Giro de Guion (Charles River 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

Axel

T engo que admitirlo, estoy sorprendido. Mi mañana se ha torcido para mal, pero la situación ha dado un giro de ciento ochenta grados y estoy encantado con ello. He olvidado el proyecto e incluso mi cabreo monumental con Willow, después de todo, estamos aquí por él.

​ Ahora el dilema es otro.

​ Se me ha concedido una segunda oportunidad, y yo nunca las desaprovecho. Tengo que ingeniármelas para sacarle partido a esta casualidad y conseguir obtener algo. No me queda claro qué me está pasando, pero el instinto primitivo que llevo dentro me pide no dejarla escapar una segunda vez.

A lo mejor estoy delirando y no es nada. Puede que finalmente quedemos, charlemos un rato más y me dé cuenta de que verdaderamente no me llama tanto la atención. Aunque algo me dice que fuerce la situación.

Cuando la he visto ahí parada, agarrando la puerta, he perdido el norte durante un segundo.

En ninguna de las posibilidades formadas en mi cabeza, estaba incluida ella.

Y menos así, con aspecto de recién levantada, el pelo alborotado y descalza.

Sus mejillas se tornaron rosáceas, y la combinación me ha parecido tremendamente adorable.

Hay que destacar un detalle, insignificante, sin importancia.

Solo lleva una camiseta, sí, una única prenda para cubrirla. En cuanto mis ojos han rodado por su cuerpo y me he dado cuenta de esa particularidad, a mi mente le ha dado una minidescarga que ha terminado de espabilarme de golpe.

No es una chica alta, me llega por encima del pecho, pero me gustan sus piernas, tiene pinta de tener una piel suave…

Genial, ahora tengo unas cuantas cosas más en las que pensar y no soy famoso precisamente por ser paciente. Cuando tengo fijación por algo, puedo llegar a rozar la obsesión. Soy una persona ambiciosa, me lo propongo y lo cumplo, no existe otro camino para mí.

No digo que sea sano, solo comento cómo soy. Sé que tengo que pulir ciertas cosas de cara al futuro, tengo experiencia tratando mal mi frustración.

Puede que tenga novio.

Mierda, no pido mucho, pero ojalá no esté el cretino de la otra noche durmiendo en su habitación. Me quedó muy claro lo que quería con observarlo solo un instante.

Desde luego, a mi media académica no le viene bien esto justo ahora. Me gusta estar cien por cien centrado, no me involucro en relaciones amorosas, no tengo tiempo ni quiero tenerlo. Mis ratos libres son para desestresarme, se lo concedo al deporte y a mis amigos.

Y al sexo, sí, también le invierto tiempo a eso, aunque parezca mentira con la agenda que gasto.

Pero a diferencia de otros, como Willow, no aireo mis escarceos, soy discreto y me gustan las cosas claras; el tipo de chicas con las que me involucro buscan lo mismo o lo entienden.

Como todo lo que hago, me gusta hacerlo bien, ser respetuoso y darles justo lo que necesitan, yo lo llamo la transacción perfecta.

Cuanto antes consiga pasar más tiempo con Rebecca, antes podré librarme de esta rara incertidumbre que pasea a su antojo por mi estómago.

Necesito pensar rápido y tiene que ser ya.

—Deberíamos ir yéndonos —digo cortando la tensión del momento, mirando a Willow—. Pero me gustaría invitaros a casa algún día por las molestias.

No se me ha ocurrido nada mejor…

—Oye, qué gran idea —replica mi amigo.

Por fin se ha dignado a vestirse y sin saberlo está apoyando mi plan.

—Eso sería genial —interviene Peyton, con voz altiva y diría que maliciosa—. ¿A que sí, chicas?

Amber está convencida asintiendo de forma sincera, pero no sé si decir lo mismo de Rebecca, parece un pez fuera del agua.

Voy directo a por ella, necesita un incentivo.

—¿Qué me dices, Becca? —recuerdo que no le disgustó que la llamara así—. Podemos retomar la conversación que tenemos pendiente, pero con una pizza .

Espero que acceda, he gastado mi cartucho de una sola vez. Si me rechaza es que no le intereso en absoluto, aunque también podría aceptar por presión del grupo.

En mi mente oigo un tictac constante. Necesito escuchar un sí.

—Me gusta el plan. —Sus preciosos ojos del color del desierto brillan cuando responde.

—Rebecca, dale tu número para que puedan avisarnos, ya sabes que yo soy un desastre con el móvil y nunca me entero de nada.

Amber acaba de escalar puestos en mi ranking de personas favoritas de este mes. Vaya manera de facilitarme la vida.

—No pasa nada, yo puedo llamarte. Creo que anoche guardé tu número. —Ese es Willow, que es imbécil y merece ir al juzgado de guardia por esto.

Ahora mismo tengo ganas de estrangularlo.

—Hazme caso, soy muy capaz de olvidarlo en clase o incluso meterlo en el congelador —le asegura con una carcajada.

Gracias a Dios por este ángel con forma humana y melena rubia.

—Ningún problema, déjame tu móvil y apunto el mío —dice Rebecca extendiendo su mano. Lo saco del bolsillo de forma despreocupada y se lo cedo.

Cuando me lo devuelve, me fijo en que ha escrito su nombre completo.

De eso nada.

Tecleo en la pantalla y se la pongo delante de la cara para mostrárselo.

Becca.

—Así mejor, ¿no crees? —El gesto le saca una sonrisa espontánea. Esas son las mejores. Me siento orgulloso, quiero ver más de esas.

—Supongo que con ese nombre no podrás equivocarte —responde con picardía. Me gusta.

—Créeme, no me confundiría ni aunque lo intentase —le aseguro.

Se me ha escapado, se supone que solo había respondido en mi mente, pero, no, he tenido que decirlo en voz alta. Como consecuencia, ella ha abierto un poco más de la cuenta los ojos, no se lo esperaba.

Pero si hay algo aún mejor, son las caras de sus compañeras. La tal Peyton tiene pinta de estar a punto de soltar algo que seguro prefiero evitar, mientras que Willow ha resoplado.

Es hora de salir de aquí, a veces menos es más.

—Ya estoy listo para irnos. —Mi amigo se pone su sudadera después de calzarse los zapatos—. ¿No me dejo nada por ahí tirado? —le pregunta a Amber, que sigue de pie al lado de sus dos compañeras.

—Nada más —afirma ella con el pecho vibrándole por la risa—. Fue una gran noche, sin duda necesitamos más así.

—Cuenta conmigo cuando quieras, y muchas gracias de nuevo por ocuparte de mí, te debo una.

Nos dirigimos a la puerta de entrada que está al lado del salón y salimos al rellano.

—Avisad cuando queráis invitarnos a esas pizzas —señala Peyton agarrándose al marco—. Ha sido un placer este pequeño encuentro, le habéis dado salseo a mi sábado.

—Dalo por hecho —confirmo—. Nos vemos pronto.

Bajamos las escaleras, aunque nos lleva un rato porque tengo que ir ayudando a Willow y que se apoye en mí. No parece que tenga nada grave, pero sí es cierto que le cuesta apoyar el pie por completo.

Qué desastre de tío.

Dejo escapar un suspiro cuando por fin estoy de nuevo dentro de mi coche, poniendo el GPS dirección a casa.