Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 13
19%

Capítulo 13

Axel

S i miro durante más rato la pantalla, la desintegro.

​ Llevo exactamente una hora dando vueltas por mi habitación. Me he sentado en todas las superficies disponibles y me he empezado tres cafés. Y digo «empezar» porque los he dejado todos a medias.

​ Oficialmente, estoy nervioso.

​ —¡Esto es ridículo! —digo en voz alta desviando mi mirada al techo.

​ —Sí, estoy de acuerdo, eres bochornoso. —Daxton aparece apoyado en el marco de la puerta de mi dormitorio, dándome tal susto que casi tiro el tercer café al suelo—. Lo que me extraña es que hayas tardado tanto tiempo en darte cuenta. Eres idiota no, tonto.

​ —¿Sabes que tienes la opción de tocar a la puerta?

El tío no tiene ni un ápice de culpabilidad en su cuerpo, entra y sale de mi habitación cuando le da la gana.

​ —Entonces no habría visto la cara de imbécil que has puesto —alega con ese tono grave que lo caracteriza. La voz le hace juego con la barbaridad de músculos que gasta.

​ Se peina hacia atrás con la mano. Se ha dejado crecer el pelo más de lo normal esta temporada y le llega por debajo de la nuca, no tardará en volver a hacerse su moño de confianza.

​ —¿Se puede saber qué narices haces? —continúa.

​ —Le he mandado un mensaje a Rebecca para invitarlas este viernes —explico.

​ —¿Y por eso estas ahí plantado como una estatua haciendo gestos de psicópata?

Está exagerando, solo estoy un poco inquieto.

​ —Tampoco es para tanto, solo estaba esperando que me contestase para confirmarlo o hacer otros planes. —Casi me trabo al decirlo, no ha resultado muy creíble.

​ —Otros planes —repite, como si no me hubiera escuchado.

​ Lo admito, seguramente me quedaría en casa viendo una película.

Aunque pensándolo bien, tendría que quedar con alguna chica y acabar con esta tontería.

Lo único que me ocurre es que llevo ya un tiempo sin sexo y me está pasando factura.

La sangre me está bajando de la cabeza a los pantalones y no pienso con claridad.

—Sí, tengo vida y también mucho trabajo por hacer. —Me noto un poco a la defensiva, y si yo lo noto, Fuller también. Tiene instinto animal, lo huele.

​ —Lo que tú digas, entonces no te importará que lo intente con Rebecca, ¿no? —Mis fosas nasales se abren, incluso arrugo la nariz de forma inconsciente—. He estado ojeando sus redes sociales y, chaval, es una delicia.

​ Espera, ¿qué acaba de decir el mastodonte este?

​ —¿Y tú qué mierda haces buscándola? —suelto, y se me acaba de caer la careta, pero me da igual. Becca no se toca, punto.

​ También sé que tendría que mirármelo. Apenas la he visto, casi no hemos hablado y, aun así, no paro de acordarme de ella. A estas alturas, va a ser más fácil arrancarme la cabeza que sacarme la idea. Me molesta cualquiera que me interrumpa, incluidos mis amigos.

​ —Me gusta estar informado de quién viene a mi casa —asegura mofándose.

El muy payaso se lo está pasando en grande. Pienso devolvérsela, no sé cuándo, pero lo haré.

​ —Yo sí que voy a informarte, pero a hostias, gilipollas.

​ —Guau, tranquilo, hombretón. Nadie quiere que pongamos a prueba qué ganaría, si mi fuerza o tu técnica. —No estoy seguro de quién lo haría, Daxton Fuller tiene una complexión hercúlea de mucho cuidado—. Aunque a lo mejor así desfogas y admites que la chica te gusta.

​ —En ningún momento he dicho lo contrario —afirmo. En verdad, sí que lo he negado, aunque él no necesita saberlo justo ahora. Además, están todos dramatizando demasiado.

​ —Interesante, lo vamos a pasar muy bien el viernes, no pienso perdérmelo.

​ —A lo mejor no vienen.

¿Desde cuándo soy inseguro? No me gusta nada esta faceta mía, necesito desprenderme de esto y cuanto antes mejor.

​ —Deja de mirar el puto móvil y haz algo productivo —dice señalando la ropa de deporte que reposa encima de la cama —. Creo que prefiero al Axel obsesionado con la universidad —añade antes de darse la vuelta para irse.

​ Lo ha leído.

​ Y no ha contestado.

​ Se acabó. Si no quiere venir, ella se lo pierde, tampoco es para tanto.

​ Sí lo es.

​ Lo que me faltaba es contradecirme a mí mismo.

​ Después de este lapsus, reflexiono y decido ocupar mi tiempo en preparar una carta de presentación increíble para mis futuras prácticas del máster. No he perdido el norte todavía y sigo ansiando más que nada conseguir que Rick Banner me admita en su reducido equipo.

​ Daría lo que fuese por trabajar con él codo con codo.

Quiero empaparme de su experiencia y participar en primera fila en sus grabaciones y entrevistas.

Llevo esforzándome muchos años, perdiendo la cabeza por rozar la perfección y así poder estar en su punto de mira.

Y no pienso aflojar cuando ya estoy tan cerca de conseguirlo.

Dentro de poco se abre el plazo para entregar el dosier obligatorio para su programa, y os aseguro que mi nombre estará el primero cuando se dispongan a revisarlos. Si paso ese corte, que lo haré, me esperará una entrevista con Banner.

Estoy preparado, nací preparado para esto. Suelo utilizar este mantra siempre que me desmotivo o el cansancio me supera.

​ Con la determinación a flor de piel, apago el móvil, me siento en el escritorio y me preparo una lista de reproducción con bandas sonoras. Hoy será el señor Hans Zimmer quien me acompañe. Empieza a sonar Now We Are Free de Gladiator y noto como la concentración viene a mí.

Después de dos horas completas y una tarea tan bien hecha que podría ponerme cachondo —soy un poco ególatra, aunque no llego a rozar el narcisismo—, lo mejor será que vaya a hacerle una visita a Thiago al gimnasio. Necesito terminar de sacar cualquier pensamiento estúpido de mi sistema.

Porque, sí, estoy tentado de mandarle más mensajes a Becca.

Me he concentrado en mi proyecto, pero no he olvidado que todavía no me ha contestado. Y estaría bien que no viese ese lado insistente que tengo… aún.

Preparo todo lo necesario y en diez minutos estoy listo. Tengo una rutina tan marcada que lo hago de forma automática.

Salgo de mi dormitorio y veo de nuevo la puerta de la habitación de Willow abierta, no está en casa.

En algún momento tendrá que parar ese ritmo frenético que lleva.

Al pasar por la puerta del salón, oigo el partido que está viendo Dax.

Valiente cabrón, siempre me está juzgando cuando su vida se reduce al hockey, o lo está jugando o lo está viendo.

Iba a decirle algo que lo irritase, cualquier cosa por el simple placer de hacerlo, pero justo me vibra el móvil en el bolsillo. La adrenalina inunda mi cuerpo como un líquido caliente que activa mis músculos.

Me paro en la puerta de entrada para recobrar la compostura y contestarle a Becca tranquilamente antes de irme a entrenar. Abro el chat y… no es ella. Es mi madre.

Por un segundo siento decepción y, al siguiente, recuerdo que es mi jodida madre. Debería darme vergüenza desilusionarme por que me haya hablado ella.

Mamá : Acabo de salir de una sesión, te hubiera encantado.

​ Se refiere a una sesión fotográfica porque mi madre, Silvia Ward, convirtió su pasión, la fotografía, en su profesión.

Empezó desde muy joven por su cuenta, haciendo trabajos sin importancia.

Hasta que, gracias a esas migajas, pudo pagarse estudios superiores y cursos profesionales que la llevaron a ser un referente en Chicago.

Se estableció en la ciudad y montó su propia empresa.

Ella no tiene límites ni declina ninguna oferta. Puedes encontrarla fotografiando una boda o la aurora boreal en un rincón perdido de Islandia.

Yo : Estoy seguro de que sí. ¿Qué ha sido esta vez?

Yo : ¿Y por qué en esta familia nunca saludáis?

Mamá : Un reportaje en el centro

de conservación de linces.

Yo : ¿Linces? ¿Dónde estáis?

Estoy deseando ver esas fotos.

Mamá : En España, te lo dije la semana pasada.

¡Nunca me escuchas! Volvemos a casa mañana.

Nos hemos enamorado de este país.

Es verdad, me dijo que viajarían pronto, lo había olvidado por completo.

Mi padre tiene debilidad por su creatividad, siempre le hace saber lo talentosa que es.

Y siempre que puede, la acompaña en sus viajes.

Aunque la empresa tiene más personal, la señora Ward siempre se presenta voluntaria.

Y, por supuesto, no deja pasar ni una oportunidad que la atraiga para ir ella misma.

Yo : ¡Eso, tú dame envidia! Te dejo, voy a conducir.

Mamá : Pronto iremos de visita,

ya mismo es tu cumpleaños.

Yo : Vale, lo hablamos. Avísame cuando estéis de vuelta.

​ Me pongo en marcha y voy paseando hasta el gimnasio, todavía sonrío, hablar con mamá siempre me pone de buen humor.

​ Una hora y media más tarde, salgo por la puerta del gimnasio, distraído. Oigo un fuerte grito y cuando alzo la mirada, alguien pasa tan rápido por mi lado que me golpea el hombro, haciendo que trastabille hacia atrás.

​ Giro la cabeza a la derecha un poco desorientado y entonces soy consciente de lo que ocurre. Esa misma persona que me ha arrollado, acaba de robarle el bolso a la chica que está gritando cerca de mí.

​ Sin pensármelo dos veces salgo corriendo tras él.