomarse unas vacaciones junto a tu cerebro.

​ —Definitivamente necesitas un polvo —le contesta—. O varios, ya que estamos. Tienes tanta rigidez en ese cuerpo de orangután que el palo que llevas metido por el culo está más incómodo que tú.

​ —No te reirás tanto cuando te rompa la puta…

​ —Chicos, chicos, relajaos, no queremos espantar a nuestras nuevas amigas —les dice Lia de pie junto a la mesa, haciendo aspavientos con las manos.

​ Lleva toda la noche parloteando con ellas, las tres han encajado a la perfección. Incluso la han invitado a ir a su casa para una sesión de cócteles y chismorreo.

​ —No te preocupes por nosotras, podemos manejar un poco de testosterona — interviene Peyton.

Lo curioso es el resoplido bien sonoro que hace Daxton cuando la escucha.

​ No he podido evitar fijarme en las miradas que le ha dedicado.

Cada vez que Amber habla, él se muestra participativo, dentro de lo aceptable porque el cabrón es un libro cerrado.

Pero cuando lo hace su amiga, parece que todo lo que sale por su boca le molesta, se tensa e incluso aprieta la mandíbula. Es extraño e… interesante.

​ Seguimos jugando una hora más. Después, Willow saca el karaoke y, cómo no, Amber y él hacen un dúo, estos dos parecen siameses.

Clay también participa, dándonos un espectáculo tan tremendo que Lia, Peyton y yo tenemos convulsiones de la risa.

No como Daxton, que parece estar pasando por un infierno por escucharlos desafinar una y otra vez, mientras se equivocan continuamente con las letras.

​ —Oye, chicos, ya que estamos tan animados, podríamos ir a algún bar a tomar la última —propone Peyton justo cuando se acaba la última canción.

​ —Maravillosa idea, me gusta cómo piensas —aplaude Willow.

​ —¡Sí! Quiero divertirme, pronto estaremos hasta arriba con los exámenes —se anima Amber.

​ —Ni hablar —niega rotundamente Fuller.

​ —Venga, hombre, no seas un perro viejo. Además, te encanta el billar, ven y dale fuerte a esas bolas —intenta incitarlo Willow, sabe que la competitividad lo atrae.

​ —Genial. ¡Así podemos hacer una apuesta! —añade Peyton.

​ —Me apunto —se une Clay—. Tengo un gran talento para el billar —le fanfarronea a Peyton, ofreciéndole su brazo para que lo coja.

​ Y vuelvo a fijarme en que, justo en el momento en que ella se engancha de su brazo, Dax fija su mirada donde están haciendo contacto. Tiene la expresión más neutra que le haya visto, pero yo sé que no es casualidad.

​ —Está bien, iré solo para enseñaros cómo se hace y daros una paliza —les responde él poniéndose en pie.

​ —Vale, Axel y yo limpiamos esto un poco y os alcanzamos. —Lia sabe que no podré irme si no dejo esto medio decente, soy un poco maniático con la basura—. ¿Vais a ir al bar de siempre?

​ —Podemos ir al Harry´s a echar el billar y si nos animamos después, que lo haremos, al Back —nos informa Willow, sin ninguna intención de quedarse también a limpiar.

​ —Perfecto, ahora os pillamos —les comento.

​ —¿Quieres que os echemos una mano? —se ofrece Amber, pero los demás ya se están poniendo los abrigos en dirección a la puerta.

​ —No es necesario —afirmo—. Además, tengo que cambiarme de ropa, habéis conseguido que me derramase la cerveza encima cuando cantabais —añado de forma bromista.

​ No sé por quién apostaría como ganador del billar esta noche, todos salen tambaleantes, caminan como bambi recién nacido. Bueno, todos menos Daxton, que está fresco como una lechuga. Aunque Willow es muy capaz de esforzarse y ganar, incluso borracho, por el mero placer de joderle el ego.

​ Lia trae un par de bolsas, entre los dos las llenamos y recogemos todo el salón en cinco minutos.

Mientras ella se queda recolocando los muebles, yo aprovecho y me dirijo a la cocina para fumarme un cigarro.

Solo fumo por la ventana de la misma, y en alguna ocasión excepcional, en mi dormitorio.

Willow también lo hace de vez en cuando, si fumásemos en otro lugar del piso, Fuller nos arrancaría la cabeza sin piedad.

​ La ventana es tan grande como una puerta. Me subo al borde, me siento y dejo caer mi espalda en un lateral. Apoyo una pierna y la otra la dejo colgando, es mi postura favorita. Por fin me enciendo un cigarro dejando que cualquier estrés se disipe.

​ Bueno, es una especie de chorrada, porque sé que el tabaco no disminuye mi estrés ni conlleva ningún tipo de relajación. Más bien acaba poniéndome peor, aunque no lo note. No me veréis nunca defender a estos palitos de cáncer, aunque los consuma.

​ Lia llega y se echa un vaso de agua, bebe medio de golpe y se gira hacia mí, fulminándome con la mirada rasgada que la caracteriza.

​ —¿Qué? —le pregunto después de dar una calada.

​ —No tienes ningún tipo de intención en ir. —No pregunta, más bien afirma, como siempre. Me conoce demasiado bien.

​ —A veces, me da miedo, señorita Gartner, tengo que confesarlo. —Dejo el humo salir por mi boca, dedicándole una sonrisa ladeada.

Con ella no tiene el mismo efecto que en otras mujeres, básicamente le da igual.

​ —Lo sabía —me recrimina—, podrías haberlos avisado.

​ —Estarán muy bien sin mí, créeme —le rebato—. Además, lo he acabado de decidir, justo cuando he entrado a la cocina. Me lo he pasado muy bien, pero estoy cansado, prefiero ponerme algo para relajarme y dormir.

​ Entonces caigo en la cuenta de que ahora ella tendrá que ir sola, mierda.

​ —Pero te acompaño igualmente —añado.

​ —Soy una niña grande y el bar está al final de la esquina —asegura, y deja suelta su melena dorada por delante hasta que le cae por los hombros, tiene el pelo tan largo que le llega por la cintura—. Te mandaré un mensaje cuando llegue.

​ —En serio, no me importa, voy contigo y volveré en un momento…

​ Pero antes de que pueda seguir, tocan al timbre y los dos miramos hacia la entrada.

​ —Salvado por la campana —sonríe—. Seguro que se han dejado algo, voy a abrir.

​ No reconozco la voz de quien ha venido. Es imposible que a ninguno de estos imbéciles les haya dado tiempo a conocer a alguien y traerlo tan rápido a casa.

​ Oigo pasos desde la ventana, doy la última calada y apago la colilla en el cenicero que siempre tengo aquí, justo cuando Lia aparece.

​ —Em, Axel, tienes visita —me indica Lia con voz suave.

​ Alzo la vista hasta ella y por un momento me quedo inmóvil.

​ —Becca, has venido —digo, y mi sonrisa se agranda en su mejor versión.

​ Pero lo que de verdad me hubiera gustado decirle es que he pensado en ella más veces esta noche de las que me gustaría admitir.