Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Axel

—¿Po r qué me estás mirando con cara de mierda? —me dice tan tranquilo, recolocándose en el asiento cuando llevamos cinco minutos de trayecto.

Encima tiene los santos cojones de venirme con esas.

Aunque no sé de qué me extraño, Willow Prescott es justo así, despreocupado, caótico y desenfadado.

De cara al escaparate, es todo risas y diversión, pero yo sé la verdad.

Lo conozco desde hace años, y si te paras a observar de cerca, puedes ver las grietas.

Su mayor virtud es taparlas para que nadie se dé cuenta.

Es un gran amigo y, aunque hoy me haya sacado de mis casillas, sé que puedo contar con él, siempre está cuando lo necesitas. El problema viene cuando se trata de él mismo, es impenetrable. Lo he intentado y me ha expulsado una y otra vez.

Solo espero que no llegue el día en el que todo lo que tiene dentro le supere y alguna de las tonterías que hace le estalle en la cara.

—¿En serio me lo estás preguntando? —Giro la cabeza un momento para mirarlo.

Pone cara de no saber de qué va el asunto, lo peor es que seguramente ni siquiera se ha parado a pensar por qué estoy irritado.

—Tío, te emborrachaste, te fuiste a casa de una chica y te has jodido el tobillo. Para rematar, he tenido que venir a buscarte con un tráfico insufrible cuando debería estar trabajando en mi proyecto.

Ahora mismo me siento como un padre dándole un sermón a su hijo.

—Ah, no me he dado cuenta. —Su cara es de arrepentimiento sincero, se siente mal—. No quería interrumpirte el trabajo, me tendría que haber pillado un taxi.

Lo que decía, es todo fachada, tiene buen corazón, y por eso mismo estoy seguro de que voy a perdonarlo igual de rápido que me he cabreado.

—Dejémoslo estar, ya lo estoy olvidando. Todos hacemos tonterías, y más cuando bebemos. Solo… ten más cuidado la próxima vez.

​ —Lo intentaré, pero, ya sabes, no prometo nada —dice volviendo al tono guasón, es incorregible—. ¿Eso que he sentido es preocupación? Eres adorable, Ward.

​ —Adorable te vas a volver tú cuando te meta una hostia a mano abierta.

​ —Ya, ya… —se ríe—. ¿Te gusta Rebecca?

​ Aprieto las manos en el volante, eso sí que me acaba de pillar desprevenido.

​ —¿Qué? ¿Por qué dices eso? —contesto, y le pongo énfasis a la pregunta.

​ —Nunca sale de ti invitar a gente que no sea la de siempre a casa. —Me acaba de desarmar con hechos más que con palabras—. No eres tan arisco como Daxton, pero tampoco el rey de la fiesta, tienes que admitirlo.

​ Sigo manteniendo mi silencio con los ojos puestos en la carretera, ni siquiera suena una música de fondo, no voy a poder ignorarlo.

​ —Invito a chicas a casa, tampoco es una novedad —respondo.

Es cierto, lo hago, pero no a menudo. Prefiero quedar en otra parte, soy bastante receloso de mi espacio personal.

Y así también puedo evitar el posible drama de que no ofrezca una invitación a dormir.

Aunque las mujeres con las que quedo suelen querer lo mismo que yo, así que no suelo encontrarme con situaciones escabrosas.

​ —Sí, pero esto ha sido diferente. Las has invitado a todas, y para hacer un plan, tú nunca haces eso —replica—. A veces te encierras brevemente con alguna en tu habitación hasta que se marcha, y fin de la historia.

​ —Eso no es verdad, hago muchísimos planes con Lia —me defiendo, aunque sé que es con la única chica que paso tiempo—.

Además, lo dices como si fuese algo malo, yo no las pongo de patitas en la calle.

No soy un gilipollas, simplemente escojo a personas que saben lo que buscan, y yo no tengo tiempo, ya lo sabes.

​ —Lia no cuenta, es amiga —recalca con la cabeza ladeada, apoyada en la venta del copiloto—. No te alteres, no he dicho que lo que haces esté mal, solo reafirmo lo evidente.

​ —A lo mejor quiero ser amigo de Rebecca, me agrada.

​ Y más que eso.

​ —Pues nada, no sabía que estábamos jugando a la negación —manifiesta—. Está bien, a mí no me gusta la pizza —bromea, y al idiota le vibra el pecho por la risa.

​ —Cállate, hazme el favor.

Sigue riéndose, pero doy por zanjada la conversación.

Casi cuarenta minutos después llegamos a nuestro piso.

Me meto directamente en mi habitación con intención de no salir en muchas horas. Sentado en el escritorio con una taza de café bien cargada, que ya es la segunda del día, retomo mi trabajo sin descanso.

Cuando estoy satisfecho con el avance, me permito parar.

Estiro las piernas entumecidas y desbloqueo el móvil teniendo el impulso inmediato de abrir los contactos para asegurarme de que el suyo sigue ahí.

Abro el chat para ver su foto de perfil, es de ella en chándal abrazando a un chico con el que guarda gran parecido.

¿Será demasiado pronto para hablarle?

Pero ¿qué estoy diciendo…? ¡Claro que lo es, neandertal! ¡Si la has visto solo hace unas horas! Será mejor que ocupe mi tiempo y me quite esta idea de la cabeza.

Arrastro la silla hacia atrás, cojo el macuto de debajo de la cama y me pongo a sacar la ropa de entrenamiento. Hay clase dentro de una hora y sudar me vendrá bien para no pensar tonterías.

No he escuchado ni un solo ruido antes de salir por la puerta. Willow se habrá vuelto a dormir y Fuller no ha llegado todavía.

La ventaja de tener el gimnasio en mi barrio, tan cerca de casa, es no tener que coger el coche para ir, me gusta dar el paseo mientras escucho música. Ahora mismo por mis auriculares suena The Emptiness Machine de Linkin Park, necesito música potente antes de una sesión con Thiago.

​ Tendría que haber cogido algo más que una sudadera, ya debería saber que en Boston cuando el frío hace su primera aparición, se vuelve gélido demasiado pronto. Cuando me duche al acabar de entrenar, entre en calor y salga a la calle de nuevo, se me van a helar las pelotas.

​ Justo en la puerta del gimnasio, antes de entrar, me vibra el móvil en el bolsillo. Deslizo la pantalla y le echo una ojeada rápida, tengo mensajes de mi padre.

Papá : ¿Has visto el documental

que se estrenó el jueves?

Yo : Hola a ti también, señor Ward.

Papá : El señor Ward es tu abuelo,

yo soy Matthew y para ti, papá.

Yo : Lo que usted diga, ja, ja, ja.

Tenía pensado ponérmelo esta noche,

las críticas están siendo tremendas.

Papá : De lo mejor que he visto este año,

Rick Banner se ha superado a sí mismo.

Yo : Todo lo que hace es oro, ojalá

me cogiera para las prácticas.

Papá : Sigue así y será posible. Ya sabes,

esfuerzo y sacrificio.

Yo : Lo sé, lo sé, eso hago.

Te dejo, que voy a entrenar.

Papá : Nos vemos la semana que viene,

con suerte tu madre también me acompañará.

Yo : Estupendo, te contaré qué me

ha parecido el reportaje.

Mi padre, el profesor de Historia, Matthew Ward, es un gran aficionado a los documentales bélicos.

Tengo cientos de recuerdos sentado junto a él en el sofá mientras veíamos uno tras otro.

Conforme yo crecía más se ampliaba el catálogo, y mi parte favorita siempre eran los comentarios que hacía durante toda la visualización.

Lo que él no sabía por entonces es que llegaría el día en que mi fanatismo superase el suyo, tanto que querría dedicarme a ello para ganarme la vida.

Dios, me fascinaban.

Decidí que quería disfrutar estudiando una carrera dedicada al cine y estudios visuales con especialidad en dirección. Para más tarde, si seguía interesándome a nivel profesional, hacer un máster con mención en periodismo, precisamente el que estoy cursando actualmente.

Harvard nunca fue una simple opción, era mi objetivo definitivo, pasé horas ojeando su programa de estudios. Fui disciplinado y constante, aunque eso me dejara muy poco tiempo para la vida social en el instituto.

Yo no quería ser un mero espectador, deseaba vivirlo.

Este año, por fin entramos en el programa de prácticas y mi universidad ofrece muy buenas oportunidades, pero a la que yo quiero optar está fuera del marco propuesto por la dirección.

Me encantaría hacerlas con Rick Banner, un reportero experimentado que ha participado en innumerables docuseries.

Trabajar codo con codo con él sería increíble.

Para que esto ocurra tengo que buscarme la vida, he investigado y todos los años acoge a algunos estudiantes que superan una entrevista. Si ocurriese, la universidad me permite hacer estas prácticas de modo externo al programa mediante un acuerdo académico.

Esta noche pienso disfrutar de Sin Fronteras con una cerveza bien fría en la mano. A lo mejor, si no tienen plan, hasta se unen mis compañeros.

Guardo el móvil de nuevo en el bolsillo y entro decidido a desfogar, he visto en la aplicación que hoy tocaba sesión de trabajo con sacos de boxeo y lucha en el suelo.

Al final, ha sido un buen día.